La clasificación de los candidatos al Salón de la Fama en la Era del Juego de Hoy

Cuando la industria del béisbol llegue a Las Vegas este fin de semana para celebrar las reuniones invernales de gerentes de equipos, entre los primeros que llegarán a Nevada se encontrará el contingente de 16 personas que constituye el “electorado designado del Salón de la Fama”, responsable de evaluar las candidaturas de los 10 nombres presentes en la boleta de la llamada “Era del Juego de Hoy” para su posible exaltación a Cooperstown.

Antes de siquiera iniciar las deliberaciones, hay predisposición a pensar que el veredicto del electorado será decepcionante. Esto se debe a que la boleta a recibir para su evaluación estará incompleta. Estos son los nombres en consideración:

  • Harold Baines, jugador 


  • Albert Belle, jugador


  • Joe Carter, jugador 


  • Will Clark, jugador


  • Orel Hershiser, jugador


  • Lee Smith, jugador


  • Davey Johnson, jugador y mánager

  • 
Charlie Manuel, mánager

  • 
Lou Piniella, jugador y mánager


  • George Steinbrenner, dueño de equipo

He aquí un nombre que no se encontrará en la terna en deliberación: Mark McGwire, jugador.

La última ocasión en la cual el Salón de la Fama examinó esta era fue en 2016. Los 10 nombres que terminaron formando parte de dicha boleta fueron: Baines, Belle, Clark, Hershiser, Johnson, McGwire, Piniella, John Schuerholz, Bud Selig y Steinbrenner.

Selig y Schuerholz llegaron a Cooperstown y los otros no. Los nuevos nombres en la boleta son Smith, Carter y Manuel. McGwire es el único que salió de la lista sin ser elegido. En caso de que se lo estén preguntando, los periodistas deportivos veteranos que prepararon la boleta en esta ocasión fueron exactamente los mismos encargados de hacerlo en la oportunidad anterior. No voy a acusarlos, porque siento profundo respeto por ello, pero eso no está bien.

Seré honesto con ustedes: estoy sumamente harto de la moralidad santurrona que rodea todo el tema de las sustancias prohibidas y aún más harto de todos los supuestos que siguen rondando con respecto al tema en general. Es un tema demasiado profundo para concluirlo con solo un párrafo, por ello lo dejaré hasta allí. Quizás algún día, escriba un libro al respecto.

En cualquier caso, tratar de pretender que Mark McGwire nunca existió no es el camino. Es claro que se necesitan nuevas ideas dentro de estos comités.

Habiendo dicho esto, vamos a clasificar a los candidatos, desde el más merecido hasta el que menos méritos sostiene. (Realmente no quiero denominar a algunos de estos individuos como poseedores de “menores méritos”, aunque creo que esa es la naturaleza de cualquier tipo de ranking).

N/A Mark McGwire: No hay mucho qué pensar. Existen dos caminos para merecer un puesto en el Salón de la Fama, y cualquiera de ellos puede hacer que un pelotero termine en Cooperstown. Uno es el dominio a corto plazo, tal como lo define el mejor periodo de 10 años de la carrera de un pelotero. Elijo 10 años como la duración mínima de una carrera para ser elegible al Salón de la Fama, tal como lo define los encargados de supervisar la entrada a Cooperstown. McGwire puede ingresar mediante ambos caminos.

En su década de dominio, McGwire creó 532 carreras por encima del promedio de liga entre 1991 y 2000, según la Complete Baseball Encyclopedia. Entre los peloteros del denominado periodo del “Juego de Hoy” (desde 1988), solo Barry Bonds (con un asombroso índice de carreras creadas por encima del promedio, abreviado RCAA por sus siglas en inglés, de 1,035 en su mejor periodo), Manny Ramírez (597) y Edgar Martínez (537) disfrutaron de una década más productiva al plato.

En lo que respecta a cifras de por vida, McGwire se ubica en el puesto 75 en WAR ofensivo en su carrera, según baseball-reference.com. Además, tiene el puesto 81 en porcentaje de embasado, séptimo en slugging, décimo en OPS, 13 en OPS+ y 74 en carreras empujadas. Lo más importante: sus 583 jonrones de por vida lo colocan en el undécimo lugar en la historia del béisbol.

Aparentemente, nada de ello es suficiente para que McGwire pueda permanecer en la boleta de votación del “Juego de Hoy”.

1. Davey Johnson: Johnson fue invitado al Juego de Estrellas en cuatro ocasiones y ganador del Guante de Oro en tres oportunidades como segunda base en Grandes Ligas; por ende, su carrera como pelotero no es motivo de chiste. Sin embargo, con un WAR de por vida de 27.6, no era digno de entrar al Salón de la Fama y quedó fuera de la boleta de votación luego de su primer año de elegibilidad, en el cual acumuló tres votos.

Johnson ganó 1.372 partidos como estratega, lo cual lo ubicó en el puesto 31 de todos los tiempos. Veintiun managers entre los ubicados por encima de él en esta categoría ya son miembros del Salón de la Fama, mientras que otros cuatro seguían activo después de la temporada 2018. Los otros son Gene Mauch, Ralph Houk y los recientemente retirados Dusty Baker, Piniella y Jim Leyland. El porcentaje de triunfos de .562 de Johnson es mejor que el de cualquiera de estos managers que no fueron exaltados al Salón de la Fama y ostentan mejor cifra de partidos ganados.

Baseball-reference.com cuenta con un rating de managers denominado AvRk, que representa el resultado promedio dentro de una división o liga, sopesado por partidos disputados como manager. Entre los estrategas con al menos 10 temporadas en su haber, solo uno se ubica por encima de Johnson: Charlie Manuel. Los equipos manejados por Johnson clasificaron en seis ocasiones a la postemporada y fue famoso por llevar a los Mets de 1986 a alcanzar la corona en la Serie Mundial. Y si bien ese equipo desbordaba talento, mantener a esa colección de personalidades tan peculiares enrumbados por el sendero correcto no fue una pequeña hazaña.

Johnson es un manager digno del Salón de la Fama, en lo que a mí concierne.

2. George Steinbrenner: Es cierto que Steinbrenner fue tan famoso como cualquier dueño de equipo que hayamos visto en el mundo de los deportes. Sus métodos (gasto dispendioso, toma de decisiones impetuosa) fueron material excelso para los periodistas deportivos durante décadas. Lo importante aquí es recordar que, cuando la cadena CBS vendió los Yankees a “El Jefe” Steinbrenner en 1973, la franquicia más reconocida del béisbol mayor estaba en ruinas. Ahora, es una de las más valiosas de todo el mundo deportivo.

Desde el momento en el cual Steinbrenner adquirió a los Yankees hasta 2009, la última temporada completa bajo su mando antes de morir, Nueva York ganó 115 partidos más que cualquier otro club en el béisbol. Los “Bombarderos del Bronx” casi duplicaron el número de victorias en postemporada de cualquier otro equipo, imponiéndose en 114 compromisos de playoffs, comparados con los 63 de los Bravos, dueños del segundo puesto.

Es obvio que Steinbrenner tuvo problemas por su explosivo carácter y formas de hacer negocios. Recibió una suspensión de por vida que le prohibía supervisar las actividades diarias de los Yankees a principios de la década de los 90, la cual fue revocada por el comisionado Fay Vincent poco más de dos años después. Esto se produjo al inicio de un periodo en el cual Nueva York finalmente pudo sacudirse su estupor de principios de esa década, desarrolló un grupo de talentos en su propia granja encabezado por Derek Jeter y comenzó una racha de temporadas con saldo positivo iniciada en 1993 y que prosigue al día de hoy. Igualmente, fue suspendido durante los años 70 por ciertos manejos de negocios ligados al expresidente Richard Nixon.

Entonces, ¿le damos mérito a Steinbrenner o no, por ser un propietario tan involucrado en el manejo de su equipo? Es una pregunta dificil de responder, aunque ciertamente estuvo mucho más envuelto en las operaciones de los Yankees que lo visto hoy en día con la mayoría de los consorcios de propietarios y mucho menos que lo usual en los primeros días del béisbol. Un propietario sumamente involucrado es a menudo un elemento en común entre las franquicias que confrontan dificultades permanentemente; pero es cierto que muy raramente los Yankees tuvieron dificultades durante el mandato de Steinbrenner.

Muchos dueños de equipos exaltados al Salón de la Fama también aportaron a la industria del béisbol de otra forma significativa. Charles Comiskey fue pelotero y manager, al igual que Connie Mack. Larry MacPhail fue un ejecutivo exitoso. Bud Selig fue uno de los comisionados que sirvió por mayor tiempo en dicho cargo. Otros propietarios, como William Hulbert y Barney Dreyfuss, fueron pioneros en los primeros tiempos del béisbol. Ninguno de los casos anteriores son particularmente comparables a los de Steinbrenner.

¿Quién podría formar parte del grupo de propietarios a un nivel similar al de “El Jefe”, de ser exaltado? Mi mejor estimado es que nadie podría hacerlo. Existe un pequeño grupo de personajes que fueron únicamente dueños de equipo: Walter O’Malley, Jacob Ruppert, Tom Yawkey y Bill Veeck. Son todos figuras históricas, pero igualmente carecen elementos que los hagan similares a Steinbrenner. Eso tiene mucho que ver con las eras en las cuales éstos se desempeñaron como propietarios: ser dueño de equipo en la era de la televisión/agencia libre/internet/redes sociales es algo totalmente diferente.

Realmente, tenemos que aceptar que no existe un buen estándar a considerar aquí. La pregunta que ronda mi mente es esta: Si vamos a exaltar a dueños de equipos de la era post-expansión al Salón de la Fama, ¿es Steinbrenner el más meritorio entre los propietarios de su tiempo? Si va a ser el primero de ellos, debe contar con esa distinción, más allá de toda duda.

Creo que sí la tiene.

3. Lou Piniella: al igual que Johnson, Piniella tuvo una buena carrera como pelotero, siendo merecedor del Novato del Año con los Reales en 1969, manteniéndose como pelotero activo hasta cumplir 40 años. Se fajó con los Yankees durante los últimos 11 años de su carrera en diversas posiciones en los jardines y bateó por encima de .300 en cinco ocasiones, aportando a la causa de los Yankees para alzarse con cinco títulos de Serie Mundial. Igualmente, terminó con WAR de por vida de 12.5, con tope de 3.7 y al igual que Johnson, quedó fuera de la boleta de votación en su primer año, consiguiendo dos votos en 1990.

Por supuesto que en aquel entonces Piniella ya estaba sumando triunfos como mánager y sólo 15 estrategas han superado su cifra de 1.835 victorias. Se encuentra a un margen no mayor a 100 triunfos de por vida de otros tres managers miembros del Salón de la Fama: Mauch, Baker y Leyland. Baker es líder de ese cuarteto en porcentaje de triunfos (Piniella sumó un modesto .517) e igualmente en apariciones de postemporada con nueve (Piniella tuvo ocho). Leyland es el único miembro de este grupo en ganar un título y sumó mayor cantidad de banderines, con tres. Piniella y Baker tienen un banderín cada uno mientras que Mauch se hizo famoso por no alcanzar ninguno.

Entonces, ¿cómo se separan estos managers? Es algo complicado. El porcentaje de triunfos de Piniella está distorsionado por sus tres campañas de pelota con récord de .412 con los entonces denominados Tampa Bay Devil Rays pero, una vez más hay que decirlo, eso forma parte de su récord. Sin embargo, los Rays fueron el único de los cinco clubes manejados por Piniella que no llegó a la postemporada ni ganó 90 encuentros durante su mandato. Usualmente, causaba un impacto rápido y positivo tras asumir el puesto de manager. Además, llevó a los Marineros de Seattle a alcanzar 116 triunfos, para así empatar el récord de la categoría, en 2001.

A mi criterio, Piniella representa un caso menos certero que el de Johnson; aunque a pesar de ello, lo exaltaría a Cooperstown. Ciertamente, su presencia fue digna del Salón de la Fama y cuando estaba motivado, sus conferencias de prensa fueron siempre memorables.

Ese es el umbral que distingue a los que, a mi criterio, deben ingresar al Salón de Fama de los que no. Sin embargo, clasificaré a todos los presentes en la boleta de votación.

4. Albert Belle: la carrera de Belle fue corta, según los estándares Hall, y terminó a los 34 años por una lesión en la cadera. En términos de rendimiento, el enfoque tendría que estar directamente en al menos una década de dominio. Antes de llegar a eso, estipularé que Bell se quedó corto en escala intimidad. Él gritó y maldijo a los reporteros -un impulso que puedo entender- pero también fue suspendido por corcho en su bat y pasó tiempo arrestado tras retirarse como jugador por acechar a una ex novia. Prefiero centrarme en el rendimiento, pero nunca he dicho que no se deben mencionar los factores relacionados con el carácter.

En cuanto a su desempeño a corto plazo, Belle fue uno de los bateadores más temidos de su época, incluso durante una era de mayor expectativa ofensiva. Sin embargo, su producción final aún era desigual para un candidato al Salón una vez que se tiene en cuenta la era en la que se compilaron los números. Su mejor puntaje de WAR de 10 años es solo 41.1, y ocupa el puesto 318 en la historia del béisbol. Entre los jugadores recientes, justo por delante de él que han tenido mejores carreras de 10 años, se encuentran Dan Haren, Curtis Granderson e Ian Kinsler.

En términos de producción, los números de Bell son sorprendentes. Sus 1,173 carreras creadas de 1991 a 2000 se clasifican como la 62 mejor ofensiva que un jugador ha tenido. Eso lo pone por delante de Jeter.

Fue tan difícil sobresalir durante los mejores años de Bell, y sus médicas en la defensa y base solo dañan su causa.

5. Orel Hershiser: durante un periodo que comprende 1987 a 1989, Hershiser fue el mejor lanzador de la Liga Nacional. Y, por supuesto, su temporada de 1988 fue para los libros de historia, con 23 victorias, ocho blanqueadas y un récord de 29 entrada seguidas sin anotaciones. También fue el JMV en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional y la Serie Mundial ese año para ayudar a los Dodgers a ganar su último campeonato. (No, no le dieron al JMV de la Serie Mundial esa temporada a Kirk Gibson por ese memorable turno al bat, aunque creo que mucha gente lo recuerda de esa manera).

Más allá de esas tres temporadas tops, el resto de la carrera de Hershiser fue muy buena pero no estuvo a la altura del estándar establecido por esa gran carrera. Su mejor década calificó un par de puestos por delante de Belle y, aunque jugó hasta los 41 años, Hershiser solo tuvo un poco más de 11 WAR fuera de sus mejores 10 temporadas. Más allá de 1988, Hershiser fue un lanzador de playoffs con más de 22 apariciones de su carrera en octubre, con una marca de 8-3 de efectividad de 2.59. Pero a pesar de sus deslumbrantes puntos altos en su carrera, no es suficiente para entrar.

6. Will Clark: Clark, en su mejor momento, era un jugador de calibre del Salón. Simplemente no pudimos verlo lo suficiente en su mejor momento. En 1989, el logró 8.6 de WAR, terminó en segundo en la carrera del JMV de la LN detrás de su compañero Kevin Mitchell. El premio debería haber sido para Clark, quien podría haber sido el mejor jugador de béisbol esa temporada. De 1987 a 1991, promedió 5.6 WAR por temporada. Si hubiera mantenido ese ritmo durante una década completa, su máximo de 10 años se habría clasificado entre los 90 mejores o más de todos los tiempos. Al final resultó que Clark jugó 140 juegos o más en solo siete temporadas. Siempre fue bueno y tan consistente como vinieron, pero hubo demasiadas lesiones.

7. Harold Baines: no puedo llegar con Baines. Él compiló algunos buenos números en 22 temporadas, incluyendo 2,866 hits y 384 jonrones. Sin embargo, gran parte de esa producción se produjo en uno de los entornes ofensivos más extremos del béisbol. Él recibió votos de JMV en solo cuatro temporadas y nunca terminó más alto del noveno.

Su mejor tramo de 10 años en WAR fue 24.8, que apenas se ubica entre los 1,000 mejores de todos los tiempos. Él tiene entrar basado en el valor de su carrera y, de hecho, su WAR se ubica en el lugar 164. Aún así, ese no es un retrato del Salón de la Fama. Él lideró la liga en porcentaje de slugging una vez y eso en términos de la tabla de clasificación. Fue bateador designado en más de la mitad de sus apariciones en su carrera, por lo que aporta poco en términos de registro defensivo y no fue mucho mejor en las bases. Buen jugador. Simplemente no es un miembro al Salón de la Fama.

8. Lee Smith: El sistema de JAWS de Jay Jaffe, Smith está en el puesto 16 entre los relevistas, por delante de Bruce Sutter, Trevor Hoffman y Rollie Fingers. Los tres son cerradores cuasi modernos. Los tres están en el Salón de la Fama. Smith está ubicado en el tercer lugar en salvados de carrera. En términos de probabilidad de ganar agregada, Smith se única en el lugar 12 entre los relevistas, lo que sugiere que no era un simple compilador de salvados. Él lanzó 80 o más entradas de relevo en ocho temporadas diferentes, subrayando ese hecho.

Temo en reconocer demasiado a los relevistas en el Salón, pero también siento que tenemos que reconocer a un grupo de posición que se ha vuelto tan crucial para ganar en el béisbol moderno. La pregunta clave es si Smith eleva el nivel para los relevistas del Salón. No estoy seguro de que lo haga. Digo esto debido a que aquellos que lo califican por delante en algunas de esas métricas clave antes mencionadas, más allá de los salvados. Si ponemos a Smith, ¿debemos buscar también a Troy Percival, Tug McGraw, Jonathan Papelbon y Joe Nathan? No lo creo.

9. Charlie Manuel: Lo admitiré: el grado en el que Manuel tuvo éxito como manager se escabulló para mí. Como se mencionó, él es el líder de todos los tie pos en AvRk, que mide el resultado promedio en una división o liga (mínimo 10 temporadas). Pero comparar a los mánagers en la era de las seis divisiones con los que llegaron antes es incómodo, en el mejor de los casos. Su porcentaje de victorias de .548 se ubica en el puesto 21, usando ese mimo mínimo de 10 años. Manuel ganó exactamente 1,000 juegos como manager, ocupando el puesto 64 en la clasificación de todos los tiempos y, llevó a los Filis al título en 2008. Manuel no supera el listón para mí, tan bien como lo fue su carrera. También era poco probable, especialmente dada la caída de edad promedio de los nuevos managers desde que se jubiló. En estos días, es difícil decir si alguna vez habría tenido la oportunidad en el juego de hoy. Manuel tenía 56 años cuando consiguió su primer trabajo en las Grandes Ligas, con Cleveland en 1990.

Aunque no creo que Manuel merezca la inclusión, hay otro factor a considerar. En julio pasado, cuando el bateador Jim Thome fue incluso en Cooperstown, él elogió el trabajo que Manuel hizo con él como entrenador de bateo de los Indios. Manuel se desempeñó como entrenador de bateo de Cleveland de 1988 a 1989 y, nuevamente de 1994 a 1999. Durante este segundo periodo, los Indios presentaron uno de las más potentes ofensivas de nuestro tiempo. Si, en el futuro, podemos cuantificar el trabajo de los mejores coaches de bateo y pitcheo, y se pueden presentar casos para su inclusión en Cooperstown, Manuel podría empaquetar esa producción con su excelente historial de gestión y merecer otro aspecto.

10. Joe Carter: resistió la tentación de comparar los números de Carter con McGwire directamente, aunque se agregó a la boleta y se eliminó a McGwire. Sin embargo, Carter merece que se analice su caso por sus propios números. No es mucho un caso. Él ocupa el lugar 1,283 en el WAR en 10 años y en realidad estuvo por debajo del reemplazo más allá de esa década. Carter logró conducir más de 100 carreras tres veces mientras publicaba un OPS+ por debajo de 100. De todos modos, Carter no necesita colgar una placa en Cooperstown. Siempre será recordado por una cosa: uno de los jonrones más dramáticos en la historia de la Serie Mundial.