Ensayo sobre el regreso según Al Horford

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¡Horford lideró la remontada de los Celtics contra los Bucks en Playoffs! (2:07)

El dominicano fue clave en la victoria 116-108 con 30 puntos y 8 rebotes, mientras que Tatum aportó 30 tantos. En Milwaukee, Giannis Antetokounmpo fue bestial: 34 unidades, 13 tableros y 5 asistencias. La serie quedó igualada 2-2 y vuelve a Boston. (2:07)

Al Horford recibe el balón y ataca el aro con la amenaza latente de Giannis Antetokounmpo. Hace un paso, dos, y vuela para provocar el alarido que se extiende desde Puerto Plata al mundo.

El griego, el atleta más importante del planeta, queda desparramado en el piso. Es un golpe a la mandíbula que desencaja a los que juegan, a los que miran, y que anticipa el nocáut de lo que vendrá después.

Se trata, sin dudas, de una jugada memorable, un brinco extraído de manuales de otra época, pero al mismo tiempo es una acción que trae consigo una carga simbólica evidente: es el mundo que se está yendo diciéndole al de hoy que todavía tiene cosas por decir. El pasado aferrándose al presente para todavía ser, el futuro detenido por un arranque pasional.

Horford dibuja sin saberlo un túnel en el tiempo que nos transporta: ¿quién dijo que todo está perdido?

Volver a alguna parte. Resurgir. Regresar al lugar al que fuimos felices al menos por un rato. Un chispazo de energía en el que confluye lo de antes con lo de ahora, los jugadores que fueron y ya no son, los que estuvieron antes y ya no están. Horford entrega, entonces, mucho más que un salto acrobático inesperado; es un ticket dorado al país de las últimas cosas. A un instante que parecía extinguido, a un básquetbol que se extraña todos los días pero que sin embargo está ahí, a una jugada de distancia, para abrazarlo y volver a sentirlo en plenitud.

Esta es la historia de un regreso mágico. El Ave Fénix elevándose de las cenizas para dominar el escenario una vez más. De talento abandonado por las mayorías a pieza fundamental en Semifinales de Conferencia. El arcón que se abre para devolver el objeto que nos hizo vivir como nunca antes. El príncipe extraviado que toca la puerta para reencontrarse con su amada. Aquí estoy de nuevo, estas son mis reglas y así se jugará esta noche. La enseñanza, la lección, queda entonces al descubierto: nunca permitas que alguien te diga lo que puedes o no puedes hacer. No permitas que nadie se atreva a decirte si eres capaz o no de hacer algo en esta tierra.

Horford es mucho más que sus 30 puntos y ocho rebotes en el triunfo de los Celtics para igualar la eliminatoria. Es símbolo de una idea que motoriza la acción. El ejemplo perfecto de que las cosas no terminan hasta que terminan. Que mientras haya tiempo en el reloj siempre habrá posibilidades de girar la historia. El básquetbol, en esto, se distancia de cualquier deporte.

"No alcancé a entender lo que dijo, pero la manera en que me miró no me sentó bien. Y eso me hizo avanzar", dijo Horford sobre la volcada de Giannis que derivó en una falta técnica y devolvió a Boston al partido. La acción que provoca la reacción. El volcán apagado y la combustión que despiertan la erupción. La acción provocadora de Antetokounmpo ayer, el olvido de Sam Presti en Oklahoma City Thunder tiempo atrás. Solo se necesita una motivación para recuperar la llama.

Horford, nave insignia de un básquetbol analógico que transita el epílogo, avanza contra todo y contra todos. Representante de una era que combate a diario el desapego, la impaciencia y las relaciones líquidas, su regreso es mucho más que un regreso: envejece solo quien tira la toalla antes de tiempo.

Caer es el primer paso para levantarse. No tan rápido, queridos amigos.

Aún no escuché la campana.