Ferretti ya sabe: tiene barro y tiene arcilla

LOS ÁNGELES -- En el duelo de selecciones sin presente, pero con ansiedad de futuro, Estados Unidos resultó mejor en el marcador, pero inferior en la cancha. El 1-0, sin embargo, sentencia el dominio abrumador sobre México en la contabilidad de partidos amistosos.

Juego de un juego de altibajos, que de cierta cordialidad pasó a la algidez cuando Diego Láinez, desde su corta estatura, confrontó sin arredro ni temor a Miazga. Esto desencadenó en un par de empellones sobre el estadounidense por parte de Ángel Zaldívar y de Edson Álvarez, y Miazga arrugó con los de su estatura dándoles la espalda.

Con el 0-0 a cuestas y pocas penurias de ambos arqueros, llega la expulsión de Zaldívar, en un resbalón pisando la pelota, pero embistiendo en su caída con los tachones a Trapp. La roja, por accidental, no es menos merecida.

El gol de Adams, entre la artritis reumatoide tan conocida de Alanís y Ayala, y su torpeza mental para no saber leer una jugada anunciada desde el fondo, sentencia el marcador al '71.

¿El saldo? México hizo su apuesta por proponer el juego, y lo hizo el primer tiempo y en el segundo lapso, a partir de que elige la modificación de cuatro en el fondo, en lugar de la línea de cinco, para tener más presencia en media cancha.

¿Estados Unidos? Recuperó su esquema natural, el de las generaciones de Bora, Sampson, Arena, Bradley y que sólo llegó a corroer y promiscuir la farsa absoluta de Juergen Klinsmann.

Lo delicioso es que EEUU también tiene talento y tiene jugadores con pegada que deberán madurar en las andanzas en sus ligas y con la selección.

El estilo estadounidense siempre será cuestión de paladares. Si, ratonero, de emboscadas, de acechanzas, pero, al final, ese recurso le ha llevado en la historia a esas praderas del quinto juego en una Copa del Mundo, y que una selección mexicana sin un estilo continuo y definido, aún vislumbra desde el incómodo lote baldío de los suspiros.

Más allá de ser el protagonista del sofocón chusco al encarar, por decirlo de alguna manera, a Miazga, Diego Láinez fue el jugador atractivo del duelo, especialmente con una travesura por el lado derecha, lujo especial de su habilidad y de esa corta estatura, que le permite adulterar su centro de gravedad de manera prodigiosa.

Hubo jugadas en las que Láinez se vio aislado y solitario, no por falta de acompañamiento, sino por poco entendimiento. No encontró, a pesar de los esfuerzos de Abella y Alvarado, el diálogo necesario para hacer daño, con la interrogante de la afinidad que podrá llegar a tener a futuro con Jonathan González.

Lejos del lleno, porque afortunadamente el aficionado mexicano en EEUU ha aprendido a elegir los encuentros importantes, y los otros que son un engaño, los 40 mil aficionados, con una desigual presencia estadounidense, debieron salir satisfechos porque se sumaron pasión y compromiso en el juego, que, cierto, a veces, no terminan por avalar un buen espectáculo.

Tuca Ferretti, al menos, tras dos derrotas en la Fecha FIFA de septiembre, habrá hecho sus cálculos para octubre, para enfrentar a una desamparada Costa Rica y una selección chilena que ya empezó con problemas con su cuerpo técnico a raíz de la marginación de Alexis Sánchez en estas jornadas.

Ferretti sabe que tiene barro y que tiene arcilla. Con algunos jugadores sólo podrá hacer macetones y con otros podrá decorar modestos museos. Con 99.99 por ciento de segura su permanencia en el Tri, en octubre, ya habrá menos espacios para explicaciones y más espacios para resultados.