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Atrás quedó una familia

Después de enterrar a su marido hace casi una década, Mechelle McNair estaba determinada a cuidar de sus hijos y a seguir adelante con la tarea de vivir. Eso no siempre fue fácil.

Para obtener más información, ver la historia de E:60, "Heir McNair" (Heredero McNair), el domingo a las 9 a. m. en ESPN, o descargarla por WatchESPN.

Su marido hubiera hecho las cosas de manera diferente. Probablemente, él no hubiera pasado la mayor parte del tiempo temiendo este momento, parada frente a los dormitorios de una universidad, tratando de no llorar.

Él se había ocupado de todo - las facturas, los impuestos, los batazos de béisbol de los muchachos - hasta que todo le quedó a ella... Y ellos. Pero este momento delante de la escuela es un momento bueno. Nueve años después de que el mundo de Mechelle McNair se derrumbó, su hijo mayor, Tyler, asiste a la NYU gracias a una beca académica. Y no es que él haya salido bueno. Él le va a patear el trasero al mundo.

Son los mejores amigos. Tal vez lo hubieran sido de todas maneras, si Steve McNair no hubiera sido asesinado. Tyler le cuenta todo a ella, incluso las cosas que lo pueden perjudicar. En los momentos felices, cantaban canciones SWV en el pequeño y rojo Mercedes de dos asientos de Mechelle, su pequeña cabeza moviéndose al ritmo de la música. Ella incluso lo llevó en un viaje solo para amigas a las Bahamas, y si alguien se molestó por eso, bueno, no importa. Tyler era su compañero de viaje.

En los peores momentos, ella hizo que sus dos niños pequeños compartieran su cama, donde los podía mantener cerca y seguros.

Mechelle tiene ahora 45 años, y ella no parece lo suficientemente mayor como para llevar a un hijo a la universidad. Ella no confiaba en nadie después de la muerte de su marido y nunca volvió a casarse. Ella ya tenía dos hombres en su vida. Tyler, de 19 años, y Trent, que recién cumplió 14.

Ellos tienen cosas de Steve, desde los ademanes de Tyler hasta la forma en que Trent llama a las personas "Buddy". Pero ahora uno de ellos está partiendo y Mechelle solo está tratando de no perderlo. Las cajas se desempacaron, la habitación está limpia y no hay otra cosa que hacer que decir adiós. Se abrazan y Tyler quiere decirle algo antes de que vuelva a su casa en Nashville. Le dice que ella tiene que salir más, divertirse de vez en cuando. Esto la sorprende y la fuerza a hacerse la pregunta inevitable: ¿Quién será yo cuando mis hijos estén grandes y lejos?

"Lo miro a Tyler", dice ella, "y él sabe exactamente cuál es su pasión.

"¿Cuál es mi propósito? "¿Cuál es mi pasión?"


En la mañana del 4 de julio de 2009, Mechelle McNair se despertó con un terrible dolor de cabeza. Se levantó, el dolor se irradiaba del costado derecho de su cráneo y tuvo que recostarse nuevamente. Ella advirtió que su marido no estaba en casa e hizo una cantidad de llamadas telefónicas tratando de hallarlo. Nadie sabía dónde estaba.

Se subió a la máquina elíptica, con la esperanza de que algo de ejercicio le quitara el dolor de cabeza. Pero no había forma de que la dejara. Más adelante, se preguntaría si no eran señales.

Su madre, Melzena Cartwright, vio las noticias en TV. Años atrás, después de que Cartwright perdiera a su propio marido, Steve le había dicho que preparara sus maletas y viniera a vivir con ellos. Cuando las noticias de su muerte aparecieron en la pantalla de la TV, Cartwright se apresuró a través de la casa hasta la habitación de Mechelle. Mechelle recién se había enterado. "Mamá," preguntó Mechelle, "¿crees que es verdad?".

Steve McNair había nacido el Día de San Valentín y murió el Cuatro de Julio. La enormidad de su muerte no se puede exagerar. Allí estaba, asesinado, un mariscal de campo de la NFL, luego de una semana de su retiro, ex participante en el Súper Tazón y co-MVP (jugador más valioso).

Twitter no estaba todavía en actividad, pero había suficientes medios de información para contar la impresionante historia de un héroe de fútbol americano, oriundo de Tennessee, asesinado por Sahel Kazemi, una mujer de 20 años con la que había estado teniendo un romance.

El Departamento de Policía Metropolitana de Nashville lo caratuló como asesinato-suicidio, luego de llegar a la conclusión de que Kazemi disparó cuatro veces sobre McNair - dos veces en la cabeza - en las primeras horas de la madrugada del 4 de julio, muy probablemente mientras él dormía en el sofá de su condominio alquilado. Kazemi luego se acostó junto a él y se disparó una bala en su propia cabeza. Los tabloides publicaron la historia y fotografías de McNair en vacaciones con la joven mesera y los mensajes de texto que se enviaron entre sí en sus horas finales.

Todos, desde Oprah hasta el proveedor de cerveza de los Tennessee Titans querían saber lo que Mechelle sentía. ¿Y cómo piensan que ella se sentía?

"No sabía nada de ella", dice Mechelle. "Van a encontrar a personas que dirán, 'Oh, ella sabía'. ¿Acaso sabía sobre otras personas y algunas otras cosas? Sí. ¿Pero acaso sabía acerca de ella? No, no lo sabía".

Al principio, ella no podía creer que su marido estaba muerto. El hombre que se había aplicado anestesias peridurales y básicamente se había arrastrado de dolor seis días a la semana, pero de alguna manera jugaba al fútbol americano los domingos, no podía haberse ido. Ella quería verlo para poder ayudarlo.

Cuando se convenció de la verdad, cayó al piso gritando. Sus hijos nunca la habían visto así.

Tyler, que tenía 10 años, comenzó a llorar. Corrió hacia la cocina y tomó un cuchillo. Dijo que no podía vivir sin su papito y que quería matarse. Mechelle lo agarró y le pidió que parara. Le dijo que ella no podía tolerar perderlos a ambos.

¿Cómo se sentía ella?

Apenas 24 horas antes, McNair había llevado a sus hijos a pescar. Fue un buen día para sus dos pequeños hijos, que veían a su papá como un súper héroe. Cuando esa noche volvieron a casa, él limpió los pescados, lavó su camioneta y comenzó a dormitar en el sofá.

Pero su teléfono siguió sonando. Él le dijo a Mechelle que se había activado la alarma en su restaurante, pero ella sabe ahora que probablemente era Kazemi la que había llamado.

Él le dijo que tenía que ir, y se despidió de los niños con un beso.

"No te vayas", le dijeron Tyler y Trent.

McNair les dijo que los amaba. Él besó a Mechelle y le dijo que también la amaba.

"Volveré en un rato", dijo.


Casi 5,000 personas estuvieron en el funeral de McNair en el campus de Southern Miss. En aquel momento, se consideró uno de los funerales más grandes en el estado. Trent, der., tenía 5 años. Él se inclina hacia su madre, Mechelle; Tyler, a la izq.

George Clark/Hattiesburg American POOL/Getty Images

La visión de un niño de 10 años con un cuchillo en su mano fue como un balde de agua fría en su cara. A partir de ese momento, ella no pudo permitir que sus hijos la vieran quebrada. Ella iría a su habitación y sollozaría con la puerta cerrada. Ella se apoyó en sus amigas, que dejaron todo para estar con ella en Nashville, o lloraría con sus tías y tíos. Pero sus hijos estaban aterrorizados y confusos. Ella no iba a quebrarse frente a ellos.

Steve McNair fue enterrado un sábado en su estado natal de Mississippi. Brett Favre y Ray Lewis y Jay Cutler se hicieron presentes en el funeral. Trent, que tenía 5 años, apoyó su cabeza en la falda de su madre durante el servicio religioso.

Ella trató de explicar a sus hijos lo que había sucedido, de la mejor manera, pero Trent quería leer las noticias del periódico acerca de su padre. Él pasaba su dedo a lo largo de las líneas impresas y pronunciaba las palabras que conocía. Preguntaba cómo alguien podía haber hecho esto a su papi.

Mechelle le dijo que ella no sabía. Es una mujer espiritual que agradece a Dios todas las mañanas haberse despertado y permitir que el resto de su familia también se despierte. Ella dice que Dios la ayudó a pasar por este trance. Dios y sus amigas y la familia, que cocinaron y llevaron a los niños a nadar y manejaron todo. Ella está agradecida por ese último día que McNair tuvo con los niños y por esa noche en la que discutieron y luego hicieron las paces.

"Al final del día, ese es mi marido", dice ella. "Yo lo amé. Todavía lo amo. Él era humano. Cometió un error. Nada va a cambiar mis sentimientos por mi marido. Él nos cuidó. Él nos amó. Yo se eso. Independientemente de cómo partió, yo sé que nos amaba.

"No puedo negar que tuve mis momentos de amargura. Y que todavía los tengo. Pero no voy a ir al infierno culpando a alguien o guardando odio y animosidad en mi corazón. No lo voy a hacer".


Se conocieron en Alcorn State, una universidad históricamente de estudiantado negro en el condado rural de Claiborne, Mississippi. El pueblo más cercano es Lorman, una comunidad con un solo factor de fama, el Old Country Store, un restaurante que sirve pollo frito a las personas que viajan horas para disfrutarlo. Mechelle no estaba convencida de ir a una universidad tan pequeña. Ella tenía la esperanza de ir a Southern Miss. Pero se demoró en llenar los formularios, y Alcorn fue la universidad que le ofreció una beca.

En su primer año, ella compartió una clase de anatomía humana con McNair, quien pasó la mayor parte del tiempo observándola fijamente. Ella le hizo muecas tratando de que él dejara de mirarla. Él era más bien reservado y esperó bastante antes de dirigirse a ella. El hecho de que él fuera el mariscal de campo de quien hablaban todos los estudiantes, no significó mucho para Mechelle. A ella no le atraían los deportes y ya estaba de novia.

Pero McNair era persistente. Se sentó detrás de ella en las clases y flirteaba constantemente. Hacía cosas que la molestaban, espiando sus respuestas en las pruebas, metiendo sus pies gigantes en la bolsa de libros de ella. Finalmente, terminó por lograr su atención. Para Mechelle, él era una especie de gigante gentil, suficientemente romántico como para esconder un anillo de compromiso en un trozo de pastel de fresas, y suficientemente campesino como para cuerear a un venado y cocinarlo para sus compañeros de equipo.

Antes de conocer a McNair, Mechelle nunca pensó en que se casaría. Ella tenía planes. Quería ser una doctora y quería tener un hijo, pero ella no pensaba mucho acerca de un compañero. Nunca imaginó que ella dejaría Mississippi después de la universidad para mudarse a Houston, con un hombre que recién había sido elegido N° 3 en general, en el 'draft' de la NFL. Pero los planes cambian. Se casaron en Vicksburg, Mississippi, en 1997, y un año después, llegó Tyler.

Aunque ella no había crecido practicando deportes, Mechelle se acostumbró rápidamente a la vida de una esposa de fútbol americano. Ex linieros cuentan cómo ella acostumbraba a sentarse en las tribunas y gritarles que protegieran a su marido. Ella había tenido muchas oportunidades de celebrar cuando la franquicia se mudó a Tennessee en 1997. McNair lanzó 3.228 yardas y 15 anotaciones en 1998, y luego condujo a los Titans al Súper Tazón un año después.

Se hizo conocido como uno de los hombres más fuertes del fútbol americano, ya que siguió jugando a pesar de múltiples lesiones.

"Él llegaba a casa y estaba como muerto", dice Tyler. "No quería hacer nada. No quería ver televisión, no quería comer nada. Solía decir, 'Solo necesito descansar un poco'".

También hubo buenos momentos. Momentos en los que la familia formaba parejas y se enfrentaba en luchas, Mechelle y Tyler de un lado y Trent y Steve del otro. Momentos en los que McNair llevaría a los niños en su motocicleta y ni siquiera necesitaban hablar.

"Steve era una buena persona", afirma Cartwright. "Era un buen padre. No había nada que esos niños quisieran que él no lo consiguiera para ellos".


Aunque McNair fue quarterback en la NFL, nunca forzó a sus hijos a jugar futbol americano. Les decía que encontraran algo que les apasionara y que hicieran bien.

Cortesía Mechelle McNair

Tenía 36 años cuando murió y recién había inaugurado Gridiron9, un restaurante especializado en bagres y hamburguesas en el norte de Nashville. En sus últimos días, McNair parecía estar abrumado a veces, casi como si estuviera en una encrucijada, dice Mechelle. Todavía estaba tratando de descifrar su vida fuera del fútbol americano.

Repartía su tiempo entre su hogar en Nashville y su granja en Collins, Mississippi. Se sentía cómodo en el campo, cerca de sus hermanos y su madre, Lucille. (McNair también tiene dos hijos mayores de relaciones anteriores). La transición de jugador de fútbol americano a empresario no fue sencilla. La última conversación que tuvo con Mechelle se concentró en que los recibos nocturnos del restaurante siempre estaban equivocados y en que ella deseaba ayudarlo. Al final de su conversación, ella estaba muy contenta porque él le dijo que podía asistir a la próxima reunión de empleados. McNair soñaba con transformar a su restaurante en una cadena. Unos pocos meses después de su muerte, el restaurante se vendió.

Él no había hecho un testamento, lo que complicó aún más las cosas.. En 2011, un litigio legal entre Mechelle y Lucille por la propiedad de Mississippi fue publicado en los periódicos locales. Mechelle siempre se consideró una persona privada. Pero después de la muerte de Steve, los detalles más íntimos de su vida pasaron a ser alimento para la curiosidad del público. Internet y los programas de radio y televisión se llenaron de teóricos conspirativos. Un episodio de "True Crimes with Aphrodite Jones" (Crímenes verdaderos con Aphrodite Jones) filmado en 2013 expuso la teoría de que Mechelle podría haber sido la asesina. (Ella nunca fue considerada una sospechosa). Ese mismo programa fue puesto al aire como una repetición, en la noche del Super Bowl.

Aparte de las funciones de sus hijos y cenas en restaurantes, ella vivió la vida de una persona hogareña. Tenía un solo trabajo: criar a sus hijos.


Con Tyler en la escuela, es solo Mechelle, Trent y la mamá de Mechelle, Melzena Cartwright, quien está en la parte de atrás con su perro, Mac. McNair adoraba el pollo frito con Hojas de mostaza.

Andrea Morales para ESPN

Cuando un progenitor muere joven y deja niños atrás, las personas hacen promesas. Mechelle podía manejar el álgebra y los primeros enamoramientos, pero a veces, un muchacho necesita una figura masculina en su vida. Hubo muchas personas en el funeral de McNair que juraron estar presentes para Tyler y Trent. Solo unos pocos cumplieron.

Los ex jugadores de los Titans, Chris Johnson y Vince Young, llevaron a los niños al vestuario, igual que lo que había hecho su padre. Bo Scaife, ex ala cerrado de Tennessee, llenó el armario de Tyler con zapatillas.

Y además estuvo Mike Mu, un antiguo amigo de la familia que solía administrar la fundación de McNair. Mu fue el que llevó a los jóvenes a los desayunos de padres e hijos y a los partidos de la NBA. A veces, los Cuatro de Julio, él recogía a los niños y les compraba fuegos artificiales y hacía todo lo posible para quitarles el aniversario de sus mentes.

Los niños llamaban "Tío Mike" a Mu. Todas las temporadas, Mechelle le envía el calendario de baloncesto de Trent a Mu y a Zach Piller.

Piller, un ex "guard" (guardia) de los Titans, fue uno de los portadores del féretro de McNair. Nueve años más tarde, todavía le cuesta hablar sobre McNair. Los linieros ofensivos pasan sus carreras protegiendo al mariscal de campo, y Piller no pudo hacerlo. Pero sí supo estar presente para los hijos de McNair. Piller le resta importancia a su compromiso. Dice que McNair hubiera hecho lo mismo por él, y que no es mucho lo que él hace. Tyler no está de acuerdo.

"Él fue la primera persona que vino", dice Tyler. "Fue el primero que me dijo cuán orgulloso estaba de mi y cómo hubiera estado orgulloso mi padre".

McNair era conocido como uno de los jugadores más duros de la NFL. Su buen amigo Zach Piller, derecha, lo protegía en el campo y servía como uno de los que ayudó a cargar el ataúd.

George Gojkovich/Getty Images

Mechelle agradece los pequeños gestos, como el vecino que solía reemplazar la red de baloncesto de los niños cuando parecía estar desgastada, o los mensajes de texto que Piller le envía a los jóvenes para saber cómo están las cosas.

Los deportes siempre estuvieron entre las áreas que le resultaron más difíciles a Mechelle. Nunca jugó a nada. Cuando McNair vivía, si uno de los niños estaba esforzándose con una posición de bateo o con un tiro, él iría afuera, pasaría 30 minutos con él y le ayudaría a resolver el problema. "Yo sé lo que pasa por su cabeza", le diría Steve a Mechelle. "Yo sé lo que está pensando. He estado allí".

La presión de ser el hijo de Steve McNair es abrumadora. Los jóvenes están constantemente persiguiendo a un fantasma, a un hombre que, después de muerto, sigue siendo la mayor leyenda deportiva de Nashville.

En el invierno de 2016, Tyler fue uno de los mejores jugadores de baloncesto de Brentwood Academy. Era un defensor tenaz que ayudó a su equipo a ganar dos campeonatos estatales. Pero había un problema: Su corazón ya no estaba en el baloncesto y, en cambio, quería dedicarse a la danza. El baile era su liberación, una manera de manejar sus emociones. Al principio trató de hacer ambas cosas, pero pronto descubrió que era demasiado.

Sintió la presión de los fanáticos, estudiantes y entrenadores para permanecer en el equipo de baloncesto. Al principio, Mechelle pensó que él debería aguantar. Ella sabía todo el potencial que él tenía.

Pero cuando ella vio lo comprometido que Tyler estaba con la danza, le dijo que se dedicara a lo que lo hacía feliz. Tyler cree que es lo mismo que le hubiera dicho su padre. Él nunca forzó a sus hijos a practicar deportes. Les dijo que debían encontrar algo que amaran y hacerlo bien.

"Honestamente, este año es cuando más me he sentido como un niño", afirma Tyler. "Finalmente, estoy haciendo algo que amo y estuve feliz todo el año. Puedo bailar todo el tiempo, puedo viajar y pude ingresar en la universidad que quería. Es lo más cerca que me he sentido de ser una persona normal, como si nada hubiera pasado".


Zach Piller fue a uno de los partidos de baloncesto de Trent recientemente, y el joven McNair no lo decepcionó. Según Piller, Trent anotó cinco tiros de 3 puntos. A Piller le gusta molestar a Trent a veces, y le dice que probablemente podría saltar más alto si se cortara su largo cabello.

Trent se pone las manos en sus caderas y camina hacia el banco, lo que le recuerda a Piller cuando Steve se dirigía al 'huddle' (agrupamiento). Ve destellos de su amigo y eso lo ayuda a mantenerse cerca de su hijo. Trent es empecinado y testarudo y tiene bastante temperamento. Mechelle se sienta en las tribunas y le grita "no hagas gestos". Ella cree que él demuestra demasiado sus emociones.

"Ella es muy vocal", afirma Trent. "La mayor parte del tiempo realmente no la escucho, pero cuando lo hago, es bastante vergonzoso. Ahora estoy acostumbrado. Si estoy jugando al fútbol americano y la escucho, trato de ignorarlo. Pero si estoy jugando al baloncesto, suelo mirar hacia arriba y decirle: 'sshhhhh'".

Trent muestra destellos de gran talento como mariscal de campo, pero no quiere jugar en ese puesto. No cree que nadie pueda jugar de mariscal de campo tan bien como lo hacía su padre, así que ¿para que probar?

A medida que enfrentan nuevas etapas de sus vidas, se preguntan qué es lo que pensaría su padre. Tyler se graduó de Brentwood en la primavera. Se imagina a su padre sentado en uno de los bancos, con su pierna estirada en el pasillo porque el asiento sería demasiado pequeño para su cuerpo gigante. Puede ver a McNair sonriendo y diciéndole, "Buen trabajo, buddy".


Tyler, derecha, y Trent estuvieron en un juego en noviembre donde los Titans enfrentaron a los Baltimore Ravens.

Wade Payne/AP Photo

En una reciente tarde de invierno, Mechelle está sentada en el comedor de su casa en las colinas de Nashville, esperando para ir a buscar a Trent en la universidad. El receso de Navidad ha pasado y la casa está silenciosa.

Tyler vino a casa durante casi un mes, pero él no estuvo realmente allí. Estaba poniéndose al día con sus amigos y pasando tiempo en Waffle House hasta las 2 de la mañana. Eso ponía de mal humor a Mechelle, el despertarse en la mitad de la noche Siempre le preocupaba saber dónde estaba.

Cuando él está en la universidad, se comunica por Facebook con ella al menos una vez al día, así que ella lo ve más seguido cuando está en Nueva York. Cuando volvió al este después del receso de invierno, Trent se rehusó a ir al aeropuerto porque no quería llorar. Los muchachos son tan unidos que Trent duerme en la cama de Tyler cuando este está en la universidad. Es su manera de estar cerca de su hermano. Él colocó un colchón neumático junto a la cama de Tyler cuando su hermano estuvo en la casa y durmió allí.

A Mechelle le preguntan si cree que ellos hubieran sido tan unidos si McNair viviera.

"No", dice ella. "Creo que[Trent] hubiera estado apegado a su padre".

Todos cambiaron. Tyler, que se está graduando en biología en la NYU mientras continúa persiguiendo su sueño de la danza, forjó un camino muy diferente al de su padre. Mechelle halló la fortaleza y la independencia que ella nunca creyó poseer.

En 2013, ella vendió su casa de 13.000 pies cuadrados (1.200 metros cuadrados) y se mudó a una vivienda más pequeña. En realidad, la casa había estado en venta antes de que McNair falleciera, pero luego ocurrió la crisis de las viviendas, y durante cuatro años estuvo entrando y saliendo del mercado. Finalmente, la casa fue comprada por Pat Boone, un cantante de la década de 1950.

El antiguo hogar tenía demasiados recuerdos. Mechelle dice que a veces podía oír los pasos de Steve en la casa. Ella y sus hijos se instalaron en una casa rodeada de árboles y, ocasionalmente, reciben la visita de algún ciervo que aparece en el medio del jardín. Ella conserva todos los trofeos de fútbol americano de McNair en el sótano, donde Trent practica con su pelota de baloncesto y Tyler practica sus pasos de danza.

El tiempo, si uno lo maneja bien, tiene una manera de filtrar los malos recuerdos dejando solo los buenos. Este último verano, Mechelle y sus hijos visitaron a Lucille en Mississippi. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que estuvieron allí. Tyler y Trent se pusieron inmediatamente en modo infantil, corriendo de un lado a otro con sus primos, tumbándose sobre bolsas de dormir a la noche, y jurando que se quedarían despiertos toda la noche. Era igual que en 2009. Antes de que todo cambiara.

"Creo que fue importante para Lucille, ya que pudo ver una parte del hijo que perdió", dice Mechelle. "Puedo soportar mucho mejor no tener a Steve aquí porque todavía lo veo todos los días en sus hijos".

Mechelle sabe que la vida volverá a cambiar pronto, cuando Trent tenga su licencia de conductor. Va a querer pasar más tiempo con sus amigos, no con su madre. Finalmente, habrá más despedidas.

Ella no quiere ser un estorbo para él. Eso nunca la preocupó con respecto a Tyler, pero por alguna razón, ella piensa en eso ahora que solo están ella y Trent.

"No quiero que me mire y diga, 'Oh, mi mamá está como relajada'", dice ella. "No creo que eso esté sucediendo ahora, pero quiero que me vea ocupada cuando él sienta un impulso por hacer algo".

Ella piensa acerca del próximo capítulo de su vida. Hace muchos años, ella se graduó como enfermera. Tal vez podría hacer eso. Ella ha pensado en convertirse en una madre de acogida. A ella le encanta cuidar a las personas.

"No quería estar sola", dice. "Cuando pienso en ello, no quiero ser vieja y no tener nadie con quien pasar mis últimos días. Ahora mismo, mi madre está aquí conmigo, pero cuando Trent vaya a la universidad y conozca a alguien, y además mi mamá, quien sabe cuánto tiempo más - no estoy diciendo quién partirá primero porque eso no es necesariamente cierto - pero ella es mayor.

"Quiero decir, estaría aquí sola.. No quiero estar sola. No. Y no creo que esa sea la manera en que Dios quiere que estemos".

SAhora está saliendo con alguien, pero le ha resultado un esfuerzo conocer a otras personas. No quiere pasar por más dolores. Ella dice que protege a su corazón y a sus hijos. A veces, cuando está apurada por asistir a un partido o a una reunión de estudios bíblicos, toma conciencia de la ausencia de lágrimas y drama, el retorno a la normalidad. A la normalidad de ellos.

"Las personas siempre dicen, 'Oh, la admiro tanto. Usted es tan fuerte", dice Mechelle. "Esa palabra siempre me llega. Cuando las personas me dicen eso, siempre pienso ¿Cómo se les ocurre esto? A veces me siento la persona más débil. Porque siento dolor como cualquier otra persona".

""Siento como que solo estoy viviendo. Solo estoy tratando de avanzar. No puedo regodearme en mi dolor. Tengo que seguir adelante".

John Minton III y Ryan Smith de E:60, contribuyeron para esta entrevista.

Elizabeth MerrillMerrill is a escritora para ESPN.

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