La misión de Stephen Curry y Kevin Durant: una dinastía de Warriors

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OAKLAND — Stephen Curry acomodó el cigarro con que festejaba en su calcetín derecho mientras cumplía con un sinfín de entrevistas.

Aún andaba con su uniforme empapado de sudor, cargando los protectores de los tobillos y rodillas, y las zapatillas. Pero había que celebrar.

Los Warriors tendrán todo el verano para seguir de fiesta y, si es como se lo proponen, por muchos años más.

Curry, Kevin Durant y sus compañeros tienen entre ceja y ceja erigir una dinastía en la NBA —y todo indica que parecen bien encaminados en ese propósito—.

El mismo LeBron James lo ve factible.

Dos campeones en tres años para Golden State. Y el primero conseguido con Durant.

"Estamos apenas comenzando”, declaró Curry tras rematar a Cleveland en el quinto partido de la serie final el lunes. “Esto es algo que queremos continuar haciéndolo. Valió la pena cada tiro que tomamos en las prácticas, perseverando con las lesiones que (él) sufrió este año. Es una sensación indescriptible”:

El segundo título es uno se siente drásticamente distinto para Curry. Este fue uno gestado tras la amargura de la debacle del año pasado contra James y los Cavaliers, cuando los Warriors sabían que debieron salir campeones pero dejaron escapar una ventaja 3-1.

En medio de la algarabía de sus fanáticos en la Oracle Arena, Curry observó a Durant —consagrado como el Jugador Más Valioso de la serie final—obteniendo su primer anillo de campeón en su décima temporada en la liga.

El entrenador Steve Kerr lloró. El gerente general Bob Myers tampoco pudo evitar las lágrimas, al resaltar el que Kerr pudo volver al banquillo para la final tras perderse 11 partidos debido a complicaciones de una cirugía en la espalda a la que se sometió tras la conquista del título en 2015.

Pero Kerr pudo soltar una broma en la tarima: “Tuvimos algo de talento, pero el crédito fue por el trabajo táctico”.

Posteriormente, se expresó con más seriedad: “Todos quedamos destrozados el año pasado, pero nos tocaba el turno este año”.

Myers deslizó que el acoplamiento de alguien con la aureola de Durant solo pudo haberse dado con estos Warriors.

“Todo el equipo le recibió con los brazos equipos. Otros equipos no recibirían a alguien en una situación como la nuestra. Parece que fue fácil, pero jugadores como Steph Curry fueron entusiastas con él y le permitieron que brillara —funcionó como debía", destacó Myers.

Ahora, los Warriors afrontan el frenesí del mercado de agentes libres, buscando retener al mayor número de figuras y suplentes posibles para otra marcha por el título en 2018.

El dueño Joe Lacob deberá abrir la chequera para darle a Curry el que sería un contrato de 200 millones de dólares. Lo que sea eclipsará los 12 millones que el base se ganó en una postemporada en la que los Warriors tuvieron marca de 16-1.

Poniendo el dinero y los egos a un costado, la armonía en los Warriors fue la ideal desde el primer día que Durant se presentó.

Al comienzo, Curry decidió ceder su protagonismo, con el fin que Durant estuviera a su gusto. Pero Curry terminó cargando al equipo cuando Durant causó baja por una lesión en la rodilla durante el tramo final de la temporada regular.

"Steph quiso estar en un segundo plano en el arranque de la temporada hasta que se dio cuenta que no necesitábamos que estuviera en segundo plano, que necesitábamos que fuera todo lo agresivo posible”, comentó el alero Draymond Green. “Y cuando Steph lo asumió, creo que tras el día de Navidad, ahí fue cuando pasamos a ser casi que invencibles”.