Peláez, Chivas, y su homenaje a la impotencia

play
Hugo: 'A Chivas le hace falta un líder, desde su drección técnica' (4:02)

Hugo Sánchez analiza el momento del Rebaño (4:02)

LOS ÁNGELES — Compareciendo en dos universos distintos, en Chivas se mantienen las mismas dudas: no avanza, retrocede. No crece, se empequeñece, se enaniza, se encoje.

1.- Su crisis de cancha sucumbe patéticamente ante otra crisis, como la que vive el Galaxy, en un torneíto que estorba a todos, menos a los voraces organizadores. Pero, el Guadalajara llora por dentro, llora hacia afuera, y hace llorar por como juega y por como pierde.

2.- Su crisis a nivel dirección deportiva sucumbe ante otra crisis: la del colapso de promesas. Ricardo Peláez sale del enclaustramiento médico y moral, para decir que ha hecho de todo, sin conseguir nada. Una oda a la impotencia; un homenaje a la auto castración, a la renuncia, a la rendición, a la deserción.

Dos universos distintos, un fracaso simultáneo. Los que pueden y saben, presuntamente, pero no quieren, humillados con un piadosos 2-0 en Los Ángeles. Otro, que se suponía que sabía y que podía, humillado por sus juramentaciones.

Ricardo Peláez, en charla difundida por Chivas, asegura que hubo un momento en que renunció al puesto. Amaury Vergara rechazó la oferta. Su padre, Jorge Vergara, la habría aceptado de inmediato.

La duda es si Amaury lo hizo porque creía en el proyecto de su director deportivo, o porque entró en pánico bajo el estresante “¿y ahora quién podrá defenderme?”, y cobijarse en el “más vale malo por conocido, que…”.

Honesta la postura de Peláez. Ese día que presentó su renuncia –y esto es irrefutable--, reconoció su fracaso y su incapacidad para revertirlo. ¿Por qué? Hay dos perfiles. Ayúdeme, Usted elija el suyo.

1.- ¿Debió insistir Peláez un poquito más, insistir de verdad, echándole más ganitas en esa renuncia? Si no lo hizo, revela astucia.

2.- ¿O sólo fue un chantaje emocional al Júnior, para hacerlo tambalear y fortalecerse el mismo Peláez en su puesto? Si lo hizo así, revela aún más astucia, casi un bisoño aprendiz de Maquiavelo.

Porque el mismo Peláez lo deja traslucir en la charla con David Medrano para NotiChivas. “No voy a estar renunciando cada quince días”. El día en que Amaury lo retuvo, lo blindó, lo inmunizó. Es decir, le dio carta abierta a la reincidencia del fracaso.

Queda claro, entonces, que desde ese día en que presentó su renuncia, hasta hoy, lo que ha hecho Peláez ha sido darle versatilidad al caos. Sólo ha diversificado los matices de la incompetencia. La mona, aunque se vista con excusas de seda, mona se queda.

Peláez habla de la falta de personalidad, de liderazgo, de carácter, de temperamento, no sólo entre sus jugadores, sino como una pandemia que infesta en general al futbolista mexicano, porque ocurre, dice, “no sólo en Chivas, sino en selección nacional”.

Dicho está que es más peligrosa una manada de ciervos dirigida por un león, que una manada de leones dirigida por un ciervo. Con semejante reflexión, hay otra confesión del director deportivo de Chivas: en el redil rojiblanco sólo hay huidizos ciervos, dirigidos por otro huidizo ciervo, y hablo del trono acéfalo de liderazgo que comparten el equipo y OmniLife.

Parecería que en el Guadalajara se confabulan dos despiadados momentos de la vida: la senilidad y el Síndrome de la Adolescencia Eterna. ¿Se ha ablandado Ricardo Peláez para semejante desafío? ¿Aún no se ha endurecido Amaury Vergara lo suficiente para semejante desafío?

El director deportivo enlista otra de sus derrotas. No logra someter a sus jugadores a una disciplina estricta. Ya no se trata sólo de los tours por el Calatrava, los salones de masaje, las trasnochadas en los cortijos, o los brindis con vodka sabor a tamarindo. Ahora, lamenta la esclavitud del jugador hacia las redes sociales.

Pero, es evidente que Peláez elige apapachar a sus futbolistas, antes que imponer a rajatabla una solución. Un ejemplo: el tipo más alucinante y nefasto para Chivas, ya abandonó el redil. Hoy, La Chofis López tiene hasta tres sesiones de entrenamiento en Pachuca. Le controlan diariamente el peso, lo que come y lo que bebe. No hay contemplaciones, ni nalgaditas, ni arrumacos, como en el Guadalajara.

Peláez implora, suplica, en lugar de imponer, de ordenar, de ser necesario, con una disciplina castrense. Ya debería haber entendido que sus jugadores necesitan un sargento ciclotímico, no un capellán o una hermana compasiva de la caridad.

Pero, justifica su incapacidad para el liderazgo, refugiándose en que es un mal nacional del jugador mexicano. Entonces, como es “mal de muchos, que sea consuelo de…”. Precisamente, uno de los detalles que más enervaba a Jorge Vergara, el conformismo por rendición.

Más allá del estorbo, de la inutilidad del juego ante El Galaxy, y ese bochorno innecesario, El Guadalajara tiene su verdadero juicio sumario ante Mazatlán, un equipo donde pulula el cinismo, donde hay algunos mercenarios oportunistas, que ante adversarios de peso mediático como Chivas, tienen su gran epifanía, y de repente despiertan de su etílica modorra, los Benedetti, los Fabián y otros más.

Ricardo Cadena, el hilandero de las hazañas en el torneo anterior, hoy es la mítica Penélope con artritis en las manos. Teje y desteje, hila y deshila. Sus ensayos en la cancha no prosperan. Chivas no gana. Defiende bien, pero es dispendioso en los errores al ataque, erra penaltis, desperdicia jugadas en posesión y posición de gol, y cuando a la chiva flaca se le cargan las garrapatas arbitrales, le anulan golazos.

Después del mea culpa a través de sus propios canales, Ricardo Peláez, daría un viso de esperanza. Es decir, ha identificado sus errores, todas las áreas en las que ha fracasado, y todos los colosales pendientes que tiene. Supuestamente debe viajar a Mazatlán y reencontrarse con sus dolientes peregrinos.

Desde mi profunda ignorancia, un consejo: deja la seda, Ricardo, toma el látigo. Y de ser necesario, deja la ternura y la tersura y saca el improperio. Velo así, Ricardo, no tienes una sino 23 variantes de La Chofis. Y en Pachuca te están enseñando como debiste hacer las cosas desde 2019, cuando llegaste con la audaz y precipitada charlatanería de muchos títulos y pocas bilis.