Tigres, con taquicardias y el Atlas, sorbiendo té

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Listos los semifinalistas, ¿Quién es el favorito para llevarse el título? (1:28)

Nuestros expertos de Futbol Picante nos dan su Power Ranking de los favoritos entre América, Pachuca, Tigres y Atlas para coronarse en el CL22. (1:28)

LOS ANGELES -- Tigres, con soponcios y Atlas casi con bostezos, pero ya son semifinalistas y rivales directos. América y Pachuca protagonizan la otra contienda.

Chivas y Cruz Azul comparten epitafio: quisieron, pero no pudieron, porque no supieron. No les faltó intención, pero sí orden, inteligencia, frialdad y recursos estratégicos desde la banca.

Irónicamente, los dos tuvieron un hombre más que sus adversarios. Atlas perdió a Jeremy Márquez y Tigres a Javier Aquino, pero no supieron capitalizarlo ni el Rebaño ni La Máquina, que tuvo todo un segundo tiempo para aprovechar esa ventaja.

El Atlas, que ya no juega a lo Atlas (Academia, Niños Catedráticos, etc.), pero juega a lo campeón, pasó de un primer tiempo cauteloso, ordenado, sin concesiones, a un arranque poderoso e inesperado en el segundo tiempo, con tres bestias incontenibles como Julio Furch, Julián Quiñones y Aníbal Chalá y el poderoso liderazgo de Aldo Rocha hasta que llegó la roja a Márquez y se olvidó del carnaval.

Tigres, en cambio, sufre la expulsión de Aquino y para el segundo tiempo, monta una trinchera que sufrió dos balones en el poste izquierdo de Nahuel Guzmán, pero que nunca arredró ante un Cruz Azul que pasó de amenazador a amenazado por su propia desesperación. De eso podrá estar orgullosa su gente, respetaron su propio lema: un Tigre no deja solo a otro Tigre.

Dos formas muy diferentes de enfrentar la inferioridad numérica. Atlas se pertrechó y sólo permitió el gol de José Juan Macías para hacer más dolorosa la agonía de Chivas. Tigres, en cambio, hizo un par de ajustes y trató de mantener bajo asedio a La Máquina a base de contraataques.

Atlas terminó agobiado, pero sin taquicardias, más bien, casi con bostezos, porque Chivas hilaba e hilaba, pero se enredaba en su propia maraña sin una embestida más allá que esa de Macías. Merodeaba el área rojinegra, pero no lanzaba ni una piedra la puerta de Camilo Vargas.

Tigres sufrió y sufrió bastante, pero menos de lo esperado, porque a Juan Reynoso se le fueron trabando los cambios, por indecisión, por falta de ideas a pesar del plantel tan rico del que dispone.

La mejor muestra del padecimiento de los momentos calamitosos de Tigres fue la estampa final de André Pierre Gignac. De rodillas, con los brazos al cielo, evocando a los dioses de sus antepasados gitanos por haber salvado la zalea felina, mientras se estremecía El Volcán cuando se colapsó el reloj y con él, la angustia, los temores y las ansiedades.

Clasificados ambos, y como rivales, vendrán horas frenéticas de estudio. No hay duda: hoy, hay más orden, oficio, solidez de equipo en el Atlas ante esos momentos de desorden y disipación en los que cae Tigres y que aún Miguel Herrera no logra solucionar.

Además, El Piojo debe preocuparse: en los dos partidos de liguilla ha sufrido expulsiones, la de Nico López y esta vez la de Aquino. Una calamidad de esas ante estos Zorros prácticos, redimidos, sería una fatalidad.

¿Los eliminados? Más habrá que lamentar en Cruz Azul que en Chivas, aunque ninguno supo aprovechar la ventaja numérica.

Entiéndase algo: los dos estaban muertos ya y no tenían nada qué perder. Aún así, tanto Ricardo Cadena como Reynoso demoraron en tomar decisiones dramáticas, suicidas casi, pero eran imprescindibles. Insisto, ya estaban condenados ambos. Ya nada podía ser peor.

Tanto Chivas como Cruz Azul se asoman a la incertidumbre. En unas horas, o días, tomarán decisiones sus directivos. Tiene mejores bonos Cadena que Reynoso, porque, evidentemente, hay una diferencia abismal de inversiones y plantel.

En ambos casos, en Verde Valle y en La Noria, la pregunta obligada y desesperada es si quienes deben tomar decisiones están capacitados para hacerlo, porque en ninguna de las dos directivas ha habido en el último año una lucidez que lo garantice.