¡Chivas, un hazmerreír en plena decadencia!

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Vucetich: 'Nos faltó actitud, mucha determinación y convicción' (0:45)

El técnico de Chivas descartó que la derrota haya sido un 'golpe de realidad'. (0:45)

LOS ÁNGELES -- Unas Chivas miserables, decadentes, lastimeras, lastimosas. Retumba el reproche de Jorge Vergara (QEPD): “#NiñosCaguengues!”. Mercenarios y traidores, podría agregarse.

¡Y el Guadalajara fue goleado! ¡Y por San Luis! ¡El equipo con una de las peores rachas en la historia del futbol mexicano contabilizando su tristísimo y paupérrimo torneo anterior!

Hice un ejercicio al que poco recurro, y cuando lo hago es por deleite, y no por tortura. Este viernes de madrugada, vi de nuevo este San Luis 3-1 Chivas.

Cualquiera pensaría que el equipo desamparado, damnificado, pobreteado, abandonado, indigente, menesteroso, era Chivas y no San Luis, que vivió un Guard1anes 2020 de terror, y alargaba su cadena con dos derrotas este arranque de 2021.

Es casi inexplicable cómo semejante recital de decisiones y actitudes nefastas, pudo consumarse, con evidentes dislates desde la banca, desde la cabecita del ex Rey Midas, hasta los empobrecidos millonarios que visten de corto y se dedican a esquilmar las ilusiones de millones de fanáticos.

Víctor Manuel Vucetich habla de una bancarrota absoluta tras esta estrepitosa caída ante San Luis. Habla de falta de actitud, de falta de determinación, y de falta de convicción. ¿Y la autocrítica, ex Rey Midas?

Es cierto que sus jugadores, todos, absolutamente todos, estercolaron la camiseta del Guadalajara, con esa mísera actitud, con esa mísera displicencia, con esa mísera deserción, y con esa mísera pusilanimidad.

Cierto: hubo jugadores que no fueron a disputar balones, que no fueron sobre el rival, y los que lo hacían, más de una vez encogieron la patita con una delicadeza que indignaría hasta al más cobarde de los cobardes, porque, mire Usted, hasta el mismo Jesús Molina lo hizo.

Pero, más allá de que los traidores, los jugadores salieron castrados emocional, moral y mentalmente, ante el peor equipo de los últimos seis meses, Vucetich decidió seguir haciendo ensayos cuando después de tantos meses de trabajo, debería tener un once definido, y haber leído el perfil de cada uno de sus jugadores.

Curiosamente, el que debía salir acobardado, el desahuciado San Luis, terminó acobardando al Guadalajara desde el primer minuto de juego. Un disparo al travesaño y otro fogonazo más, debieron alertar a Raúl Gudiño, quien luego se equivocaría bobaliconamente en dos de los goles recibidos.

Y de nuevo, el cuestionamiento al Rey Midas. ¿Estudió al San Luis? ¿Vio al menos un video? ¿Cómo pudo ser sorprendido al grado de perder posesión y posición en la cancha? ¿Fue ignorancia, estulticia, o fue premeditado el hecho de incriminar públicamente a Uriel Antuna como eje de ataque? ¿Por qué insiste en exterminar al Chicote Calderón en una posición en la que el jugador ni quiere, ni puede, ni sabe jugar?

San Luis hizo poco. Hizo tan poco como ante los desvencijados América y Necaxa, y ambos lo sometieron, incluso los Rayos con un hombre menos. Pero Chivas hizo menos, se esforzó menos, se comprometió menos.

Esta noche de jueves, los jugadores y el cuerpo técnico del Guadalajara confirmaron que son capaces todavía de dar mayores muestras de decadencia, de irresponsabilidad, de traición al lúdico, generoso y privilegiado trabajo que tienen.

Es advertencia, ojo. Estas Chivas aún pueden depararle a su afición sorpresas más amargas, más caóticas, más humillantes, más dolorosas, más indignantes que la de este jueves ante San Luis.

Cierto, Usted aficionado chiva podrá preguntarse si se puede caer más bajo que encoger la patita al pelear un balón, o rehuir un choque, o dejar de acosar a un rival inferior técnicamente, a unos metros de donde está. Sí, es posible esperar esos y otros actos de traición en el futuro.

Entre la decadencia y la decrepitud de espíritu, sólo hay que dar un paso de la mano del cinismo. El Chivas que se vio ante San Luis, desde su cuerpo técnico hasta sus jugadores, está dispuesto a darlo.

Queda claro, que a este Guadalajara a estos “#NiñosCaguengues” (dixit Jorge Vergara), no les incomoda ser el hazmerreír de su propia decadencia.