Luis Enrique disfruta del mejor estreno con la Roja

La mano del director técnico se notó ya en el primer compromiso internacional de la selección española. EFE

“Encantado. Contento y feliz”. Hinchado de felicidad, Luis Enrique saludó su triunfal estreno como seleccionador y felicitó el trabajo de sus jugadores, admitiendo que el final fue “sufrido” por el empuje de los ingleses pero destacando que antes “tuvimos opciones para rematar el partido”.

Tuvo suerte, y no poca, porque el árbitro anuló un gol a Inglaterra que probablemente fue válido en el último suspiro y habría convertido una victoria de prestigio en un empate sufrido. Pero esos “pequeños detalles” fueron definitivos. Y esperando al duelo del martes frente a Croacia le regalan, de momento, felicidad a Luis Enrique.

El entrenador asturiano entendía el duelo de Wembley como la oportunidad ideal para recuperar el orgullo hispano, ese que se fue apagando en los últimos años y que desapareció de sopetón en el Mundial de Rusia. No se anduvo por las ramas, planteó el partido con la esperada agresividad y con mayor o menor brillantez pero con indiscutible solvencia.

“Empezar así es hacerlo de la mejor manera, desde luego, porque eran un escenario y un rival incomparables… Aunque ahora ya hay que pensar en Croacia” apuntó un Luis Enrique cuya mano particular comenzó ya a dejarse notar en el carácter del equipo en el terreno de juego.

Y en el cambio de filosofía. “Estoy contento con la idea” admitió el técnico, que quiere, o lo parece, dibujar una España que tenga reminiscencias de lo que fue su Barcelona, por mucho que la presencia de jugadores del Barça sea hoy mínima, en que el vértigo ofensivo gane terreno a la posesión y posición.

Mostró su equipo momentos de pausa pero fueron los menos y tuvo la presencia de Thiago y la ausencia de Isco más protagonismo de lo esperado a priori, señal de la necesidad de mejorar prestaciones.

Debía el madridista ser el líder que llevase el ataque, dejando más en punta a Iago Aspas y Rodrigo, para convertirse en el jugador clave. No lo hizo y la ida y vuelta del partido le enterró, tanto como perjudicó a Busquets y dio lustre a Saúl Ñíguez, magnífico y vital como lo fue Rakitic en su Barcelona.

España, que solo había vencido a Inglaterra en Londres en 1981, repitió el resultado al cabo de 37 años en una noche de especial significado por lo que suponía tras el desastre mundialista y se dio el gusto de dejar claro que, paso a paso, camina hacia la recuperación.