Peter Norman: el puño blanco del "Black Power"

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La foto del histórico podio de México 1968 tiene grabados con tinta indeleble los nombres de Tommie Smith (Oro) y John Carlos (Bronce), los atletas afroamericanos que recibieron su medalla con múltiples símbolos en denuncia de la segregación racial y que ante la entonación del himno estadounidense agacharon la cabeza y alzaron cada uno un puño, ambos enfundados en guantes negros.

La imagen recorrió el mundo y se convirtió en una de las más icónicas del siglo XX. Pero en la foto hay un tercer hombre. Un hombre blanco, rubio, con una medalla de plata colgada en el cuello, sin posturas particulares ni ornamentos en sus manos. Y sin embargo él también es un factor clave en la historia de esta lucha.

Sin gesticulaciones ni estridencias, el austrliano Peter Norman apoyó la causa en silencio. El mismo silencio que de manera literal acompañó a aquel podio en lo que para Tommie Smith significó "un pedido universal de libertad".

Norman se enteró antes de la ceremonia de lo que planeaban hacer sus colegas y quiso mostrar su solidaridad. Enseguida le pidió prestado al remero estadounidense Paul Hoffman su distintivo del "Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos" (una asociación civil creada un año antes como denuncia contra el racismo en el deporte). Y le sugirió a Smith y Carlos que compartieran un guante cada uno, ya que John había olvidado los suyos en la Villa Olímpica.

Norman subió junto a ellos con la insignia de "Proyecto Olímpico". Y con este simple gesto, tan sutil como significativo, sin mover un solo brazo se convirtió de alguna manera en el puño blanco del Black Power.

"No podía ver nada de lo que estaba pasando, pero supe que lo habían llevado a cabo cuando durante el himno estadounidense una voz perdida entre el público dejó de cantarlo -recordó Norman muchos años después-. Todo el estadio quedó mudo".

Igual que Smith y Carlos (que fueron automáticamente expulsados de la delegación estadounidense y de la Villa Olímpica por el entonces presidente del COI, Avery Brundage), Norman también fue castigado y desacreditado durante largo tiempo.

Marginado en su país tras el retorno de México, Norman se volvió a clasificar para Munich 1972, pero no fue seleccionado por el equipo olímpico australiano aun cuando ostentaba el récord nacional en los 200 metros llanos (marca que persiste hasta hoy). Cansado, decidió abandonar el atletismo.

Su vida lejos del deporte, y entre trabajos de ocasión, lo llevó a la depresión, el alcoholismo y el abuso de calmantes. El silencio y el olvido en su país lo acompañaría hasta el día de su muerte. Ni para Sídney 2000 se lo tuvo en cuenta como figura histórica, mientras Michael Johnson (que por esas fechas ganaría su cuarto oro olímpico) lo invitaba con la delegación estadounidense y lo declaraba uno de sus máximos héroes.

Norman falleció el 9 de octubre de 2006, por un ataque cardíaco. Smith y Carlos trasladaron el cajón en su funeral y lo despidieron con todos los honores. Pero recién dos años después la verdad de su historia se haría masivamente conocida en Australia a través del documental "Salute", dirigido por su sobrino Matt.

"Mucho se dijo que el haber compartido mi medalla de plata con lo que pasó en la ceremonia le restó valor a mi actuación. Todo lo contrario: para mí fue un orgullo ser parte de ello", inmortaliza Norman en la cinta.

En 2012, el Parlamento australiano sancionó finalmente una disculpa oficial hacia Norman "por el trato recibido en la vuelta a Australia" tras México 1968, en la que además reconoce sus "logros extraordinarios" a nivel deportivo y su "valentía al apoyar a Smith y Carlos en su lucha por la igualdad racial".

En abril de este año, la parábola terminó su curva en el Comité Olímpico Australiano, que admitió como "un error" su no inclusión en Munich 1972 y le otorgó una Orden de Mérito. Una distinción 50 años demorada, pero un puño apretado para la historia.