Eduardo Nájera sobre el básquetbol en México, defender a Shaq, el juego duro y más

Eduardo Nájera jugó sus primeras cuatro temporadas en la NBA con los Mavericks, uno de los equipos que estará en México esta semana AP Photo

Eduardo Nájera es, con mucho, el jugador de la NBA más importante que México jamás haya producido.

Durante su carrera, participó en 619 juegos de temporada regular, casi el triple del total combinado de Gustavo Ayón, Jorge Gutierrez y Horacio Llamas, los únicos otros tres jugadores nacidos en México en la historia de la NBA.

Sin embargo, Nájera creció deseando seguir los pasos de su padre como jugador de béisbol en la ciudad norteña de Chihuahua. Pero, fue su desempeño basquetbolístico como estudiante de intercambio en Cornerstone Christian Academy en San Antonio que allanó el camino para una beca en la Universidad de Oklahoma, donde se convirtió en una estrella del básquetbol estadounidense bajo la dirección del entrenador Kelvin Sampson.

Nájera se convirtió en el primer (y único hasta ahora) jugador de origen mexicano en ser seleccionado en el draft de la NBA cuando los Houston Rockets lo identificaron en la segunda ronda del 2000. Después de que un acuerdo realizado en la noche del draft enviara a Nájera a los Dallas Mavericks, pasó a gozar de una carrera de doce temporadas con los Mavs, Golden State Warriors, Denver Nuggets, New Jersey Nets y Charlotte Bobcats.

Desde que su carrera como jugador terminó en el 2012, Nájera se convirtió en copropietario de los Texas Legends de la D-League de la NBA, un equipo que también dirigió durante tres temporadas. Actualmente vive en Dallas y trabaja como explorador para los Mavericks.

Considerando que esta semana se jugarán dos partidos de la NBA en la Ciudad de México (Suns vs. Mavericks, jueves a las 10:00 p. m. ET; Suns vs. Spurs, sábado a las 6:00 p. m. ET), nos reunimos con Nájera para charlar sobre su trayectoria y la situación del básquetbol en México.

¿Qué te atrajo del básquetbol y qué edad tenías cuando comenzaste a jugar?

Tenía 14 y quería probarme para el equipo de béisbol en mi primer año de preparatoria. Ni siquiera me permitieron hacer la prueba. En ese entonces ya medía 2.03 m, mi misma estatura de ahora. Hacía lanzamientos de 128 kph, pero el entrenador me dijo que era demasiado alto para jugar béisbol y me sugirió que probara el básquetbol.

Jugué básquetbol en la primaria por diversión, pero el béisbol era el deporte que deseaba continuar, hasta que este entrenador mató de cierta manera mi sueño. Pero también creó uno nuevo en el básquetbol. Fui a probarme para el equipo de la preparatoria. Me vieron y ni siquiera tuve que hacer la prueba porque era tan alto. Automáticamente fui elegido para el equipo, y me enamoré del deporte de inmediato.

¿En qué momento supiste que tenías un verdadero futuro en este deporte?

Mis aspiraciones tenían que ver con el aspecto educativo, hasta que mi entrenador de la preparatoria comenzó a decirme una serie de locuras. Él estaba convencido de que algún día sería jugador de la NBA. Él estaba desempeñando su papel de entrenador y me estaba motivando. Al mismo tiempo pensaba, "¿Estás loco? La NBA es como ir a la luna. ¿Cómo va a suceder eso?"

Después tuve un año realmente bueno como estudiante de intercambio en San Antonio y comencé a captar la atención de entrenadores de todo el país. Kelvin Sampson me prometió que me cuidaría, porque no hablaba el idioma. Sabía que yo necesitaba algo de atención extra y ayuda afuera de la cancha, y él me prometió justo eso. No me prometió enseñarme cómo llegar a la NBA. Me prometió únicamente que me cuidaría fuera de la cancha, que se cercioraría de que fuera a clases y se aseguraría de que aprendiera el idioma y me convirtiera en un mejor estudiante.

En mi segundo año, hubo una jugada en particular donde encesté un tiro contra Colorado, con el que ganamos el juego, y mi actitud y comportamiento cambiaron completamente. A partir de ahí, mi confianza creció y creció y creció. Recuerdo ese preciso momento. Algo hizo clic, y me convencí de que jugaría en la NBA. Después de eso, nunca dudé de mí mismo.

¿Cómo ves el futuro del básquetbol en México?

Escuché esta cita el otro día: "Cuando tocas fondo, solo te queda subir". [La selección mexicana] tocó fondo hace algunos años. Fue una época realmente dura cuando yo jugaba, porque había mucha gente corrupta involucrada en el deporte. Su principal objetivo era sacar provecho, no crear ni apoyar a los atletas o encontrar formas de mejorar nuestro básquetbol.

Parece que en los últimos años ha llegado gente nueva y estas personas son conscientes de los problemas y de la política y de cuán corrupto fue durante mucho tiempo. Así que está cambiando. Veo un gran futuro. Veo a muchos jugadores de mi país jugando a nivel universitario y en la NBA. Es solo cuestión de encontrarlos y de proporcionarles una plataforma para que se desarrollen. Es factible. Supone mucho trabajo, pero es posible.

Asimismo, debemos crear un mejor sistema para proporcionarles esto a hombres y mujeres. No solo quiero descubrir al siguiente jugador mexicano o estadounidenses de origen mexicano que juegue en la NBA, también quiero descubrir a la primera mujer [de este origen] que juegue en la WNBA. Considero que tenemos mucho talento. El futuro es brillante.

Jugaste con cinco equipos en doce temporadas de la NBA. ¿Quién fue tu compañero de equipo favorito?

Hay tantos. No quiero herir sentimientos, pero Steve Nash fue sin duda el mejor compañero que tuve. Tiene una energía positiva que es muy contagiosa. Cuando estás con él en la cancha, simplemente sabes que todo va a resultar bien. Sabes que te va a colocar en la posición correcta para obtener el éxito. Fuera de la cancha, es una persona muy divertida. Es simplemente auténtico, un gran ser humano.

Dirk [Nowitzki] es muy similar. Una de las diferencias es que Dirk era un poco tacaño. Nunca quería pagar las cuentas. Se hacía el desentendido cuando llegaba la cuenta. Desde luego, eso era cuando éramos jóvenes. Ahora me dicen que invita a todo el mundo a cenar. ¡Ese no es el Dirk que yo recuerdo! Es grandioso, muy alegre. Un poco más reservado que Stevie.

Mike Finley era un gran tipo para pasar el tiempo. Muy callado, pero también excepcional dentro y fuera de la cancha. De cierta manera me recordaba a David Robinson, en lo que a liderazgo y actitud se refiere. Otro de mis compañeros favoritos era Andre Miller. Allen Iverson era extraordinario. Nick Van Exel también era un excelente compañero de equipo.

¿Quién es el jugador de la NBA más duro que alguna vez tuviste que defender?

¡Todos! Cuando Don Nelson era nuestro entrenador, él quería crear desajustes defensivos. Me lanzaba para defender a un montón de gente. Tuve que defender a Yao Ming y Shaquille [O'Neal], hasta Kobe [Bryant]. Era duro.

Pero tengo que decir que Shaq fue el más duro, porque era realmente fuerte. Cuando lo empujaba, era como empujar una pared. Te daré un buen ejemplo. Jugué 19 minutos contra Shaq, y tardé una semana en recuperar la energía que gasté para detenerlo en el bloqueo -y obviamente me metí en problemas de faltas de inmediato-. Me enfermé al siguiente día por mi bajo nivel de energía.

Con Kobe, era similar en lo que a habilidad de refiere. Con Kobe, siempre tenía miedo de hacerlo enojar, lo cual me sucedió una vez cuando jugaba con los Nuggets. [El entrenador] George [Karl] me pidió que lo defendiera e hice un gran bloqueo al principio del partido, pero eso simplemente lo hizo enojar. Terminó anotando cuarenta puntos y nos ganaron.

Los más fáciles eran tipos como Kevin Garnett. Lo podía provocar. Solía enojarse conmigo. Así es como lo defendía, y me daba excelentes resultados. Su temperamento era muy distinto al de los demás. Era apasionado, igual que yo. Solía distraerse cuando lo molestaba, no con mala intención, simplemente jugando duro a la defensiva.

Otro fácil de defender era Yao Ming. Recuerdo la primera vez que Nellie me dijo, "Te toca". Pensé, "¡¿Qué?! ¿Estás bromeando?" "Sí, te toca. Haz lo que mejor sabes hacer. Provócalo". Dije, "Está bien, lo intentaré". Terminé con un buen juego contra Yao. Hice que Yao realmente se frustrara. Lo más importante es que ganamos el juego.

¿Alguna vez te nombraron uno de los jugadores más sucios de la NBA en una encuesta realizada a un grupo de jugadores. ¿Lo consideras un insulto o un cumplido?

Si jugar sucio significa jugar duro y no tener miedo de salir herido o sacrificar el físico, es un cumplido. Sin embargo, nunca hice nada sucio, más que jugar duro o cometer faltas fuertes, lo que es común en la NBA.

La última vez que jugué con los Mavericks en los playoffs [en la temporada 2009-10], recuerdo una jugada en especial contra Manu Ginóbili. Y él sí es sucio. Avanzó para hacer una bandeja, y él sabía que yo le iba a cometer una falta. Yo estaba impidiendo la canasta. Cuando lo hice, fingió la falta -algo que hace con frecuencia- y lo hizo con el puño. Cuando lo hizo, me golpeó justo arriba del ojo derecho con el puño, y eso me irritó mucho. Me llevé la peor parte. Me expulsaron del juego.

Entrenaste a los Texas Legends de la D-League durante tres temporadas. ¿Qué aprendiste de esa experiencia?

Que ser entrenador es mucho más difícil que jugar. Requiere mucho tiempo. El juego nunca termina. Como jugador, ganes o pierdas, te vas a casa, disfrutas de una buena cena y te vas a dormir. Las imágenes del partido se repiten en tu cabeza y piensas en tus errores. Pero como entrenador, tienes que pensar, tres, cuatro, cinco juegos por adelantado. Piensas en los objetivos y en la visión completa y, al mismo tiempo, tienes que identificar lo errores, hacer correcciones para mejorar y analizar el siguiente rival. Es mucho trabajo. Eso fue lo que aprendí.

Me encantó. Me apasionó. Estaba jugando los partidos desde afuera. No me sorprendería si pronto regreso a las canchas, porque las echo de menos.