Chivas, el Paraíso de Judas

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¿Para qué están las Chivas y Marcelo Michel Leaño? (2:11)

La mesa de Cronómetro analiza la situación del Guadalajara, después de caer 2-1 con grotescos errores en su visita a Pachuca. (2:11)

LOS ÁNGELES -- Chivas es el diagnóstico más crudo del futbol mexicano. Chivas es el Dorian Grey del futbol mexicano: un retrato perverso de sí mismo.

Y hoy, Chivas languidece como reflejo del futbol mexicano. Se muere de todo y se muere de nada. No sólo se pudre desde dentro, sino que su hábitat lo devora, lo contamina, lo encarroña, lo gangrena, y además, certifica su suicidio.

Hubo tiempos en los que se decía que la Selección Mexicana estaba tan saludable como saludable estaba Chivas. Hoy, es de nuevo verdad. El Tri está tan insalubre como lo está el Guadalajara. Si Chivas hoy tose y carraspea, la selección se hace una prueba de antígenos… y sale positiva.

Tiempos hubo en que el Guadalajara sabía comprar. Y compraba sólo lo mejor. Le arrebató al América a dos de sus exponentes más entrañables: Benjamín Galindo y Ramón Ramírez, quienes estaban prácticamente en el dintel de Coapa. Se llevó a Oswaldo Sánchez de El Nido. Firmó a Claudio Suárez en su apogeo. Ramón Morales era un prospecto en Rayados, llegado de La Piedad, cuando se decidió Chivas. Fue por Gonzalo Pineda y el Bofo Bautista. De esos, hoy, ninguno le iguala.

Pero, además, generaba su propio talento. Los defensas de hoy no podrían tomarse la selfie con Fernando Quirarte, Demetrio Madero o Carlos Salcido, e incluso ni al Maza Rodríguez o Johnny Magallón. Vamos, Omar Bravo y El Venado Medina serían hoy referentes de Verde Valle.

Y no es necesario irse a la historia de El Campeonísimo para hablar de su sangre propia y de la gestionada en otros equipos. Hacerlo, comparar a los actuales con los de aquel equipo hecho leyenda, sería un sacrilegio. Había hombre y nombres. Insisto: Chivas sabía comprar y formar jugadores.

1.- ¿Cuántos futbolistas del actual Chivas merecen jugar ahí? Estos once del Guadalajara no serían, tal vez, ni suplentes de otros Rebaños campeones.

2.- Comparados con aquel campeón de 1986-1987, estos once, ni siquiera serían recogebolas.

3.- ¿Y los rojiblancos monarcas del Verano del 97? Estos once de hoy, apenas aparecerían como suplentes.

3.- ¿Y las Chivas de 2006? Todos esos jugadores tenían tres valores fundamentales para jugar en el Rebaño: compromiso, intensidad y talento.

Imagínese, Usted, que hoy el jugador que se ostenta como el Leónidas de estas ovejas, El Pollo Briseño, con toda esa enjundia que es verborragia pura, se entumeció ante Pachuca cuando pudo lanzarse en una de sus aparatosas, estrambóticas y despatarradas zambullidas, al disparo de Víctor Guzmán, en lugar de contemplarlo como cómplice. Pero, acto seguido, para disfrazar su impotencia, se tira al suelo con dos saltos invertidos con desmayo de odalisca incluido, teatralizando una patada en el muslo.

Eso es Chivas hoy: un insulto a su pasado. Un escupitajo a su heráldica. La realidad es ésa: sus jugadores son indignos de vestir la camiseta del equipo más popular, mediático de México, toda vez que ha dejado de ser el más grande y el más ganador de la jungla doméstica.

En el mercado invernal, Chivas y sus dirigentes quedaron expuestos, ridiculizados. Estuvieron disponibles Charly Rodríguez, Erik Lira y Luis Romo. “Como ellos, tenemos muchos en fuerzas básicas”, fue el razonamiento al interior del club.

Era el momento de lavar el error monumental de sus anteriores adquisiciones y que han puesto a Chivas en una bancarrota financiera y deportiva. Era el momento de ir por ellos. Recordemos que cuando Chivas despilfarró en Uriel Antuna, Chicote Calderón, Alexis Peña, Canelo Angulo y retuvo quistes, tumores, como La Chofis López; estuvieron en el aparador Romo, Rodríguez y Johan Vásquez, hoy en Italia.

Queda claro: Chivas hoy no sabe comprar y su incubadora está pariendo nuggets y no pollos. Hace años que ya no compra lo mejor ni produce lo mejor de un futbol mexicano, que hoy cada vez produce menos, como reflejo del tsunami de desechos tóxicos de otras latitudes que lo inundan de manera sospechosa, casi delictiva.

¿Quién es el responsable? Una multitud. Y en ella, como juez y parte, como cómplice y plañidera, una Nación Rojiblanca que se inmola en la farsa de “apoyarlos en las buenas, en las malas y las peores”. Síndrome de Estocolmo.

1.- Un heredero que ni siente, ni se apasiona por el futbol. Amaury Vergara balbucea como aprendiz de balompié. Y su mejor asesor ha sido el que es el peor técnico en su gestión: Marcelo Michel Leaño.

2.- Un director deportivo que se sigue equivocando en elegir técnicos y jugadores. Ricardo Peláez lo sabe: tuvo al alcance de sus manos a Charly, a Romo, a Vásquez, y él mismo, junto con Amaury, reventaron a José Juan Macías.

3.- Un entrenador estudioso, dedicado, apasionado, voluntarioso, obsesionado, terco, pero que –increíblemente—, aún no entiende la idiosincrasia del jugador mexicano. Marcelo Michel Leaño creció entre fantasías ajenas de tribus ajenas.

4.- Y futbolistas que se regocijan hasta el hartazgo con el puntual depósito mensual, y reniegan de su oficio y de la camiseta, alguna vez, prenda honorable del futbol mexicano.

Y claro, si Chivas no es capaz de poner en pie de guerra un once competitivo, no hay manera de increpar a Gerardo Martino porque no es capaz de organizar a una selección capaz de zarandear a Estados Unidos y Canadá. Sí, Tata, no todo es culpa tuya. La materia prima escasea.

¿Solución? Ante todo, sincerarse con su afición. Se le dijo a Jorge Vergara en su momento. Debía hablar honestamente con su afición. Tomarse una tregua en esa promiscua proclividad a emitir promesas fraudulentas. Y dejar de alardear de títulos, de protagonismos, de fantasías y castillos en el aire, y exponer la urgencia que tiene el equipo de reconstruirse, de repararse, de purificarse durante al menos un año.

Es el momento en que Chivas deje de extorsionar, de chantajear a su afición con promesas imposibles de cumplir. Esos juramentos, además de irresponsables, son tan frágiles como las estampitas del santoral a las cuales se encomienda su director deportivo. Orar, sin obrar, es una plegaria pagana.

Lo peor de Chivas está por venir.