Por qué el Atlético de Simeone debería estar preocupado tras la derrota en el derbi madrileño

La principal conclusión que sacamos del triunfo por 3-1 del sábado no es que Madrid volvió a meterse en la carrera por el campeonato, que la última batalla de Diego Godín contra los blancos en La Liga terminó de la peor manera para semejante titán del Atlético, o que el gol número 100 de Gareth Bale con Real Madrid fue la respuesta ideal para sus detractores. La sensación ineludible después de la forma en que Real jugueteó con el Atleti, antes de destrozarlo, es que algo anda muy mal con el conjunto de Diego Simeone. Y quizá hasta con su régimen.

Atlético ha sido el rival principal de Barcelona por el título (el único, en realidad) durante varios meses. Aún tiene posibilidades de llegar a la final de la Champions League, que se llevaría a cabo en su impresionante nuevo estadio Metropolitano. Y sigue siendo un equipo difícil de vencer; a veces todavía gana 1-0 y, para decir las cosas como son, la del sábado fue su primera derrota local de la temporada en La Liga.

Pero, lamentablemente, estas fotos no pintan el panorama completo. En términos de las cosas que alguna vez convirtieron al Atleti en un equipo enorme para sus hinchas, y en una carga muy pesada para sus rivales, esta actuación fue absolutamente lamentable.

Tras verse superados tres veces seguidas en defensa la semana pasada en Real Betis, en una jugada que les costó tres puntos a los rojiblancos antes de este derbi, creo que lo mínimo que esperaban los hinchas del Atleti era que esto no volviera a suceder. Pero el punto de inflexión se dio cuando Sergio Ramos ganó un cabezazo contra tres jugadores contrarios en el área grande de Jan Oblak y se las arregló para imponerse en el aire y asistir a Casemiro, quien con una acrobacia logró marcar el primer gol.

Hagamos una pausa por un momento. ¿Recuerdas cuando el Atleti ganó el título en 2014? Prácticamente no se perdió ni una pelota en el aire en toda la temporada y marcó una enorme cantidad de goles de cabeza a partir de jugadas armadas. Ya no. Cada vez que aparecía una pelota flotada frente a su propia meta, se percibía una sensación de pánico de los jugadores de Simeone, y casi podías oír a los hinchas de los colchoneros mordiéndose las uñas.

Bien. Primer punto sobre la falta de identidad del Atleti: Hizo un cambio de carácter a lo doctor Jekyll y señor Hyde entre lo que llegamos a conocer y amar, y lo que es ahora.

¿Segundo punto? Pierde la pelota y no trabaja para marcar al rival directo -- esto fue un anatema durante la gran mayoría de los ocho años de Simeone a la cabeza de un club al que ha conducido al mayor éxito sostenido de su historia. Son rasgos prohibidos, odiados, y casi nunca vistos en este plantel.

Es más, jugar contra Atleti solía ser absolutamente horrible para sus rivales del fútbol local o europeo. Te acosaban, perseguían, empujaban y superaban; asustaban mucho a la mayoría de sus rivales. Ya no. La semana pasada en Betis, nuevamente durante la jugada en la que Felipe Luis terminó regalando un penal para el triunfo por la mínima del equipo de Quique Setien, Ángel Correa sencillamente se negó a correr los tres metros que lo separaban de su marca, Andrés Guardado, para evitar el centro que terminó en gol. Una pereza imperdonable.

Y esta semana, Correa fue titular contra Madrid. Es cierto que Koke no estaba en condiciones de jugar, pero había otras alternativas. Hubo un tiempo --mucho tiempo, en realidad-- en el que un pecado como el que cometió el extremo argentino la semana pasada no sólo habría dado lugar a una fuerte reprimenda de Simeone, sino que el pecador se hubiera quedado afuera del equipo, y hasta del banco de suplentes, durante una o dos semanas, para reflexionar sobre su equivocación.

Pero contra Madrid fue perdonado y jugó de titular. ¿Cuál fue la respuesta de Correa al técnico que lo perdonó y le dio una segunda oportunidad?

Cuando Madrid metió presión, con Sergio Reguilón entrando por un costado y Vinicius por el otro, ¿qué hizo Correa? Regaló la pelota, y mientras el hombre de negro (Simeone) rabiaba y maldecía al cielo, Madrid quebró por la izquierda y Vinicius quedó libre para desatar el caos.

Ahora bien, si José María Giménez le cometió falta o no dentro del área es tema de debate para el bar. Pero lo que cuenta es el VAR, no el bar. El talento combinado del arbitraje del Metropolitano y la sede central de Las Rozas decidieron que había penal. De cualquier manera, el punto clave es que prevenir siempre es mejor que curar.

Quizá la entrada de Giménez fue mala, o quizá fue mal juzgado por los árbitros. Si Correa hubiera sido más fuerte, más astuto y más decidido en primer lugar, el contraataque de Madrid (algo que ha convertido en una especialidad) no habría existido. Se podría haber prevenido, y no habría habido necesidad de la "cura" de Giménez.

Y cabe destacar que la absoluta displicencia de Correa marcó un fuerte contraste con la determinación optimista de Dani Caravajal a la hora de ganar una entrada que nunca debería haber sido suya de cara al primer gol de Madrid. Todos los jugadores de los blancos jugaron con más deseo, trabajaron más duro, sudaron hasta la última gota y arriesgaron su físico; no ganaron sólo por su talento, sino también por su actitud. Por su deseo de ganar. Jugaron con el que supo ser el ADN de Atlético.

En el momento del tercer gol, cuando todavía quedaba más de un cuarto de hora de juego por delante, pero ya era evidente que Madrid había ganado los puntos, Atleti volvió a regalar la pelota; Santiago Arias quedó mal parado y un suplente hasta entonces anónimo, Bale, pudo marcar con comodidad y alegría.

Y luego está la cuestión que fue difícil de mirar, y que confirmó que corren tiempos muy extraños para el Atleti. Ante una hinchada apasionada que deseaba ver la entrega de sus héroes, dejaron que Madrid deambulara por la cancha, pasando la pelota con tranquilidad. La hermandad de Simeone, que alguna vez usó la frase "todos para uno y uno para todos" como rito de iniciación para los nuevos jugadores, no presionó y preservó su energía. Los hombres de Simeone lucieron flojos y derrotados, no sólo por el tanteador, sino también física y psicológicamente.

Perder es una cosa, aunque sean dos partidos en una semana. Pero lo que no tiene nada que ver con los ocho años de ejercicio de Simeone es la falta de atención al detalle, la falta de personalidad, de agresividad y de intensidad que vimos en este partido, y que el Atleti ha mostrado de manera intermitente esta temporada.

Los grandes culpables son los hombres que estuvieron en la cancha. Pero si decimos (y lo dijimos) que el conjunto del Atleti que ganó la Copa, La Liga, la Europa League y la Supercopa de Europa siempre fue una personificación de su técnico ultra competitivo y ultra agresivo, entonces ahora no está exento de culpa.

¿Puede ser que la Champions League esté acaparando toda su atención, y por eso estén distraídos? ¿Es posible que por haberle entregado los últimos 15 minutos de este derbi desastroso a Madrid hayan conservado suficiente energía para eliminar al campeón reinante de Italia?

Dudo que Juventus lo vea de esta manera. Cristiano Ronaldo y compañía deben haber disfrutado de ver a un conjunto flojo, irreconocible y propenso a cometer errores que, a decir verdad, mereció perder por un margen superior, y que se parece más al club fracasado que heredó Simeone que al temible y respetado equipo que llegó a forjar.

Es un momento complicado para los hinchas del Atleti, y un gran momento si eres simpatizante de los blancos.

Fue sólo un partido, y recién estamos en febrero. Pero fue un indicio de que Atleti no le ha dado a La Liga la prioridad que se merece, y un posible indicio de que Simeone podría estar pensando en un cambio de escenario para el verano.