Barea y su reencuentro con un fiel seguidor mexicano

ESPN Digital

MÉXICO -- Cada día la 'lucha' por ganar espectadores apasionados a un deporte es más complicado por la diversidad de disciplinas que existen, pero hay una receta infalible para que se enamoren de uno en particular: la cercanía de los jugadores con los aficionados.

Alejandro Campos es uno de tantos jóvenes mexicanos que siguen ávidamente la temporada de la NBA y también los torneos de FIBA, pero uno cambió la manera en que percibe el deporte ráfaga y la realidad es que su historia es de aquellas que muchos quisieran experimentar.

En 2015, aplicó como voluntario para el certamen que se realizó en la Ciudad de México. Sabía que la ganancia no sería económica, pero el estar cerca de los jugadores o al menos ver los compromisos era suficiente para él.

"Yo lo que realmente quería era ayudar a limpiar la duela, pero los organizadores me asignaron al equipo de Puerto Rico porque sabía hablar inglés", comentó Alejandro.

Ese hecho fue el que le permitió tener contacto directo con los integrantes de la Isla del Encanto como el coach Rick Pitino, Renaldo Balkman, Guillermo y Jorge Díaz, Ramón Clemente, pero hay uno con el que particularmente se identificó: José Juan Barea.

"Desde que fui al aeropuerto por ellos se portó increíble conmigo. En el camión que los transportaba se acabaron los lugares y me dijo que me sentara a su lado, donde estaba su familia", recordó el joven de 19 años y que también practica el deporte, al igual que su hermano menor.

"A lo largo del torneo siempre estuve con ellos. Me tocó ver cuando salían molestos en las derrotas y cosas que ni a la prensa pudo ver.

"En una ocasión, al terminar un partido, Balkman le dijo al utilero del equipo que le prestara un tenis que sólo él y Barea firmarían, a los pocos minutos se acercó y me dijo que era un presente de ellos dos", agregó y hoy este artículo de ha convertido en una de sus joyas más preciadas.

Hoy, más de un año después, Alejandro y JJ Barea se reencontraron en una firma de autógrafos en la Ciudad de México. Alejandro no dejó pasar la oportunidad de vestir las playeras, camisetas y el banderín que el equipo puertorriqueño le regaló durante su estancia en tierras aztecas, pero su prioridad era que su hermano menor, Daniel, entendiera aún más el cariño especial que tiene por este deporte en particular.