La Chica del Banquillo: No con Dave

ESPN

Los Dodgers con Dave Roberts son como Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Un equipo con múltiples personalidades

Cuando Kenley Jansen subió a la lomita, para cerrar en la novena una corta ventaja ante los Rays, no se sabía que esperar. Las últimas actuaciones del derecho suelen ser una moneda al aire. Y así lo fue. Perdió a Randy Arozarena con dos outs y le regaló la primera base. Le tuvo miedo a los ojos de tigre del cubano, que amenazaban con repetir el cuadrangular que había conectado a Julio Urías en el cuarto episodio. Del otro lado, un dubitativo Jansen notoriamente nervioso. A partir de allí la historia fue otra. Apareció el héroe inesperado. Un Brett Phillips que no había tomado turno desde el 7 de octubre.

Su primer turno en Serie Mundial lo tenía en cuenta de 1-2. Jansen solo necesitaba un strike más para que los Dodgers se fueran a dormir con un esperanzador 3-1 al mejor de 7. Pero Phillips tenía el plan de quien no tiene nada que perder y apuesta todo en la mesa. Conectó una línea que cayó por el jardín central. Y a partir de esa acción se desencadenó el final más loco que hemos visto en un juego del Clásico de Otoño.

En los jardines, Taylor se complicó la existencia. Muncy intentó poner la pelota en el home. De hecho, lo logró. Entró la carrera del empate con Kiermaier y Arozarena se resbaló en su camino al plato. Will Smith tenía la bola y la perdió. El cubano, que se iba a regresar a tercera, llegó gateando al home y tocó insistentemente el plato, como quien quiere comprobar que no está viviendo un sueño. Diciendo: si estoy dormido, es el momento de despertar. Y no. Los Rays habían consolidado el walk off más rocambolesco de la historia.

Eso sí. Los anotadores le señalaron error al jardinero Taylor. Muncy hizo lo que pudo en el lanzamiento al plato. Y Smith la dejó caer. Pero fue Dave Roberts el que se equivocó, en primera instancia, en encomendar a Jansen el cierre de ese cuarto partido. En una serie de errores que pasan por sacar a Urías sin completar los cinco episodios y una retahíla de etcéteras que traen los peores déja vu de pasadas series mundiales a los fans angelinos. Los Dodgers con Dave Roberts son como Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Un equipo con múltiples personalidades. Capaz de mostrarse sobrado, todopoderoso e imbatible en el juego 3. Y desinflarse en una cadena de errores en el siguiente partido. No con Dave. No. Las decisiones de Roberts alejan el trofeo de la Serie Mundial.