Real Madrid necesita a Lopetegui para la reconstrucción

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¿Julen Lopetegui se juega el puesto en El Clásico? (0:55)

Esta versión merengue es una de las peores de la última década. Hace más de cuatro partidos que no convierte, vapuleado por el Sevilla. No acierta a puerta. ¿Será un fracaso la temporada blanca? (0:55)

No importa cuántos titulares lo pidan en los diarios deportivos de España. Para Real Madrid, la solución no es despedir a su entrenador, Julen Lopetegui. Al menos, no es la solución indicada para el verdadero problema de los Blancos.

¿El presente del equipo puede convertirse en una excusa para que el inquieto Florentino Pérez jale el gatillo? Probablemente sí. ¿Esta sequía casi inédita de goles es carne de cañón para todos los zánganos con poca capacidad de atención e intereses egoístas que rondan los medios gráficos, radiales y televisivos? Lamentablemente sí, pero hay una forma mucho más clara de evaluar la situación de Madrid.

Después de todo, la decisión de despedir a un entrenador no debe tomarse después de ocho partidos de liga, no cuando los Blancos están apenas dos puntos detrás de Sevilla (que no encabeza La Liga por su cuenta desde la década de los '40), o empatados con el humilde conjunto de Alavés.

En otras palabras, es un momento fuera de lo común.

Y los mismos medios de comunicación que, sin excepción, se babearon con el Madrid de Julen Lopetegui cuando superó a Roma 3-0 en la primera fecha de la Champions League, perderían credibilidad si deciden sacar ahora sus hachas metafóricas.

Como publicó Diario AS sobre ese partido: "La misma Roma que hace cinco meses borró del mapa a Barça, impidiendo que [Lionel] Messi tocara la pelota, anoche fue arrasada por un conjunto que jugó como el Ajax en la década de los '70".

¿Qué dijo Marca? "¡Espectáculo blanco! Con actuaciones como ésta, no hay necesidad de recordar el pasado glorioso: Éste fue un recital de principio a fin".

Este fandango necesita algo de contexto; de otra manera, se perpetuará la insensatez.

En este mismo momento la temporada pasada, Real Madrid (que terminó ganando la corona europea por tercera vez en fila) estaba tres puntos y tres goles arriba. Difícilmente un abismo entre ese momento y ahora. Hace un año, ya habían perdido siete puntos en casa tras empates ante Levante y Valencia además de una derrota, por primera vez en un cuarto de siglo, ante Betis en el Bernabéu. Aunque habían anotado tres goles más en el octavo partido de liga y ganado los dos enfrentamientos de la Champions League en esas instancias, Madrid estaba a punto de aprender una dura lección en manos de Tottenham en los dos siguientes partidos de fase de grupos (un punto registrado y cuatro goles concedidos).

Y luego tocaron fondo – al igual que la experiencia de Alavés este fin de semana, uno podría decir -- cuando fueron superados en juego, anotaciones y velocidad ante Girona en otra derrota que, al igual que Mendizorroza, fue histórica a su propia manera.

Hace un año, las cosas se iban a poner incluso peor de lo que están ahora. Pero, por favor, no confundan este análisis con alguna especie de apoyo ingenuo a Julen Lopetegui. Real Madrid está enfermo, pero no debido a él y no porque haya enfermado de repente. Hay causas temporarias e inflamatorias.

Cualquiera que argumente que Isco y Dani Carvajal (y, de hecho, Marcelo a pesar de sus fallas) no son vital para la manera en la que este equipo se ha construido, no sabe nada de fútbol, no ha estado prestando atención o tiene intereses personales que interfieren con su opinión.

Carvajal, entre sus muchas cualidades, es un competidor brutal. Mas allá de su ritmo y potencia, tiene un estilo agresivo parecido al de Sergio Ramos y el deseo de ganar. Créanme cuando digo lo importante que es eso en el fútbol de elite moderno, mientras que los sueldos abultados a veces hacen que la sed de victoria de algunos se vea apaciguada.

Sin Carvajal, Madrid tiene un toque más suave. Lo mismo va para Marcelo. El internacional brasileño ha comenzado esta temporada fuera de forma y más autocomplaciente defensivamente. Pero mientras que este equipo tiene dificultades para anotar, su falta de estado físico o su ausencia mental han sido un factor debilitante importante.

Y luego está Isco: "el Señor Solución". Él es un jugador mucho más dotado que Luka Modric, y teniendo en cuenta que es más joven, supera a sus oponentes con más facilidad, anota más y genera más chances de gol, ¿si es mejor que "The Best", pueden ver la importancia que tiene para Madrid?

Lejos, el factor más importante, sin embargo, es la ausencia de Zinedine Zidane. Y no necesariamente, Zidane el entrenador. Si, por alguna clase de milagro el francés se viese tentado para regresar y reemplazar a Lopetegui, los problemas fundamentales no se verían resueltos. Eso es precisamente lo que él le había advertido a Florentino Pérez y al staff de Madrid cuando se marchó en mayo.

La filosofía de fútbol de Madrid no está desarrollada ni codificada. No hay un libro sagrado sobre el cual recostarse: "Encuentren a los mejores jugadores del mundo y cómprenlos”.

Por lo que la pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿Cuál sería la estrategia si él – en este momento léase Neymar – no estuviese a la venta?

En los últimos años de Zidane en el Bernabéu, su magia dio lugar a que la división de fútbol volara. Pérez está convencido de que Madrid puede ser manejado con sabiduría y excelencia. Quizá, en un sentido de negocio puro, tenga razón, pero cuando se trata de los variados roles de Zidane -- director de fútbol, entrenador asistente, entrenador juvenil, gurú del mercado de transferencias y, finalmente, entrenador en jefe – el francés trajo justamente los elementos que faltaban en el feudo de Pérez.

Zidane vio a Isco y Raphael Varane por lo que eran: incorporaciones esenciales. En el caso del último, él convenció al presidente de Madrid en contra de su voluntad y en el caso de Varane, convenció al jugador de que no se sumara a Manchester United.

También fue Zidane quien mantuvo a Karim Benzema por el camino apropiado durante sus momentos complicados en los que estuvo fuera de la cancha y reeducó al delantero con respecto a su dieta para conservar su estado físico. A Zidane hay que darle crédito por crear y conservar la mejor atmósfera de trabajo en las instalaciones de práctica de Valdebebas.

Las sesiones de práctica eran elaboradas específicamente para cada uno de los objetivos que se proponía trabajar: eran técnicamente muy interesantes, divertidas y competitivas, con el trabajo haciendo hincapié en desarrollar las habilidades que más les gustaba practicar. (Piensen en los disparos al arco, por ejemplo, y verán que ahora rara vez dan al objetivo desde largo alcance desde que Zizou se marchó y cambiaron las prioridades en el entrenamiento).

La vida en Valdebebas no estaba masivamente orientad alrededor de las tácticas y eso no les molestaba a los Blancos. ¿A qué grupo de jugadores no les agrada que les digan: "¿Son un grupo de talentos increíbles, simplemente entren en la cancha y superen a sus oponentes con inventiva, técnica, experiencia y habilidades tácticas?”.

Zidane tomó un escuadrón que estaba repleto, lleno de comida e indigestado, lo inyectó con energía, ambición, ganas de disfrutar y sed de victoria. Lo completó en términos de ambición, salarios, reputación y trofeos.

Lo que logró, en términos de su relación con la dirigencia (el presidente Pérez), inspirando a su escuadrón, guiando algunas de las políticas de transferencias y asegurando que sus jugadores estuvieran mentalmente listos cuando llegara el final de la temporada no fue sólo excepcional, sino que cambió la manera en la que se dirigía el club.

Zidane, mientras que siguió siendo entrenador y ya sin tanta influencia en el mercado de pases, no estuvo de acuerdo con la obsesión de Florentino Pérez de incorporar a un portero de renombre. Él intuía, tal como se puede ver en la confianza que demostraba tener en ellos, que el plan de la presidencia del club que era invertir en las jóvenes promesas españolas -- Theo Hernández, Dani Ceballos, Martin Odegaard, Vinicius Jr., Rodrygo, Andriy Lunin, Borja Mayoral, Marco Llorente, Jesús Vallejo, Álvaro Odriozola, Mariano Díaz, etc. – iba en la misma dirección que las demandas de Pérez de que Madrid ganara el título y siguiera siendo un equipo dentro de los mejores dos o tres en la Champions League. Y estas demandas son contradictorias.

Lopetegui puede terminar siendo el entrenador adecuado para Real Madrid o no, pero lo cierto es que todavía le falta un director de fútbol moderno y tiene un equipo de super estrellas que tienen 30 años o más y como institución es uno de los equipos más complicados cuando hablamos de sostener una posición de poder.

No sería la primera ni la última persona en sufrir la enfermedad del “lugar indicado en el momento equivocado”. Pero se ha convertido en el compromiso inquebrantable de Pérez, mientras que expresó durante la presentación de Lunin y Vinicius, que Madrid iba a seguir invirtiendo en las jóvenes promesas.

Después de culpar al cambiante mercado de transferencias, sus palabras fueron elegidas cuidadosamente. "Poco a poco, estamos estableciendo los cimientos del presente y futuro de nuestro equipo. A la existencia de nuestro gran equipo, queremos incorporar el joven, pero indiscutible talento que dominará el fútbol en los años venideros, jugadores que ya han demostrado capacidad y que aspirarán a lograr el máximo con nuestra camiseta”.

Es meritorio, y espero que rinda sus frutos, pero honestamente, también lo es que Madrid sería capaz de pagarle a Neymar si él llegase a estar disponible en el mercado.

Zidane no quería comprometerse con temporadas extenuantes, tormentosas o amenazantes mientras que el escuadrón se reforzaba con "potencial”, cuando las estrellas que ya estaban en el equipo se esfumaban en su zona de confort en cuanto a sus lugares en el XI titular. Teniendo en cuenta su éxito con los trofeos con los equipos juveniles españoles, ¿hay un entrenador mejor calificado que Lopetegui para supervisar la incorporación gradual de talentos jóvenes (y sobre todo españoles)? Podríamos decir que al menos, es algo dudoso.

Este no es momento para que Madrid despida a su entrenador. Lo que vemos es una maquina tradicional que necesita que se la desarme y reconstruya, y todo eso por pedido de Pérez. Eso puede llegar tiempo y puede ser doloroso, Zidane no está para agregarle su magia personal y se requiere de del conocimiento que Pérez no posee. Además, al menos hasta el final de la temporada, debería permanecer con Lopetegui, el hombre que él eligió para que lidie con los resultados de su política.