Antonio Mohamed: El rosario y la 'deuda' con Faryd

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Mohamed: 'Mi hijo era hincha de Rayados' (0:44)

Antonio Mohamed revela el gusto por su hijo fallecido y su crianza en Monterrey (0:44)

EL PULSO


CIUDAD DE MÉXICO -- Tarde de verano en 1997. Antonio Mohamed salía del entrenamiento en el Estadio Neza 86 y un estudiante de periodismo lo esperaba para entrevistarlo.

El testimonio del ‘Turco’ resultaba fundamental, pues el joven realizaba una tesis sobre los cracks de la década de los 90 en el futbol mexicano y el argentino era uno de ellos…

Una de las primeras preguntas rayó en la inocencia, pero encontró una respuesta reveladora.

- ¿Por qué no corres igual que tus compañeros y le reclamas tanto al árbitro durante los partidos?

- Porque soy el más inteligente de todos... (Respondió sin titubear el entonces número ‘11’).

Lo era. En aquellos años el irreverente ‘Tony’ era el jefe de la banda de los Toros de Neza que le ponía color y espectáculo a la Liga.

Mohamed es un gol imposible, un trazo milimétrico para el ‘Pony’ o Arangio, un túnel ante la causa perdida, el cabello teñido con los colores de la bandera de México, las calcetas desmayadas o un enmascarado fácil de identificar por el sobrepeso… Es también una canción de Luis Miguel, su cantante favorito.

Fue el artífice de la moda en el futbol mexicano durante la década de los 90. Antes, introdujo las licras multicolor en el balompié argentino e italiano, donde provocó un escándalo entre los puristas casados con los colores clásicos de la Fiorentina.

El mismo que en su época de jugador hacía trampa y ajustaba la báscula para pesar los 83 kilos que le exigían, pues de lo contrario lo multaban. La realidad es que en el mejor de los casos rondaba los 87.

Desde aquella época el ‘Turco’ –apodado así por el origen de su apellido– tenía claro que cuando terminara su etapa como jugador se convertiría en director técnico.

Incluso, un día anticipó que como entrenador sería el mejor vestido… Años después lo cumplió.

Si como futbolista fue estrafalario e irreverente, hoy viste de gala. Le encanta la moda, los trajes con chaleco, los gazné, las bufandas, las boinas, los zapatos puntiagudos o unos bicolor italianos con suela gruesa, además de que agregó unos modernos anteojos a su estampa.

Durante el Mundial de Alemania 2006, Antonio Mohamed y su familia sufrieron el golpe más duro que les ha dado la vida, pues en un accidente que no viene al caso detallar, Faryd, el hijo pequeño de ‘Tony’, perdió la vida.

Por ello, desde entonces el argentino coloca en forma de rito antes de cada partido el rosario de Faryd en la banca de suplentes. Es su amuleto, también lo lleva tatuado en el brazo izquierdo. Por su hijo sigue amando al futbol.

A un día de la Final de Vuelta entre Rayados y Tigres, Mohamed concedió una entrevista a ESPN en la que reveló que de ganar el título estaría saldando una deuda consigo mismo y con Faryd (q.e.p.d), quien era hincha de Monterrey y se crió en la ciudad.

El resultado es de sobra conocido. Sin embargo, el ‘Turco’ no pierde mérito alguno como director técnico por el doloroso revés. La campaña imponente de Rayados ahí queda.

Cierto que el amante de las pastas y las empanadas árabes que cocina su madre, Norma, debe ser uno de los personajes del futbol más tristes en estos momentos. Pero volverá, es un hecho que lo hará.

Todo mundo olvida a los que pierden, es una ley del deporte y la propia vida. Sin embargo, en ocasiones el derrotado también amerita un reconocimiento, más si se trata de un tipo al que quieren en todos los sitios en los que ha estado.

Antonio Mohamed y el rosario volverán. En su momento la deuda con Faryd quedará saldada, aunque por ahora seguro que no hay reproche alguno para el irreverente que viste a la moda.