Caixinha y sus exigencias de un Cruz Azul atrevido

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Con la concentración y el atrevimiento que tiene un forcado frente a un toro, Pedro Caixinha dirige sus entrenamientos al frente del Cruz Azul. El portugués exige intensidad, ambición y seguridad. Pide creatividad y valentía, que sus atacantes no duden en encarar y disparar desde cualquier punto. Desea un equipo vertical con la mente siempre puesta en el arco rival.

En su segundo entrenamiento del año, Caixinha aceptó que toda su práctica fuera seguida de cerca por los medios de comunicación. Es un hecho atípico en Cruz Azul que en un año apenas lo hizo una sola vez con Paco Jémez al mando. El estratega lusitano pretende ser mucho más abierto y no esconder sus armas ni su forma de trabajo.

Primero, un ejercicio de tres contra tres en la segunda cancha de La Noria. No implicó mucho desgaste físico y sí una manera de preparar lo que queda por delante con el campo principal ya acondicionado con pequeñas porterías y dividida para que se realicen diferente tipo de actividades.

Los jugadores experimentaron un poco de tenis-balón y luego pasaron a los ejercicios de mayor intensidad que Caixinha seguía bien atento.

En una mitad de cancha, el portugués puso a prueba a defensores y atacantes. Era un duelo de cinco contra cinco, además del portero que obviamente jugaba a favor de los zagueros. Su línea de cuatro está bien establecida y debe haber coordinación entre todos los hombres. Para los atacantes, la clara indicación es que estén en movimiento continuo y siempre busquen los balones filtrados, ya sea a ras de pasto o un poco elevados. Para ello, marca como crucial ganarle la espalda a los zagueros.

“¡Tira, tira!”, gritaba el portugués a los atacantes cuando tenían un pequeño espacio para probar a puerta. Su intención es que busquen el gol desde cualquier vía y no solo esperen a estar frente al portero para rematar. De los más alabados en eso fueron Edgar Méndez o Ángel Mena, quienes no dudaban en buscar el arco cuando podían.

Cuando la ofensiva se veía carente de ideas, detenía la práctica y les insistía en la valía de buscar los pases filtrados y los arribos a velocidad para ganarle el espacio a los defensores. Para ello, los pases debían ser precisos, justo en medio de la línea defensiva. Celebraba cada vez que el balón llegaba a pies de alguno de los atacantes que buscaban un centro o un remate.

Primero probó con un once que tentativamente puede utilizar en su debut frente a Xolos con José Madueña, Julián Velázquez, Julio Domínguez y Adrián Aldrete en la defensa. A ellos los apoyaba Francisco Silva como contención; un poco más arriba, Rafael Baca quien comandaba un ataque al que se sumaban Martín Rodríguez, Ángel Mena, Carlos Fierro y Felipe Mora. En el arco, solo por esta ocasión, Jair Peláez.

Del otro lado del campo, eran duelos directos entre los jugadores con remates a puerta. Después de unos minutos, los dos grupos divididos intercambiaron su lugar en el campo y las actividades que realizaban.

Antes de llegar a las dos horas de trabajo, el portugués marcó el final de la práctica en la que en todo momento estuvo atento. Caminó por un tiempo alrededor de la cancha y se dio algunos minutos para platicar a solas con Walter Montoya, quien recién arribó al equipo y entrenó por separado de sus compañeros.

Caixinha pide un equipo atrevido y que siempre busque el arco rival. Es exigente, desea intensidad en todo momento. Celebra a quien intenta algo distinto, a quien no duda en disparar cuando hay una pequeña oportunidad.