¿Antuna por Córdova? Como dos trasplantes de hígados con cirrosis

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Sebastián Córdova ya dio el sí para llegar a Chivas (2:30)

Sólo detalles impiden el cierre de la operación entre Águilas y Guadalajara para intercambiar al hidrocálido por Uriel Antuna. (2:30)

LOS ÁNGELES -- Cuanto más inverosímil es la verdad, más lejos está de la mentira. Así irrumpió este trueque de hijastros bribones entre América y Chivas.

Este cambalache entre Uriel Antuna y Sebastián Córdova, es como un intercambio amañado, con dolosas pretensiones fraudulentas. No puede haber buenas intenciones en canjear dos rompecabezas incompletos, dos muñecos descompuestos.

Parece que no se trata de ver quién gana más, sino de ver quién pierde más. Chivas y América juegan perniciosa y promiscuamente, con cartas marcadas. Dos copas envenenadas.

Lo mejor que tienen ambos jugadores en común, es su innegable habilidad suicida para arruinar su carrera. Su Judas interno les dio el beso malicioso y perverso de su propia traición.

Y un detalle más: son empedernidos insaciables hacia los juegos de consola. Córdova presume con frecuencia sus sesiones nocturnas frente a la pantalla, pese a que en el América le exigen más descanso.

Uriel Antuna fue desnudado por su esposa, al reclamarle públicamente en redes sociales, el que dedique más ímpetu a su pasión por los videojuegos, en lugar de mostrar esa enjundia en otras obligaciones de la casa, o simplemente descansar lo necesario.

Enaltecidos alguna vez como los jugadores diferentes que cambiarían la historia de sus clubes y de la selección mexicana, terminaron en el purgatorio más infernal para un futbolista: la banca, y sólo porque no había nadie mejor que ellos para sustituirlos. Eran lo “menos peor” de lo desechable.

Comenzó este intercambio de maldades, como un rumor, con ese pestilente tufo de la mentira. Parecía poco creíble. Pero no por los sujetos involucrados, sino por la incomprensible y maliciosa disposición de Chivas y América, para tratar de embaucarse mutuamente.

Llegó a hablarse de Europa, como destino de ambos, de Antuna y de Córdova. De hecho, el primero apareció, al menos, en los registros del Manchester City, que sabe bien que si compra manzanas por toneladas, alguna saldrá agusanada.

Llegaron a hablar de #Catar2022, cuando, lo comprobable es que lo suyo es catar diferentes pócimas, en especial, en el caso de Antuna, el vodka adulterado y desprestigiado con sabor a tamarindo. Entre Catar y catar, hay más que una mayúscula y que un vicio.

Y entre las migrañas de un 2021 calamitoso, Gerardo Martino los borró a ambos de las citas importantes. Se abotagaron de las minucias de la fama, de las noches, del desorden, de la soberbia. No hay abismo más profundo que el sentirse el ombligo del universo.

A Sebastián Córdova le entregaron el mayor galardón de un club: la “10”, la camiseta sagrada. Cierto, ya se había devaluado, ya la había ninguneado el club, cuando se la colgó antes a una percha frágil como Giovani dos Santos.

Curiosamente, a partir de ese momento, vino el declive del jugador. En los círculos estrechos de Coapa y de Televisa, es sabida su segunda afición a desvelarse, más allá de los juegos. Le agrada la vida nocturna, especialmente con amigos, cuyas agendas incluyen a jóvenes aspirantes a actrices.

Irónicamente, como si fuera una maldición, Córdova presumió esa camiseta “10”, a manera de burla a la afición de Chivas, al extenderla y mostrarla a la tribuna, luego de marcar el tercer gol en la humillación del América sobre el Rebaño en marzo pasado. Explicaría después que celebró así para mandarle un mensaje ultrajante al Guadalajara: “Para que vean quién manda”.

Uriel Antuna ha tenido sus propios pasajes. Y ha salido mal librado. Sobresale, aquel brindis arrabalero con Alexis Vega, con la botella en todo lo alto y la garganta destemplada y desgañitada de despecho. Y claro, sus afanes infructuosos de Don Juan, cuando busca arrumacos con una comedianta, Paola Villalobos, pero el video muestra como sus pretensiones son tan fallidas, como las que perpetra en la cancha, al ser enviado, como sus centros, a la tribuna.

Además, el divorcio con la afición rojiblanca fue radical, cuando aseguró que prefería emigrar a Europa que ser campeón de la Liga Mx con Chivas. Dejó en claro que el equipo, más que un fin, se convertía en un medio, en un trampolín del oportunismo.

¿Qué buscan Chivas y América con este trueque ladino, sospechoso y mal visto por las aficiones de ambos clubes? Despierta desconfianza semejante tráfico de material tóxico para ambos equipos.

1.- La iniciativa, según diversas fuentes, es de Marcelo Michel Leaño, quien ratifica que tiene más poder ya, que su jefe, Ricardo Peláez, y que su patrón, Amaury Vergara. El alguna vez orgulloso chofer y valet de César Luis Menotti, sustenta su deseo, en que él debutó a Sebastián Córdova en Necaxa. Y que, según él, sabe su potencial.

2.- Vencido y decepcionado ya, se afirma que Santiago Solari tiene tantas esperanzas en Córdova como puede tenerlas en Nico Bendetti, Roger Martínez, Andrés Ibargüen, y hasta en el regreso de Nico Castillo. Le agrada el desequilibrio de Antuna, una de sus potenciales virtudes, hoy ya desaparecidas.

3.- El cambio de aires, de camisetas, de entornos, de responsabilidades, podría sacudirlos a ambos. Al menos eso consideran los ociosos optimistas de ambos clubes. Creen que al ser desterrados de los clubes que apostaron por ellos, implicaría un acto público de degradación, de segregación, de desprecio, que los haría reaccionar. Saldrían con la estela pestilente de la traición, pues más allá de ser expulsados, serían confinados a las filas del más odiado rival.

¿La hoja de vida de Antuna con Chivas? Es más breve y menos divertida que sus escándalos extra cancha: 62 partidos en Liga Mx y seis goles, dos de ellos en aquel Guardianes 2020.

¿La hoja de vida de Córdova en América? Tiene menos palabras que el número inmerecido de su camiseta: 70 partidos, 15 goles, ninguno de ellos en Liguilla.

Una jugada arriesgada pues, entre Chivas y América. Por querer embaucar y estafar al acérrimo rival, corren el riesgo de embobarse y engañarse a sí mismos. Es como si dos alcohólicos intercambiaran sus propios hígados gangrenados por la cirrosis.