Uno: la gloria sin Cristiano; otro: el infierno con Messi

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Sufrido triunfo de oro para el Real Madrid (1:13)

Con un gol de penalti, el equipo merengue vence a un complicado Getafe y amplía la distancia sobre el Barcelona en el liderato de LaLiga. (1:13)

LOS ÁNGELES -- Real Madrid aprendió a vivir sin Cristiano Ronaldo: ¿Síntoma de evolución? Barcelona no aprende a sobrevivir aún con Messi: ¿Síntoma de involución?

Y la Casa Blanca empezó este jueves a diseñar el espacio para esta nueva damisela, la 34 –que ya extrañaba--, en su harem. Barcelona, con bufido de frustración, apagó la luz en la sala de trofeos. El museo, como el club entero, está en remodelación.

1-0, sobre Getafe. Sergio Ramos, contradiciendo su look de sanguinario, tocó con sabio sosiego, abajo, suave y a su derecha. Ahí, en el manchón de las grandes épicas y desgracias, lo había instalado una jugarreta de Carvajal chamaqueando a Mathías Olivera.

Real Madrid aún no es campeón. La aritmética no se lo permite. Tiene cuatro puntos de ventaja sobre Barcelona, que son pocos en el futbol, pero parecen demasiados ante el aquelarre que se vive en la cancha, en el vestuario, en las oficinas y en el entorno catalán, apestando a un clima de linchamiento.

Insisto: mérito especial tiene reverdecer laureles cuando su más emblemático jugador, Cristiano Ronaldo, ya sólo tiene un aposento en el museo de la nostalgia, pero dejó de ser un espectro inquietante en las tertulias incómodas de las comparaciones.

Mérito de Zinedine Zidane. Ha exorcizado los pucheros melancólicos suspirando por el grandísimo recorrido del portugués, y ha regresado la seriedad a la cancha. Cristiano Ronaldo tendrá su altar, pero hay otros ahora, discretos labriegos, construyendo nuevas capillas en La Casa Blanca de Madrid.

Los Merengues probaron ante Getafe del merengue amargo que les esperará en cada uno de los restantes cinco partidos. Vestirán la gala del blanco, pero el verdadero atuendo es el rústico del hortelano. A punta de zapa y arado.

Vienen jornadas de expiación hasta la expiración de La Liga, principalmente el domingo ante el Athletic de Bilbao, ansiosos de reinventarse como los Leones de San Mamés. Después vendrán Alavés, Granada, Villarreal y Leganés.

Getafe lo puso a prueba. Vinicius, Benzema y Modric pudieron acortar la ansiedad del madridismo, pero también Courtois tuvo un par de rictus de heroicidad. Hasta que llegó Carvajal, canjeó el balón por una zancadilla, y Ramos puso, con la magia de la ubicuidad, simultáneamente, la ofrenda en Valdebebas y un clavo más al ataúd expuesto en la Ciudad Deportiva Joan Gamper.

El torneo había arrancado con suspiros del madridismo hasta Turín, y mirando de reojo que el mejor futbolista del mundo –que no de la historia--, estaba tratando de ratificar ese status en esta temporada. Tiros libres, gambetas, prodigios, pases documentados de gol. Messi quería tragarse La Liga.

Y Zidane sufrió. Ciertamente su equipo no era, y no es, y no lo será en este torneo, una máquina de extrema eficiencia para jugar al futbol; pero, lo es, lo será, para sumar puntos.

Y cuando el Rey Tuerto, el Barcelona, ha quedado ciego, el Real Madrid con Zizou como lazarillo, encuentra las partituras para entonar anticipadamente el Alirón, irónicamente, catalán de origen

Zidane debió decidirlo en su momento. No puede y no quiere a ese plantel siempre inconcluso –que no incompleto--, enseñarle a jugar al futbol, pero quiere, sabe, puede y debe, enseñarle a querer ser campeón.

Y la cátedra de Zidane marcha bien. Ante Getafe fue evidente que hay paciencia y hay tesón, y sólo falta una genialidad, un arrebato de talento, una marrullería o incluso –hay que decirlo—una caricia arbitral, para ir sumando.

Por eso, en la balanza del drama, permítaseme juguetear con esos dos escenarios: el mérito de ser campeón sin Cristiano Ronaldo frente al demérito de dejar de ser campeón aún con Lionel Messi. ¿Cuál es más poderoso?

Uno, el Real Madrid, ha aprendido a ser campeón, aún sin el atleta más perfecto dedicado al futbol, y el otro ha padecido dejar de ser campeón, aún con el futbolista más completo del mundo –que no de la historia--.

¿Es mayor el mérito del Madrid o es mayor el demérito del Barcelona? ¿Es más rimbombante el éxito de la Casa Blanca o el fracaso de Cataluña?

La realidad es que el Real Madrid se ha roto hasta los huesos para no depender ya de nadie, y el Barcelona sigue teniendo los huesos sanos esperando, esperando, esperando…