Tecatito Corona y su instinto de águila y serpiente

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Se abre un horizonte magnífico para esta reinvención que ha hecho Tecatito de sí mismo (1:59)

Grandes de Europa buscan fichar a Tecatito Corona, y Rafa Ramos afirma que fue gracias a su decisión de "renovarse en vez de morir". (1:59)

LOS ÁNGELES -- Reinventarse. Reconstruirse. Evolucionar. Es una filosofía instintiva de conservación y preservación en los animales. Los ofidios se cambian de vestimenta al cambiar de piel. Las águilas se rompen el pico y las garras, para que nazcan nuevas armas de caza y supervivencia.

A la orilla del precipicio, Jesús Tecatito Corona desató su instinto animal. Águila y serpiente. Decidió reinventarse. Reconstruirse sin morir en el intento. Se atrevió a irrumpir en mundos en los que no sabía que podía, que quería y que sabía hacerlo.

En el Porto fueron brutalmente claros: hay un contrato, pero no hay sitio en el equipo. En otras palabras, Tecatito Corona sólo tenía dos opciones: vegetar y envejecer, o aventurarse y descubrir sus habilidades ocultas, hurgando entre sus facultades.

Mientras el entrenador del Porto, Sergio Conceiçao, iniciaba la reconstrucción del equipo, Corona asumió el reto: su futuro y su esperanza aguardaban justamente un paso más allá de donde terminaba esa zona de confort, esa en la que se había arrullado por cinco años en la guarida de los Dragones Azules.

Otrora cautivante como extremo derecho, a veces como media punta y hasta por izquierda, Tecatito tuvo que armar su propio ajedrez jugando como pieza diferente para evitar el exilio de la cancha. El mexicano aprendió la lección: volver a empezar no era el principio del fin.

Descubrió que como marcador por derecha tenía un latifundio cuando antes tenía una parcela en la cancha. El horizonte era suyo, jugando desde el fondo. La tarea era sencilla: él no podía reinventar el futbol, pero podía reinventarse como futbolista. Y lo hizo.

No es una lección fácil para el ser humano. Por naturaleza, le inquieta, le perturba, el aprender que nada ha cambiado para él cuando todo ha cambiado en su entorno. Y la comodidad le vuelve obsoleto. Y la obsolescencia sólo conduce a la extinción.

Este martes, un diario especializado, O’Jogo, enalteció a Tecatito como el mejor futbolista y el más influyente de la Liga de Portugal (Primeira Liga). Cuatro goles y 14 asistencias. En términos coloquiales, podría decirse cuatro golazos y algunas asistencias precedidas de la arquitectura preciosista de un jugador ladino, pícaro, bribón con la pelota, de esa estirpe por la que delira la tribuna.

Aunque no pasa de ser ventiscas en ese tendedero, a veces insalubre, de los rumores, después de su notable campaña en el Porto, su representante habla de Italia, España, Alemania e Inglaterra, como posible destino, y hasta de una etiqueta de 30 millones de euros.

Nadie dudó nunca de las habilidades portentosas de Jesús Manuel Corona. Sólo se han tenido dudas legítimamente prohijadas por él mismo, sobre su compromiso de querer ser el jugador que puede ser... y que debe ser.

Y esa incertidumbre no sólo crecía en torno al Porto, sino que se sustentaba en su poco apego a la selección mexicana. Abandonó concentraciones y desdeñó llamados para Copa Oro, Copa Confederaciones, amistosos en Europa, y recientemente recibió un veto de Gerardo Martino, por negarse a acudir pretextando una lesión de la que se rehabilitó en cuestión de horas para jugar con el Porto.

Juan Carlos Osorio, dirigiendo al Tri, se atrevió a asegurar que Corona estaba “al nivel de Neymar y Ribéry”. Tratando de explicar su apreciación, el técnico colombiano detalló que su trascendencia en selección mexicana podía impactar tanto como la del brasileño y el francés… “si se decide”.

Osorio explicaba que Tecatito Corona podía ocupar todos los frentes de ataque posibles en el futbol. Incluso se atrevía a apostar que podía ser ese media punta que resolviera los partidos... “si se decide”.

Osorio estaría feliz y Gerardo Martino debe estar feliz. Tecatito Corona parece haber cruzado ese inmenso abismo entre el “si se decide” hasta el “ya, al fin se decidió”. A la distancia eso parece. El Porto y los medios portugueses sonríen al constatar la determinación del hombre que pudiendo elegir aburguesadamente las cenizas del conformismo decidió ser protagonista del fuego vivo de la resurrección.

Esa posición de lateral derecho, con las libertades que suele avalar Tata Martino a los creativos, a los distintos, parece ser diseñada con la elegancia de un sastre inglés a la versión corregida y mejorada de Jesús Manuel Corona. No hay mejor opción en México.

Insisto, las serpientes cambian de piel para sobrevivir, y las águilas se refugian en riscos para romperse el pico y las garras, y esperar su nuevo arsenal. Se reinventan. Se reconstruyen.

La metáfora no escapa al Tecatito Corona. Como mexicano, es prole de una águila y una serpiente. Y además, al final, los dragones, azules o no, como los del Porto, son, en la esencia mítica de la fábula, un clon feroz de un águila y una serpiente.