El futbol, el Tri y el AH1N1 a una década

ESPN Digital

Recuerdo ese helicóptero que escoltó a la delegación mexicana. He de confesar que fue la primera vez que sentí pánico en un estadio de futbol. Sinceramente no había visto tanto desprecio y odio por la Selección Nacional por parte de la afición en un país centroamericano. Era la animadversión en un potencial inimaginable, tanto, que los salvadoreños recibieron con cubrebocas a México en aquella eliminatoria rumbo a Sudáfrica, en señal de rechazo al conjunto nacional.

Fue hace casi 10 años. Junio para ser exactos. Inexorable el tiempo y el recuerdo de aquella tarde en la que después de una serenata salvadoreña, en busca de no dejar dormir a los jugadores del Tri, se formó un 'convoy' de vehículos para enfilarnos al Cuscatlán (hecho a semejanza del estadio de León), convertido en un volcán a punto de hacer erupción.

La memoria me trae que, al comenzar el camino hacia el coloso, el autobús de la Selección de Javier Aguirre encabezaba la caravana, atrás el minibús repleto de periodistas vilipendiados. No se me olvidan esos gritos de colegas que advertían "muévanse de las ventanas", porque se escuchaba un constante sonido sórdido que amedrentaba con lesionar a algún periodista.

Se es escuchaba el golpeteo de las piedras, mientras en el aire el sonido del helicóptero 'vigilante' en medio de una experiencia poco agradable, ya que en los derredores del estadio vendían tapabocas en muchos puestos, adquiridos por la afición salvdoreña que al escuchar en la gente el tono mexicano, en algunos casos, se tomaban los dedos para taparse la nariz.

Se sabía de aquella rivalidad deportiva entre estos países hermanos, pero la gente decidió pegar donde más dolía, luego de que Felipe Calderón, entonces presidente de México, "declaró un 23 de abril estado de emergencia en el país y ordenó la suspensión de clases en todo el territorio nacional" y "la cancelación de actividades en sitios públicos". Por cierto, menos el futbol, pues se decidió jugar aquella Jornada 15 del Torneo Clausura sin aficionados, aterrados en su mayoría por la idea de ser contagiados en lugares públicos.

México cayó 2-1 en el Cuscatlán. Merecido triunfo salvadoreño de la mano del mexicano Carlos de los Cobos, quien se encontraba contra la espada y la pared. Sabía del rechazo y las expresiones salvadoreñas contra los mexicanos y lo que sucedía en su entorno relacionado con el problema de salud nacional.

La realidad es que El Salvador jugó su partido dentro y fuera del campo. Sus seguidores aprovecharon la situación en México para hacer sentir su localía. Acaso válido. Tanto que aquel triunfo salvadoreño puso a México en serios problemas para asistir a la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010.

Una visita inolvidable. Un momento histórico lleno de pánico para los mexicanos. Salir del Cuscatlán fue heroico. Ningún colega mexicano que yo recuerde mandó sus crónicas desde el estadio. La presión en medio de la algarabía no cesó. Los cubrebocas prevalecían y la burla a todo mexicano también. Cosas del futbol. Nada más. Una historia que a 10 años es más una anécdota de uno de los pasajes más tristes del país donde el futbol, el deporte más popular de la nación, logró darle alegría y esperanza a todo un país que añoraba sonreír unos momentos.

Dicen que 10 años no son nada... Y es verdad, pero cuando se es parte del escarnio y la burla sí que hay cierto dolor y por qué no decirlo, también terror...