Lance Armstrong, el rey del dopaje

El estadounidense tardó dos décadas en admitir su dóping. AP

Ningún deporte se ha visto enfrascado en un escándalo de dopaje tan prolongado como el de Lance Armstrong en el ciclismo. Desde 1999 hasta 2013, e incluso hasta el día de hoy, se entrelazaron los títulos y las sospechas, la admiración y la irreverencia, las demandas y el rabo entre las piernas, la compasión y el reproche, el color amarillo del liderato y del egoísmo, el superhéroe y el héroe caído, las verdades y las mentiras...

Cabe aclarar que el uso de sustancias para mejorar el rendimiento y para ayudar en la recuperación durante las carreras de larga duración, especialmente las de varios días, llegó al ciclismo a fines del siglo XIX. Los deportistas de aquella época llegaron a utilizar estricnina, cocaína, cafeína, alcohol y más. El primer Tour de France se corrió en 1903. Pero no se hicieron las primeras pruebas de antidoping hasta el Tour de 1966, al año siguiente de aprobarse la ley nacional de antidopaje en Francia. Aún así, durante la decimotercera etapa del Tour de France de 1967 moriría Tom Simpson en la subida al Mont Ventoux; sufrió una insuficiencia cardíaca por haber ingerido una mezcla de anfetaminas y alcohol.

Por lo arriba mencionado, no sería lógico alegar que Armstrong generó el problema del dopaje en el ciclismo. Sin embargo, ha sido indudablemente el individuo con mayor efecto en cuanto al tema del dóping en este deporte. Lo triste y lo trágico de la historia de Armstrong es su estrepitosa caída luego de haber hecho creer al mundo que era digno de admirar por la forma dominante en que ganó siete Tours de France consecutivos y una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Es más, negó en repetidas ocasiones que se dopaba y entabló múltiples demandas por difamación.

Tal parece que Armstrong jamás había escuchado la expresión “la mentira y el engaño tienen fecha de vencimiento y al final todo se descubre”. Ese “final” le llegó en 2012, cuando la Unión Ciclista Internacional (UCI) le despojó de esos siete títulos del Tour de France. La UCI hizo su anuncio luego de que la Agencia Antidopaje de Estados Unidos (USADA, por sus siglas en inglés) reveló tener “abrumadora” evidencia de que Armstrong era un ciclista profesional dentro del “más sofisticado, profesional y exitoso programa de dóping”.

La caída de gracia

Mario Sabato, la voz del ciclismo de ESPN y conductor del programa ESPN Bike, tiene la curiosidad de ver si el excorredor revelará alguna verdad impactante, aparte de las ya conocidas. En el avance de la primera parte de la serie documental de ESPN 'Lance', ante la siguiente pregunta de la directora Marina Zenovich, “La primera vez que te dopaste, ¿qué edad tenías?” Armstrong responde así: “Probablemente 21 años”. Entonces, resulta que cuando cruzó la meta 19 segundos por delante del español Miguel Induráin para conquistar el Campeonato Mundial de Ciclismo en Ruta en Oslo en 1993, Armstrong ya se dopaba. Y su dopaje seguiría pasando desapercibido por años

El texano se vio forzado a frenar su carrera temporalmente por un diagnóstico de cáncer apenas tres años después de consagrarse campeón mundial, pero vencería con éxito ese cáncer testicular con metástasis pulmonar y cerebral. Inspirado, creó la Fundación Lance Armstrong -desde 2012 conocida oficialmente como la Fundación Livestrong- para la lucha contra el cáncer. Y dos años después de superar la enfermedad, volvió al ciclismo más fuerte e invencible que nunca.

Cuando Armstrong empezó a ganar un Tour de France tras otro en 1999, le llovían las adulaciones: Supermán, milagroso, motivador, legendario. Se convirtió en el chico de oro de los Estados Unidos y, más allá, un ídolo dentro del ciclismo internacional. Luego vino el baldazo de realidad de la UCI, incluyendo una suspensión de por vida de las competiciones. Durante unos seis meses más, Armstrong se aferró a sus reclamos de que nunca rompió las reglas: cero sustancias prohibidas, cero transfusiones de sangre. Hasta que le confió a Oprah Winfrey en aquella famosa entrevista en enero de 2013, “Mi cóctel era EPO, transfusiones y testosterona”. Y el mundo quedó boquiabierto.

Sabato admite que esa confesión de dopaje de Armstrong fue un golpe duro para el deporte, “Claro que fue un impacto tremendo sobre el ciclismo y sobre el deporte en general. Fue algo muy duro de lo que, creo, al ciclismo todavía al día de hoy le cuesta recuperarse”.

Jimena Florit, quien representó a Argentina en la disciplina de mountain bike en dos Juegos Olímpicos, Sydney 2000 y Atenas 2004, recuerda precisamente su reacción al ver la entrevista con Oprah, “Mi primer sentimiento fue, ‘Al fin lo reconoce’. Ya no tenía forma de taparlo”. Pero Florit manifiesta que hasta la fecha se cuestiona por qué solo a Armstrong se le culpó, “Como que eso me pareció muy injusto. Porque él solo no lo hizo. Hay directores de equipos incluidos, hay muchas personas que están metidas dentro de lo que es el dóping... y los otros corredores también, que, bueno, que todos deberían haber sido apuntados con el dedo, no solamente Lance”.

El legado del “Caso Lance”

La intención de la UCI con sus sanciones severas era escarmentar a los demás ciclistas de optar por el dóping para mejorar su rendimiento. Ha sido un método efectivo, según Sábato, “Por el momento yo creo que se ha avanzado mucho en la lucha contra el dopaje y hemos tenido, bueno, los últimos años grandes campeones sin necesidad de que necesiten doparse. Entonces, creo que eso es un cambio positivo que ha tenido el ciclismo”.

Florit difiere en torno a las lecciones que se han aplicado hasta el momento en el mundo del ciclismo, “Creo que no fue suficiente. Si querían realmente hacer un cambio, tendrían que haber ido mucho más profundo, porque creo que el mensaje que les dan a los corredores de ahora es tener que doparse con algo mucho más sofisticado, o tener más cuidado en otras formas y de ser mejor en las mentiras”.

Si bien la mancha y las sospechas del dopaje aún perduran sobre el deporte, Sabato opina que es constructivo el legado del caso Armstrong, “Ha motivado a que los ciclistas tengan en cuenta de que puede haber, de que podía haber otra forma de correr... porque no fue Lance el único que dio positivo de dóping ahí. Muchísimos casos. Por suerte ha mermado mucho. Sigue habiendo casos, sí, seguimos teniendo casos, pero la verdad que son mucho menores a esa época triste que tuvimos en el ciclismo”.

Sabato señala que “después del tema Lance, el ciclismo ha quedado como sinónimo del doping”, pero califica al ciclismo de hoy como uno de los deportes “más limpios del mundo, por cómo se lucha contra el dopaje”. Al mismo tiempo, es claro que la lucha por el deporte limpio en el ciclismo está lejos de acabarse. De hecho, el dopaje empañó el ciclismo en los recientes Juegos Panamericanos de Lima 2019. El brasileño Kacio Fonseca arrojó positivo por el suplemento LGD 4033 y fue despojado de la medalla de oro en el sprint masculino.

Por otro lado, Florit -quien se colgó el oro en mountain bike en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo 2003, luego de haber ganado bronce en Mar de Plata 1995 y Winnipeg 1999- ve la situación a través de otro lente, “Mientras que un deporte tenga dinero de por medio y los premios o sea un deporte olímpico, siempre va a haber dopaje, lamentablemente”. Las cifras más recientes de la Agencia Mundial Antidopaje (WADA-AMA) parecen apoyar su teoría. En el reporte que presentó la WADA-AMA, en diciembre de 2019, el ciclismo es el tercer deporte en que más violaciones de las reglas antidopaje (ADRV) se cometieron en 2017, después del fisiculturismo y el atletismo, con un alza de 13.1% en ADRV en todos los deportes respecto al año anterior.

¿Lance quién?

Armstrong cayó de la gloria luego de haber escalado múltiples veces al Col du Galibier en el Tour de France y haber admitido que se robó de manera fraudulenta el corazón de los amantes del ciclismo. Pero siete años después de contar su verdad por primera vez, aún disfruta de gran popularidad, con 3.3 millones de seguidores en Twitter y 320 mil seguidores en Instagram. Armstrong también se ha convertido en un reconocido podcaster, con un podcast sobre el ciclismo y otro podcast donde dialoga con diferentes personalidades sobre cómo han enfrentado la adversidad. Algunos lo perdonan, comprenden sus motivos. Otros, aunque consideran lo que hizo Lance imperdonable, piensan que él hubiera ganado los siete Tours de France aun si no se hubiese dopado.

Sin embargo, no ha sido fácil para todos olvidar lo que hizo. Fue un desplome terrorífico luego de creerle a Armstrong lo que resultó ser una mentira... para después sentir el empujón sin remordimientos que les dio el propio Lance hacia el abismo con su confesión insensible. Algunos no se han repuesto y siguen cayendo al precipicio. Otros incluso perdieron la fe en el ciclismo por culpa de Lance.

Por supuesto, hay aquellos -ya sea por indiferencia o por un gran sentido del humor- que simplemente preguntan, “¿Lance quién?” y esperan ver a sus héroes pedalear confiados en las rampas del mítico puerto de Alpe d’Huez en el próximo Tour.

Dicho sea de paso, debido a la pandemia del coronavirus, la UCI reprogramó el Tour de France 2020 para el 29 de agosto al 20 de septiembre de este año. El campeón defensor del Tour de France es Egan Bernal, quien el año pasado le dio a Colombia su primer triunfo en la carrera ciclista más importante del mundo. Su equipo Ineos cuenta con Bernal y con otros dos excampeones del Tour, Chris Froome y Geraint Thomas, en sus filas; por tanto, tendrá una decisión muy difícil en cuanto a quién lideraría al equipo en el Tour. Es emocionante y queda por verse cómo se resolverá.

Lo único seguro es que Lance Armstrong estará discutiendo los méritos de cada opción en su podcast de ciclismo, The Move. En conclusión, creo haber descifrado su verdad: Lance Armstrong fue suspendido de por vida, pero sigue involucrado en el Tour de France, a su manera, sí o sí...