Irad y José Ortiz, hermanos en la casa, sin piedad en la pista

Irad Ortiz, izquierda, gana el Breeders Cup Filly & Mare Sprint de 2017 con Bar Of Gold. El evento de este año le puede ayudar a desplazar a su hermano José L. en la lucha por el premio Eclipse. Horsephotos/Getty Images

NUEVA YORK -- Destacar en el mundo de la hípica en Estados Unidos nunca es fácil, pero si tienes la formación de la que posiblemente sea la mejor cuna de jinetes del mundo y una tradición familiar aferrada a este deporte, las cosas quizás sean algo más llevaderas.

Es el caso de los hermanos puertorriqueños Irad y José Luis Ortiz, dos jinetes de Trujillo Alto, en Puerto Rico, quienes llegaron hace poco más de un lustro a Nueva York para poner patas arriba el circuito hípico estadounidense. Formados ambos en la reconocida mundialmente Escuela Vocacional de Hípica de Puerto Rico, los hermanos decidieron poner rumbo a Estados Unidos para labrarse una carrera que, de momento, les sitúa entre los mejores jockeys del planeta. Durante el fin de semana del 2-3 de noviembre, uno de los dos podría asegurar el Premio Eclipse como el mejor jinete con su actuación en el Breeders' Cup, que este año se celebra en el icónico hipódromo de Churchill Downs.

"El amor por los caballos me viene de familia. Mi abuelo (Irad Ortiz), mi tío (Iván Ortiz), mi hermano mayor... todos eran jinetes. Por eso yo crecí en ese mundo y siempre tuve muy claro que quería vivir de esto", recuerda José Luis, de 24 años el pequeño de los dos hermanos, pero el que mayor impacto ha tenido de momento en Estados Unidos tras llevarse el Eclipse Award al mejor jinete del año en 2017.

Joselo, como le llaman sus amigos, es actualmente el líder en dinero ganado por premios este año. Hasta el domingo 14, tenía $23.616 millones que han conseguido los dueños de los caballos que ha montado. Su hermano mayor, Irad, de mismo nombre que su abuelo que también fue jockey en Puerto Rico, es el líder de la tabla de carreras ganadas en 2018 con 1,318 y segundo en cuestión de premios, con $20.198 millones. Sin embargo, la diferencia con el resto de los competidores es llamativa, algo que para ellos no tiene una clara explicación.

"Se monta muy diferente aquí [Nueva York] que en Puerto Rico. Allí nos gusta correr por fuera. Aquí se basa todo en ganar terreno, por eso hay que estar más pegado al riel. Son cosas que a los trainers de allá no les gusta pero a los de acá sí", aclaró Irad Ortiz, de 25 años. "Pero no sé si es por eso, o por nuestra formación, que mi hermano y yo estemos destacando tanto. Yo intento siempre mantener los pies en la tierra. Soy siempre el mismo, y luego con la ayuda de los entrenadores y los dueños uno va sacando el trabajo adelante. Lleva mucho sacrificio destacarse en este deporte".

Para su hermano Joselo, sin embargo, esta situación es bastante más aleatoria. "Cada jinete tiene su tiempo. Su prime, como se dice aquí en Estados Unidos. Creo que ahora yo estoy en un gran momento, y trabajo fuerte para estar donde estoy. Irad está también batallando para estar ahí arriba. Creo que cada uno tiene su momento cuando le toca. Estos dos últimos años han sido muy buenos para mí, pero antes (Javier) Castellanos tuvo cuatro años espectaculares, (Ramón) Domínguez destacó los tres anteriores. Es como una ruleta, y seguro que Irad tendrá también su momento".

Los hermanos se mudaron a Estados Unidos tras terminar sus estudios en la Escuela Vocacional de Hípica de Puerto Rico --Irad a mediados de 2011 y Joselo a principios de 2012. José Luis, el pequeño, siempre tuvo claro que quería venir a competir a Estados Unidos, pues Nueva York es la meca para los jinetes profesionales. Por eso tras sólo dos meses compitiendo en Puerto Rico, a los 18 años, siguió los pasos de su hermano, quien llegó a competir más de seis meses en su tierra natal.

"Venir a Nueva York es una decisión fácil de tomar. En Puerto Rico los premios son bajos, los caballos no son de la mejor calidad. Sin embargo, la escuela de hípica sí es la mejor del mundo para mí. Hay muchos jinetes boricuas que podrían llegar a Estados Unidos a competir al más alto nivel", asegura José Luis al hablar de la preparación que tuvo para poder llegar a las Grandes Ligas del hipismo en Nueva York. "Por eso, si uno tiene metas, sueños, al final tiene que acabar viniendo a aquí. Mi sueño siempre ha sido ganar el Kentucky Derby. El Eclipse Award, gracias a Dios, lo gané el año pasado. En Puerto Rico no se pueden ganar esas cosas. Y no me quejo, ojo. Puerto Rico es mi patria, estoy orgulloso de haber crecido allí y extraño mucho mi país, pero a nivel competitivo aquí es donde debo estar".

Para Irad, sin embargo, la decisión fue mucho más impactante, quizás también porque él fue el primero en dar el paso. Una vez ambos hermanos estaban instalados en Nueva York, sus padres también se mudaron, con lo que la adaptación se les hizo mucho más fácil. Además, el vivir y competir en Estados Unidos significaba también que compartirían con uno de sus ídolos de juventud: el legendario jockey boricua John Velázquez.

"En Puerto Rico yo crecí viendo las carreras del país porque no teníamos acceso a las de Estados Unidos. Yo admiraba mucho a Carlos Pizarro, Juan Carlos Díaz... pero siempre John Velázquez ha sido un gran ídolo; es el mejor jinete puertorriqueño a mi entender. Por eso una vez entré en la escuela de jinetes y empecé a ver más carreras de Estados Unidos solidifiqué mi admiración por John Velázquez", recuerda José Luis.

"Siempre me gustó mucho Joel Cruz, pero una vez crecí y conocí la carrera de John Velázquez --que es el mejor boricua de la historia-- intenté seguir sus pasos siempre. Por eso fue un placer conocerle al llegar aquí. Siempre me ayudó, desde el primer día en Estados Unidos. Es un hombre muy bueno, que siempre me da consejos y está dispuesto a ayudarte en todo lo que puede", añadió Irad.

Aunque sean dos hombres muy competitivos, Irad y Joselo Ortiz mantienen una gran relación como hermanos. Lejos de dejar que el mundo profesional altere la paz familiar, los hermanos se han convertido en grandes amigos y confidentes, que se apoyan mutuamente y que se dan consejos a menudo para que uno u otro consiga los mejores resultados posibles. Según Irad la relación no podía ser mejor: "Siempre estamos juntos. Nos llevamos muy bien y después de las carreras siempre él viene a mi casa o yo voy a la suya. En el track no nos tenemos piedad, porque los dos queremos ganar, pero al final del día somos hermanos".

"Puerto Rico es mi patria, estoy orgulloso de haber crecido allí y extraño mucho mi país, pero a nivel competitivo aquí es donde debo estar" Jose L. Ortiz, líder de los jinetes en EE.UU.

"Sabemos que esto es un negocio, y que debemos hacer lo mejor para los dueños para los que corremos. Pero una vez termina la carrera no tenemos ningún problema, nos llevamos muy bien, somos grandes amigos. Vivimos muy cerca y pasamos mucho tiempo en familia", acota José Luis.

"Es más, disfrutó cuando él gana. Si ha ganado es porque la carrera terminó, así que ya no puedo darle para atrás al tiempo y hacer nada, por lo que disfruto celebrándolo con él", asegura el pequeño de los Ortiz, mientras que Irad añade: "Si yo no gano, que gane él".

En una ocasión este año, ganaron los dos. El 25 de mayo, Joselo, al mando de Profiteer, e Irad, quien montaba al ejemplar Kurilov, finalizaron empatados en la tercera carrera de la jornada en Belmont Park y así se convirtieron, naturalmente en la primera pareja de hermanos que finaliza empatada en el primer lugar en un evento hípico.

En lo que también coinciden los hermanos Ortiz es en lo complicado que es mantener la trayectoria como jockeys profesionales, sobre todo si se quiere competir al más alto nivel. Es una profesión muy sacrificada, en la cual la dedicación debe ser máxima y en la cual no hay tiempo libre para nada. Por eso es algo que debe ser una vocación, una pasión, de lo contrario es complicado conseguir hilar una carrera larga. De momento, tanto Joselo como Irad han sido capaces de sobrellevar ese peso gracias, en parte, al apoyo de sus familias.

"El mayor sacrificio que hice fue cuando me vine a Estados Unidos. Dejé allí a mi familia, y aunque tenía a mi hermano aquí, fue difícil dejar atrás a mis padres, mi abuelo. Y a mi país, porque yo allí vivía muy bien", recuerda Joselo. "Mantener el peso es también muy complicado. Es quizás uno de los mayores sacrificios que debes hacer como jockey. Luego está el tiempo que sacrificas de estar con tu familia. Yo tengo una niña pequeña y estoy casado, pero hay días que estoy fuera de la casa más de 12 horas y eso te complica".

"Estar todo el año trabajando, pues no tenemos vacaciones, se hace muy duro. Además, es complicado estar alejado de tu familia", comenta también Irad. "Por suerte mi familia siempre me ha apoyado. Mi esposa y yo estamos juntos desde que empecé a correr, por lo que me ayuda muchísimo".

En ese aspecto, José Luis tiene una ventaja más: Se casó en 2017 con Taylor Rice, exjinete profesional que en 2014 fue finalista del Eclipse Award como mejor jockey aprendiz y que dejó su carrera en 2016 para casarse con el boricua, con quien tuvo una hija que nació en julio de 2017.

"Por suerte mi mujer también fue jockey, así que ella entiende lo que mi trabajo significa para mí y todo el tiempo que le tengo que dedicar".

Taylor no logró ganar el Eclipse Award --el mejor premio al que se aspira dentro del circuito-- cuando vivía subida a un caballo, pero en la casa de los Ortiz-Rice sí que hay ya uno de estos galardones. Lo ganó José Luis en 2017, lo que le reconocía como el mejor jinete del mundo, algo que al boricua le llenó de orgullo y de emoción.

"Fue un gran momento. Pensé en todos los sacrificios que he hecho, en mi tiempo en la escuela, en todo el trabajo que me ha llevado llegar a este momento y poder hacer realidad este sueño. Fue algo bien bonito y que pude compartir con toda mi familia, pues todo lo que yo hago es para que ellos estén orgullosos de mí", recordó emocionado el actual líder de la competencia de purasangres en Norte América. "Trabajo para ganar. Mi meta es llegar algún día al Salón de la Fama de este deporte y este tipo de reconocimientos pesan mucho en eso".

Sobre sus opciones de repetir este año, Joselo explicó: "De momento en 2018 voy delante, pero tengo que mantener el paso porque Irad viene por detrás muy cerca. Creo que después del Breeders' Cup podremos saber bien a ciencia cierta si me llevaré otra vez el Eclipse Award".

"Siempre estamos juntos. Nos llevamos muy bien y después de las carreras siempre él viene a mi casa o yo voy a la suya. En el track no nos tenemos piedad, porque los dos queremos ganar, pero al final del día somos hermanos." Irad Ortiz, sobre su relación con su hermano Joselo

Esta serie de carreras clásicas, que se llevará a cabo este año el 2 y el 3 de noviembre en Louisville, Kentucky, será la decisiva para definir --a buen seguro-- cual de los dos hermanos es el gran triunfador del año. Tanto Irad como José Luis le tienen mucho cariño a esta competencia y quizás este año se aún más especial, porque puede acabar definiendo sus años a nivel competitivo. Ambos jinetes son los más solicitados este fin de semana con 13 montas cada uno en las 14 carreras clásicas.

"Estoy trabajando muy fuerte para mantener este momento. Tengo la suerte de estar trabajando con buenos entrenadores y grandes caballos. No dudo que el resto de jockeys también están dándolo todo para encontrar su momento, pero yo quiero aprovechar el mío mientras dure", resaltó José Luis.

"La cosa está apretada porque José Luis ha ganado bastantes carreras Grado 1, como cinco más que yo, y en dinero me lleva como dos millones, por lo que es complicado. Pero yo soy un tipo positivo. Todavía quedan los Breeders' Cup y si cierro bien el año quién sabe si puedo ganarlo", comentó Irad, antes de acotar: "Pero si no lo puedo ganar que sea él quien lo gane".

Los hermanos Ortiz se han convertido en muy poco tiempo en dos de los grandes jinetes en la historia de la hípica, pero ellos siguen manteniendo los pies en el suelo, de una manera casi irreal dado el grado de impacto que están teniendo en el deporte en estos momentos.

Irad y José Luis no entienden de límites a la hora de competir. Es más, saben poner en valor todo lo que han hecho, todo lo que han logrado y todo lo que han luchado desde que eran dos jovenzuelos en Trujillo Alto soñando con ganar algún día el Kentucky Derby, hasta llegar aquí.

Por eso, nada mejor que mirar a su situación actual con el agradecimiento con el que ellos lo hacen, pues como bien sentencia Irad: "es un orgullo, como hispanos, poder estar logrando todo lo que estamos logrando en este deporte. Esto son bendiciones que Dios nos da --porque no todo el mundo puede hacerlo-- y estamos más que contentos de poder seguir disfrutándolo".