Estos Dolphins llevan la huella del head coach Adam Gase

MIAMI GARDENS -- No fue un partido más el que se llevó a cabo en Miami.

Después de todo, tuvo dos demoras por tormentas eléctricas, por lo cual el partido estuvo demorado un total de tres horas y 59 minutos. Y cuando todo llegó a su fin pasadas las ocho de la noche en la Costa Este, acabábamos de presenciar el encuentro más largo de la historia.

Pero a la vez no fue un partido más, porque finalmente pudimos ver la ofensiva que el entrenador en jefe Adam Gase siempre soñó.

Tras un éxodo masivo de talento, con Jarvis Landry y Jay Ajayi a la cabeza, varios analistas pensaron que Gase simplemente no podía lidiar con personalidades fuertes y vaticinaron que los Miami Dolphins serían uno de los peores equipos de la liga esta temporada.

Sin embargo, Gase sólo quería tener un equipo a su medida.

Eso significa tener a dos corredores con capacidad para lastimarte tanto con sus pies como sus manos como Kenyan Drake y Frank Gore, tener un ala cerrada atlética que pueda ser factor en la zona roja como Mike Gesicki, y no cargar el ataque a un solo receptor como solía suceder con Landry. ¿El resultado?

Aportes decisivos de Kenny Stills, Jakeem Grant, Danny Amendola y Albert Wilson, y aún más importante la primera victoria de la temporada para los Dolphins.

Al mando del timón estuvo el mariscal Ryan Tannehill, quien jugó su primer partido oficial desde la Semana 14 de la temporada 2016. Y pese a que lanzó dos intercepciones, se lo vio en control, sólo falló ocho pases, fue agresivo cuando su equipo lo necesitó y por sobre todas las cosas se lo vio saludable.

La defensiva lució decente a la hora de detener el ataque terrestre, después de haber sido la peor unidad de la liga en ese departamento a lo largo de la pretemporada, y generó tres pérdidas con dos intercepciones de Reshad Jones y una Kiko Alonso.

Miami se vio aliado por la lesión en la mano del quarterback de los Tennessee Titans, Marcus Mariota, quien fue reemplazado por Blaine Gabbert, aunque hace tiempo no se veía una defensiva oportunista de los Dolphins.

Siempre digo que no hay que sacar conclusiones grandilocuentes luego de apenas un partido, y esta ocasión no es la excepción a la regla.

Mantengo que todo debe salirle perfecto a los Dolphins para poder siquiera pelear por un comodín, mientras que están a una lesión de en efecto ser, uno de los peores equipos de la liga.

Y eso es exactamente lo que Gase quiere escuchar, mientras sonríe de oreja a oreja camino al vestidor.

Porque prefiere volar bajo el radar, porque Miami lució mejor de lo que muchos esperaban, y porque finalmente tiene un equipo cuya ofensiva tiene el estilo que él pretende.

El estilo que lo hizo llenarse de elogios en Denver y Chicago, y que hoy piensa puede empezar a pagar dividendos en el Sur de la Florida.

Les vaya bien o mal, estos Dolphins tienen la huella de Gase.