El primer triunfo de Fangio, 70 años atrás

Aunque el primer Campeonato Mundial de Fórmula Uno sólo constaba de siete carreras desparramadas en menos de cuatro meses, incluidas las 500 Millas de Indianápolis que no contaban con la asistencia de los pilotos europeos, los mejores corredores de la época tenían ocupados casi todos los fines de semana. El argentino Juan Manuel Fangio era uno de ellos. Desde el 7 de mayo hasta el 30 de julio de 1950, el argentino compitió cada fin de semana con diferentes vehículos en distintas categorías en Europa. Ocho días después del iniciático Gran Premio corrido el 13 de mayo de 1950 en Silverstone, la naciente F-1 compitió en Monte Carlo que por primera vez repartió puntos para el flamante certamen. Aquella de 70 años atrás, el 21 de mayo, fue la 11ª edición del Gran Premio de Mónaco.

El circuito callejero armado en el Principado tenía entonces 3.180 metros, sólo 157 menos que el trazado vigente, pero el recorrido era mayor: comprendía 100 vueltas, 318 kilómetros de competencia contra los poco más de 260 actuales. El dibujo era similar aunque todavía no existía la Piscina -construida a comienzos de los 70- por lo que desde Tabac había una zona muy veloz con una leve curva que se transitaba sin levantar el pie del acelerador -y donde estaba situado el punto de largada- hasta Gazomètre, la cerradísima primera curva -180 grados- de entonces que muchos años después fue sustituida por la variante Rascasse. Más adelante, Sainte Dévote no era el embudo de estos días por lo que había algunos lugares para sobrepasos. Sin embargo, la seguridad era muy pobre; la cercanía del mar, inquietante, y los paredones hacían que manejar aquellos coches allí fuera todavía más complejo.

Después del abandono en Inglaterra, donde el italiano Giuseppe Farina encabezó el triplete de Alfa Romeo, Fangio llegó por primera vez al Principado. En la víspera del Gran Premio, visitó el club organizador y se entretuvo mirando fotos de ediciones anteriores. Una le llamó la atención. Había sido tomada durante la primera vuelta de 1936. Varios autos se habían enganchado en la chicana: los W25 de Louis Chiron y Manfred von Brauchitsch, el Alfa Romeo 8C de Farina y la Maserati 3,7 litros de Eugenio Siena. El Chueco no tardaría en recordar aquella imagen que salvaría su día.

El balcarceño marcó el tiempo más veloz en las calles monegascas y compartió la primera fila de largada con Farina y el argentino José Froilán González. A pesar de que Farina partió mejor, Fangio lo pasó en la primera vuelta y Luigi Villoresi, que había salido desde la tercera hilera, siguió al argentino. Al llegar al Bureau de Tabac, con el pavimento acaso mojado por las salpicaduras de una ola, Farina giró como trompo y fue golpeado por Luigi Fagioli. Froilán se los encontró y también chocó su Maserati. Louis Rosier alcanzó a frenar pero fue embestido por Robert Manzon. Harry Schell, Emanuel de Graffenried, Franco Rol, Cuth Harrison y Maurice Trintignant terminaron también involucrados en el desparramo.

En punta, Fangio alcanzó a divisar una bandera amarilla levantada en la zona del puerto. De un vistazo entendió que el público no lo miraba pese a que era el líder, que todos estaban atentos a lo que sucedía más adelante. Los paredones en esa zona del revirado callejero hacían imposible saber si algún auto entorpecía el camino más adelante. Entonces la fotografía que había visto en el club se reveló como una aparición en su memoria y de inmediato supuso que algo mayúsculo había ocurrido en Tabac.

Fangio frenó y rebajó tanto como pudo hasta que detuvo su Alfeta a centímetros de los autos que habían chocado. Sin bajarse, apoyó sus manos sobre la rueda trasera izquierda hasta que empujó el coche hacia atrás, y encaró por el mínimo hueco que quedaba. A Villoresi, que había parado detrás del balcarceño, le costó más superar el escollo. El piloto de la Alfeta escapó a una victoria que ni siquiera corrió peligro cuando se detuvo a reabastercerse. Fue el único que completó los100 giros: le sacó uno al italiano Alberto Ascari, segundo con Ferrari, y dos al local Chiron (Maserati), quien estaba cerca de cumplir 51 años y había sido uno de los diseñadores del circuito urbano a fines de la década del 20.

La ceremonia de premiación contó con la presencia del príncipe Rainiero, que estaba a punto de cumplir 27 años y había sido coronado apenas un mes antes. Una vez concluida, Fangio se retiró al hospital en el que estaban internados Alfredo Pián y José Froilán González, los pilotos de la escudería argentina Achille Varzi. Pián se había fracturado una pierna durante un despiste en la curva del Casino y no corrió. Pepe sufrió quemaduras en los brazos y la espalda al quedar empapado en combustible luego de que se saliera la tapa del tanque de su Maserati, consecuencia del topetazo con el que se abrió paso en el múltiple despiste de la primera vuelta.

Dos días después de aquel Gran Premio, Fangio removió los asientos traseros y la butaca de acompañante del Alfa Romeo que la fábrica le había dado para su movilidad, ajustó la camilla para trasladar a Pián con su pierna enyesada y lo llevó al Instituto Rizzoli de Bolonia, especializado en ortopedia. A Froilán lo derivaron dos días después a Novara, Italia, donde quedó internado en una clínica con especialistas en quemaduras. Fangio pasó buen tiempo viajando de un lado a otro por Módena (sede del equipo), Bolonia, Novara (lugares en los que se recuperaban sus compañeros), Galliate (donde vivía) y la sede de cada carrera en su tupida agenda.

Siete décadas atrás, Fangio logró en Mónaco el primero de sus 24 triunfos mundialistas. La marca del argentino se haría aún más profunda: en sólo cuatro presentaciones en Monte Carlo -1950, 1955, 1956 y 1957- logró cuatro records en clasificación, cuatro vueltas rápidas en carrera, dos victorias, un segundo puesto y un abandono mientras lideraba en 1955 con Mercedes-Benz. Entre las históricas fotos del legendario Gran Premio sobresalen hoy unas cuantas de Fangio.