El camboyano Kuniaki Takizaki es penúltimo en el maratón, pero feliz

RÍO DE JANEIRO -- El camboyano Kuniaki Takizaki llegó a la meta del maratón olímpico cuando hasta la lluvia se había ido del sambódromo de Río de Janeiro. Acabó doblado por el dolor, pero aún así proclamó estar viviendo el día más feliz de su vida.

"Estoy hinchado de felicidad, he llegado a la meta del maratón de los Juegos Olímpicos. Nada es tan lindo como esto", dijo Takizaki, penúltimo corredor en llegar a la meta con tiempo de 2h 45:55.

El hombre de 39 años nacido en la ciudad japonesa de Chiba era un comediante que imitaba a los gatos en su país de origen, sin embargo, soñaba con participar en unos Olímpicos y emigró a Camboya. Hace cuatro años estuvo a punto de hacer real la quimera y fue este domingo cuando lo consiguió.

Takizaki llegó con una sonrisa en los labios que contrastaba con sus ojeras y su cara de deshidratado y luego dijo sentirse campeón por haber pisado la meta del maratón de los Juegos.

La historia del asiático llegado en el lugar 139 fue una de las más humanas entre los que corrieron hoy los 42 kilómetros y 195 metros en Río y después reconocieron la prueba de maratón como una especie de principado del deporte moderno en el que funcionan como leyes los conceptos alegría, solidaridad y agradecimiento.

"No todo es ganar medallas. He perdido mi título olímpico de Londres 2012, pero lo di todo y en el maratón casi nunca la misma cosa sucede dos veces. Llegar es una fiesta siempre. Me tocó ganar en 2012 y fue hermoso, ahora entré decimocuarto y lo sigue siendo", explicó el ugandés Stephen Kiprotich.

El africano tuvo dos años de leyenda al ganar los pasados Juegos Olímpicos y un año después conquistar el título en el Campeonato Mundial de Atletismo de Moscú, mismo que le fue arrebatado el verano pasado por el eritreo Ghirmay Ghebresslasie, colocado cuarto este domingo con 2h 11:04.

Según el joven de 20 años, la fama le llegó temprano, lo cual lo puso en el centro de atención en los Juegos, pero hoy no sufrió presión, porque salió a recorrer el camino que es la meta primera que siempre se traza, aunque, por supuesto, luego planifica hacerlo de la manera más veloz.

"Estoy orgulloso. En mis primeros Olímpicos no he desentonado, las medallas son buenas, quería una, pero la felicidad en este deporte no tiene que ver con ellas", sostuvo Ghebresslasie.

El maratón olímpico comenzó el domingo bajo la lluvia y fue ganado por el keniano Eliud Kipchoge con 2h 08:44. A su sombra llegaron decenas de hombres con quejas de dolor, pero agradecidos por el humilde acto de correr hasta llegar.

Alberto Salazar, estadounidense ex plusmarquista mundial y campeón de los maratones de Nueva York y Boston, reconoció que la prueba es la más simbólica de los Juegos Olímpicos de la antigüedad y en los tiempos actuales, la meta primera de los corredores es superarse a sí mismos, al calor, la humedad y al cansancio.

Su teoría coincidió con la del panameño Jorge Castelblanco, clasificado en el lugar 135, quien reconoció que en el maratón los rivales no lo son tanto y por eso entre ellos se ayudan, se pasan el agua y la esponja.

Es esa la idea que trató de explicar Kuniaki Takizaki, quien abandonó su país de origen para irse a vivir a Camboya, porque en esa nación le iba a ser fácil llegar al maratón olímpico y, una vez allí, confiar en que su sueño, llegar, se hiciera verdad.

"El dolor siempre va a estar, pero yo elijo si sufro o no", alegó el penúltimo romántico del maratón olímpico, quizá sin darse cuenta que repitió con otras palabras una frase del escritor japonés Haruki Murakami, seis veces corredor del maratón de Boston.