El US Open dejó mucha tela para cortar

Un drive alto con “fade” en ese largo par 4 “dogleg” a la derecha. En otro hoyo, un par 4 de 460 yardas, pegar un hierro 3 bajo y recto, y después un hierro 7 de 195 yardas al medio del green para hacer un cómodo par, quizá con suerte, un birdie. Y en ese par 5 de 580 yardas, un buen drive y un segundo tiro con el hierro 5 de unas 235 yardas bajo y con “draw” a esa bandera de la izquierda, medio escondida atrás del bunker.

Estas son las típicas escenas de la película que todas las semanas protagonizan los mejores profesionales del PGA Tour. Estos jugadores, tocados por la varita mágica del talento, tienen ese don especial que solo reciben unos pocos deportistas elegidos, son los Messi o los Ronaldo del golf. Ellos pueden manejar la trayectoria de la pelota, y pueden hacer con toda naturalidad tiros que ningún aficionado normal podría siquiera soñar.

Por ello, son muy pocos los sobresaltos que encuentran en los torneos que componen el calendario regular de la gira más importante del mundo. Si juegan mal, harán el par de la cancha. Será el día en el que fallan putts de dos o tres metros para birdie. Será uno de esos días en los que no embocan algún tiro desde el bunker o desde el borde del green con el wedge. Si juegan normalmente, harán tres o cuatro golpes bajo el par, y se ubicarán en el medio de la tabla. Si están iluminados, llegarán más arriba, quizá al top ten. Y cada tanto, si la inspiración los acompaña los cuatro días, llegará un triunfo. Ellos están acostumbrados a pegar pelotas que suben alto o vuelan bajas, que doblan y que frenan en los greens según ellos deciden.

Dicho todo esto, ¿es tan malo que en un torneo al año se vean en algún momento como si fueran aficionados? ¿Tan arriba está su ego que no pueden soportar una pequeña frustración? ¿Qué los hace tan especiales para no tolerar una injusticia?

El día sábado 16 de Junio, la USGA, entidad rectora del golf estadounidense y uno de los pilares del golf mundial, preparó la cancha de Shinnecock Hills en forma exigente para la tercera vuelta del US Open. Solo había un jugador bajo el par, Dustin Johnson en -4. El corte clasificatorio había sido de +8, pero al terminar la tercera ronda, la cancha había ganado la pelea, como habitualmente ocurre en el US Open. El viento, que sopló más fuerte de lo esperado, no solo la secó, sino que complicó por demás el juego. En ese entorno hubo un par de posiciones de bandera, como la del hoyo 15 y la del hoyo 18, que estaban en el límite del reglamento y quizá lo cruzaron. Entonces, ese score de +8 que marcó el corte, representaba, al finalizar el día, estar empatado en el puesto 16 a solo cinco golpes del cuarteto que marchaba en la punta. Daniel Berger y Tony Finau estaban a 11 golpes del puntero antes de empezar la tercera ronda. Salieron a jugar cuatro horas antes que los punteros. Hicieron 66 golpes (-4) y vieron, sentados en un sofá, como sus nombres iban subiendo en el tablero hasta llegar al tope. Así de grande fue la diferencia de dificultad que hubo por la tarde. Entonces las críticas de los jugadores llovieron en las entrevistas y sobre todo en las redes sociales.

Zach Johnson: “Es una lástima lo que hicieron, porque esta es una de las mejores canchas para el US Open.”

Justin Thomas: “No es que toda la cancha estaba injugable, pero había algunas banderas totalmente innecesarias.”

Henrik Stenson: “Creo que estuvo un poco exagerada la dificultad”

Uno de los más enojados fue el argentino Emiliano Grillo que no ahorró palabras para castigar a la USGA por la presentación de la cancha. ¿No será demasiado nuevo Grillo en ese entorno para despacharse con tanta saña?

“No estamos tratando de humillar a los mejores jugadores del mundo. Solo estamos tratando de saber quiénes son” Esta fue una famosa frase dicha por Sandy Tatum, recordado presidente de la USGA, en el US Open de 1974 y que cada año vuelve a flotar en esta época. Los críticos de la USGA creen que solo quieren hacerse los importantes, ser protagonistas por una semana y tener el deseo de poner en ridículo a la elite del golf mundial. Otros creen que la dificultad es una característica intrínseca del US Open.

Mientras tanto, la USGA pidió disculpas por lo ocurrido el sábado, y el domingo saludó diciendo: “Nos vemos el año que viene en Pebble Beach.”