Ochoa mantiene vivo al América

LOS ÁNGELES -- Fue un cabezazo brutal de Nico Ibáñez, un martillazo seco, con el reloj ya desangrándose en el alargue. El bólido, abajo, a la izquierda, donde sufre todo arquero, donde les rechinan las coyunturas a los guardametas, especialmente, a los que se acercan a los 37 años. Ahí, entre el milagro y el instinto, entre lo felino y lo intuitivo, apareció el manotazo de Guillermo Ochoa. El Estadio Azteca entero debió resoplar, debió bufar con ese sonido confuso del alivio y la supervivencia.

El marcador también resoplaba. 1-1. Así permanecería, trémulo, pero quieto, luego de ocho minutos de compensación. Ochoa, el que provoca escalofríos cuando sale por balones elevados, demostró que como atajador es el número uno. Y por él, el América también resopla.

No hay nada escrito para el Juego de Vuelta. El 1-1 y el reglamento, bendicen a los Tuzos del Pachuca. Sin embargo, el América confirmó que después de su naufragio en la era aciaga de Santiago Solari, no piensa morirse en la orilla.

El veredicto tiene firmas formales de Diego Valdés y del mismo Nico Ibáñez. El chileno tuvo dos oportunidades más de marcar. Una de ellas la acunó Óscar Ustari y la otra terminó en la Calzada de Tlalpan.

América genera oportunidades, pero sigue resignado a que Federico Viñas y Henry Martín desperdicien. Y eso marca diferencia, porque Nico Ibáñez suma 14 goles en el torneo, cinco de ellos en Liguilla. Unos cazan con mastines y otros con gatos.

El trámite resultó agradable. Porque Pachuca no renuncia a esa forma generosa, osada, suicida, casi, de respetar el futbol con su esencia de embellecer el deporte. Y América decidió responderle sin temores, sin escrúpulos, pero sin descuidos.

Las Águilas han llegado a un punto de quiebra. Catorce juegos y sólo una derrota. En un paralelismo, con el #Vocholari del Indiecito, quien en sus últimos catorce partidos alcanzó sólo una victoria. Por eso, en esa brava resurrección, América no sabe lo que es claudicar.

Pachuca tiene un bono extra que debería ser ejemplar en el futbol mexicano. Una fe enorme de Guillermo Almada en el jugador nativo. A su mexicanísimo triángulo equilátero en defensa y media cancha (Álvarez, Tapias, Aceves, Chávez, Guzmán y Sánchez), le agrega sin empacho a dos más en el relevo, que cerraron acordonando y presionando a Las Águilas: Fernando Navarro y Bryan González.

En tanto, al #TanoTesla de Ortiz no le duele absolutamente nada, excepto que sus bayonetas tiene la punta roma: es más peligroso el cuchillo del juego de té de Barbie que Viñas y Henry. Acaso, también, la evidencia de que Pedro Aquino no está en su mejor forma. Acusa imprecisión y llega una milésima de segundo tarde a jugadas de alta precisión en cobertura y disputas uno a uno.

Pero, con un Roger Martínez al que le urge convencer de que le alarguen el contrato, más la devoción de Álvaro Fidalgo, Alejandro Zendejas y el mismo Valdés, el equipo discurre de posibilidades ofensivas, ya con mayor tranquilidad, tras recuperar la zaga orden y seguridad, y, sabiendo que en condiciones extremas, aparecerá Guillermo Ochoa, como lo hizo en tres ocasiones la noche de este jueves.

Para bendición del juego mismo, el trabajo de Jorge Pérez Durán fue, extrañamente, aceptable. Incluso el penalti contra el América fue una decisión quirúrgica junto con el VAR. Era evidente el contacto de Jorge Sánchez con Avilés Hurtado.

Siguen escatimándose, en algunos casos, las tarjetas amarillas para evitar rojas precipitadas. Una decisión sabia, pero que debería prevalecer en la fase regular del torneo y no sólo en la Liguilla. Pero, recuérdese que las recaudaciones a lo largo de la competencia, por amarillas y rojas, es una forma generosa de engordar el cochinito de la Comisión Disciplinaria.

Así, mientras América está obligado a ganar en la Vuelta en el Estadio Hidalgo, el empate colocaría al Pachuca en la Final. Pero, el libro sigue en blanco, aunque el bolígrafo esté en poder de los Tuzos. Lo más sensato y estimulante es que detrás del suspenso para el desenlace del próximo domingo, es que deberá llegar un juego aún más intenso que el de este jueves por la noche.