Guillermo Rigondeaux y la única certeza del día después

Inevitablemente, los grandes eventos transcurren bajo una premisa que se divide en tres actos: el antes, el durante y el después. La batalla del 9 de diciembre entre los dos ex campeones olímpicos Vasyl Lomachenko y Guillermo Rigondeaux respeta fielmente ese proceso. Superada la sorpresa de que efectivamente esta pelea se haya concretado, nos encontramos en la espera del "antes" ametrallados por las especulaciones sobre lo que ocurrirá en el ring y el contrapunto de declaraciones de uno o del otro equipo echando más leña al fuego de la rivalidad.

De los campamentos no llegan noticias que sorprendan y las teorías sobre las posibles diferencias en el ring, se suman al coro de las conjeturas que por estos días los fanáticos tejen en las redes sociales "Que Lomachenko no se confíe, por algo nadie ha querido enfrentar a Rigondeaux". "Lomachenko es más grande, es más rápido, es más joven, se va a divertir con Rigondeaux", son algunos de los miles de comentarios que los aficionados a uno u otro postean en sus cuentas sociales.

El debate lleva las diferencias hasta el infinito. La pelea entre el ucraniano y el cubano ha disparado el ajedrez de las comparaciones y los vaticinios se dividen en una carrera donde Lomachenko lleva las ventajas. Son mayoría los que dan por segura su victoria.

Se vive "el antes" y se palpita "el durante" ¿Pero qué ocurre con "el después"? Lo que suceda una vez finalizada la batalla es una pregunta con demasiadas respuestas, donde se diferencian las opciones y donde la derrota huele a catástrofe para un solo lado: el de Guillermo Rigondeaux.

LAS "DESOPCIONES" DE RIGONDEAUX

Repetir la historia de los problemas que ha padecido el cubano para desarrollar con normalidad su carrera profesional, es llover sobre mojado. Pero siempre es inevitable volver a ese punto. Quizás ha sido en la historia reciente el doble campeón mundial más evitado y al cual sus cinturones no despertaron la codicia de ningún rival por arrebatárselos.

Hay culpa de todos lados para que ello haya sido posible. De sus manejadores, del sistema actual del boxeo comercial donde las grandes figuras "pactan" sus combates, de la industria del entretenimiento donde la esgrima de Rigondeaux ha despertado más bostezos que aplausos y del propio Rigondeaux que - tal vez - careció de autonomía de decisión para darle por sí mismo el rumbo que su carrera merecía.

Las teorías para encontrarle una explicación a lo inexplicable son incontables, pero la realidad es una sola: al cubano se le fue la carrera buscando los grandes rivales y las grandes bolsas. En camino hacia los 38 años, sin una cosa y sin la otra, del cielo cayó esta oportunidad donde habrá una bolsa respetable, ante un rival respetable y en un combate cargado de morbo, algo que hace olvidar los bostezos. ¿A quién no le interesa saber en que termina un duelo entre los mejores esgrimistas y entre los mejores campeones olímpicos?

Por el lado del espectáculo la batalla colma expectativas. Por el lado de Lomachenko es difícil encontrarle explicación a la repentina decisión de pactar esta pelea, máxime cuando detrás de sus decisiones se encuentra Bob Arum que alguna vez formuló aquella frase lapidaria: "si sigue boxeando de esa manera será muy difícil que Rigondeaux encuentre rivales". Las redes sociales, en parte, jugaron su papel dada la insistencia de los fanáticos. También pudo ser un factor el golpe de efecto para la carrera del ucraniano y la confianza absoluta de que el cubano no tiene con qué ni cómo vencerlo.

Como sea, para el espectáculo hay expectativa de buenos resultados y para Lomachenko también. A los dos le sobran opciones para transformar en ganancias los rendimientos de este combate. Sin embargo, con Rigondeaux las cosas son muy diferentes.

El cubano tomó una batalla donde predominan las desventajas. Desde lo físico habrá una notoria diferencia a favor del ucraniano, en peso, tamaño y velocidad. A su vez, la necesidad de ganar tonelaje, hace imaginar la posible pérdida de velocidad y reflejos en Rigondeaux, algo que durante el combate puede ser fatal para sus posibilidades. A ello sumemos el tema económico ¿Cuánto dinero de la bolsa pactada quedará en la cuenta bancaria de Rigondeaux al final de la historia? Seguramente, a la masticada inevitable del "Tio Sam", se sumarán muchas firmas asociadas al reparto.

El problema no será que quede poco o mucho dinero. El problema, en el caso de Rigondeaux, será imaginar que ocurrirá con su carrera en caso de una derrota. O sea, para "el después" del cubano no hay opciones, por ello inventamos esa palabra "desopciones".

"SIN VICTORIA NO HAY DESPUES PARA RIGONDEAUX"

En su reciente Convención celebrada en Medellín, la Asociación Mundial de Boxeo decidió que, en caso de una derrota ante Vasyl Lomachenko, Rigondeaux será desconocido como monarca de la división Súper Gallo. En cierta forma fue una decisión técnica donde desconocemos si los representantes del cubano tuvieron o no interés en discutirla buscando revertir la decisión del organismo, pero debieron hacerlo. El hecho es más importante de lo que parece.

No es lo mismo renunciar para subir de categoría, que "ser renunciado" sin beneficios de ex campeón. O sea, si Rigondeaux pierde su carrera queda en el limbo. No puede reclamar disputarle el título al monarca de la siguiente división, como por ejemplo recientemente lo hizo Demetrius Andrade al renunciar a su cetro de las 154 libras para subir a las 160. El cubano pierde beneficios reglamentarios a los cuales aferrarse para mantener activa su carrera y pierde su faja de campeón. O sea, queda sin nada.

Sin opciones en su peso natural, solo le resta buscar rivales en las 126 libras imaginando que las 130 de Lomachenko le hayan demostrado que no tiene recursos para mantenerse en esa división. En ese caso, la proliferación de grandes nombres taquilleros en los plumas (Valdez, Santa Cruz, Mares, Frampton, Russell Jr. y "JoJo" Díaz entre otros) transforman el futuro de Rigondeaux en más de lo mismo: nadie querrá enfrentarlo. No tendrán ni voluntad ni necesidad económica para hacerlo.

En las próximas semanas, todos seguiremos especulando e imaginando la pelea que veremos el 9 de diciembre, sin llegar a conclusiones contundentes. Sin embargo, en lo previo, sí podemos asegurar con absoluta seguridad que si el cubano no consigue derrotar al ucraniano, la única certeza del día después será que su carrera habrá finalizado. Aunque se mantenga activo en el boxeo, la derrota es fin de línea.