Apagan el fuego olímpico en Río de Janeiro

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RÍO DE JANEIRO -- Río 2016 cerró como abrió, pero cientos de medallas después y millones de emociones vividas.

La ceremonia de clausura de nuevo fue un recordatorio de la alegría, color, sabor y música de un país como Brasil, que fue un excelente anfitrión de los Juegos Olímpicos, mejor aún que la medida de sus posibilidades.

La música carioca, brasileña, tuvo un rol fundamental en la fiesta final, que trasladó a miles de personas en el legendario estadio Maracaná y muchos más televidentes a escala mundial, al alma y corazón de las identidades de una cultura como la brasileña.

Desde un espectacular conteo regresivo hacia el arranque de la celebración, quizá sólo entristecida por la lluvia que antes, durante y después caía sobre el estadio, hasta el más puro de los homenajes a los protagonistas principales, los deportistas, pasando por el protocolo obligatorio en este tipo de festividades, la clausura fue un éxito, como fueron todos los Juegos.

El himno nacional fue entonado por 27 niños, que representaron a los 26 estados más el Distrito Federal de Brasil, como apunte hacia las nuevas generaciones.

Después aparecieron los héroes de los Juegos, encabezados como siempre por la bandera de Grecia, cuna de los Juegos Olímpicos.

Los atletas fueron acompañados por bailarines, músicos y hasta DJs que los pusieron a bailar al ritmo de un estadio que los idolatró de principio a fin.

Hubo tiempo para la nostalgia de unos Juegos que desde el 5 de agosto vieron pasar héroes y leyendas como la de Simone Biles, abanderada estadounidense para la Clausura; Michael Phelps, quien si fuera una nación estaría colocado en el lugar 39 de todos los tiempos en acumulación de oros (23); Usain Bolt y muchos más.

También por votación popular fueron presentados los principales protagonistas de Río 2016, entre una muestra representativa de atletas.

Los mejores momentos fueron transmitidos en las pantallas gigantes del Maracaná, que apenas una noche antes había vivido su momento más glorioso con el campeonato de fútbol, el único que les faltaba a los brasileños en sus vitrinas.

Así Río 2016 apagó su flama olímpica y se despidió del mundo. Y Tokio 2020 tiene ya la estafeta para comenzar su conteo regresivo.