Etienne Gailly, el soldado del maratón

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Algunos atletas marcan la historia gracias a sus extensas carreras deportivas. Otros, en cambio, permanecen en la memoria del deporte luego de haberse destacado solo en una carrera, dejando una imagen particularmente llamativa. Este es el caso del belga Étienne Gailly, cuya derrota en los últimos metros del Maratón Olímpico de 1948 en manos del argentino Delfo Cabrera escribió la leyenda. No obstante, el resto de la vida de Gailly también merece el recuerdo eterno, habiendo combatido en la segunda guerra mundial, y con un destino que probablemente fue tan trágico como su legendaria llegada.

Nacido en 1922, comenzó a correr a sus 16 años. Su entrenador, Marcel Alavoine, encontró en él grandes cualidades a la hora de la resistencia, por lo que comenzó a prepararlo en maratón desde muy joven. Sin embargo, su carrera deportiva se vio inicialmente interrumpida por la guerra, en la que tuvo parte defendiendo a su ejército junto a las tropas aliadas como paracaidista, luchando por la liberación de su país en 1944. Una vez finalizada la guerra volvió a entrenar duramente para su nuevo objetivo, definido junto a su entrenador: conseguir una medalla en el maratón de los Juegos Olímpicos.

Fue así que, en 1947, a sus 25 años, hizo su debut en lo que en ese momento se consideraba "distancias muy largas". Ganó el campeonato nacional "gran fondo", disputado ese año sobre 32 kilómetros. Al año siguiente repitió su victoria, esta vez logrando además clasificar para los Juegos Olímpicos, a pesar de no tener experiencia en los 42,195 kilómetros. Sin embargo, los planes de Etienne y su entrenador eran claros: ignorar a los otros atletas y confiar en una hoja de ruta que conduzca a las 2:30. Como buen soldado, cumplió a rajatablas la orden. Para su sorpresa, rápidamente se encontró a la cabeza en el primer maratón olímpico del período de posguerra. Pero había un dato no menor: esa tarde en Londres hacía calor y los índices de humedad eran muy altos, por lo que sus competidores estaban siendo cautelosos. Después del kilómetro 30 el favorito, el coreano Yun-Chill, entonces poseedor del récord mundial con una marca de 2h25 ', conectó al belga. Los argentinos Cabrera y Guinez también, así como el inglés Richards. Gailly no intentó desprenderse de ellos, sino que se concentró en mantener su ritmo y respetar su plan de marcha, lo que funcionó una vez más. Uno por uno dejó nuevamente atrás a sus competidores y tomó la delantera otra vez. En la entrada del estadio, su ventaja parecía suficiente como para ganar la medalla de oro. Pero el frío lo atrapó en el túnel que conducía a la pista y este cambio repentino de temperatura le causa molestias inesperadas. Fue así que entró a la pista tambaleándose, con otros 400 metros por recorrer. "Ya no tenía fuerzas para moverme", explicó el paracaidista. Mientras tanto, detrás se acercaba el argentino Delfo Cabrera argentina, seguido un poco más tarde por Welsh Richards. A todo esto, la multitud que colmó el estadio sólo tenía ojos para Gailly, que está luchando por ponerse de pie, y a pesar de ser sobrepasado en el tramo final logró cruzar la línea de meta en tercer puesto y llevarse la medalla de bronce, convirtiéndose en un héroe deportivo.

Este colapso físico no tuvo consecuencias en la salud del belga, que inclusive consiguió buenas actuaciones en carreras durante las siguientes temporadas, entre las que se destacan la victoria en el maratón de Roma, en 2h35. Fue así que, al acercarse los siguientes Juegos Olímpicos, en 1952, junto a su entrenador trazaron un plan para volver a participar del maratón. Pero el sueño se vio truncado ya que Étienne seguía siendo soldado, y se lastimó gravemente al saltar sobre una mina durante una operación militar en Corea. Su increíble determinación lo llevó, para asombro de los médicos, a entrenar con muletas, aunque nunca pudo volver a correr de manera competitiva.

A pesar de su dificultad física, en los años siguientes Gailly continuó sirviendo a su ejército, principalmente en operaciones en el Congo. Sin embargo, fue en Bélgica y cruzando banalmente una calle, donde accidentalmente encontrará la muerte al ser embestido por un automóvil el 3 de noviembre de 1971, cuando tenía solo 48 años.