El maratón de New York celebra sus bodas de oro

A cincuenta años de la primera edición de la carrera de La Gran Manzana. Freepik

Cuando Fred Lebow y Vincent Chiapetta, líderes de un grupo de corredores neoyorquinos, idealizaron en 1970 la primera edición de la Maratón de Nueva York, seguramente no imaginaban la dimensión que la carrera ganaría décadas después. Hace medio siglo, 127 corredores recorrían los 42 kilómetros con 196 metros alrededor del Central Park y unos 100 espectadores seguían de cerca los pasos. Así, vieron a Gary Muhrcke terminar la competencia en primer lugar, con un tiempo de 2h31m38s. Hoy, más que un evento deportivo, la Maratón de Nueva York simboliza el espíritu de la mayor y más emblemática ciudad de Estados Unidos. Los números no hacen más que constatar la grandeza de la carrera, que cada año tiene lugar para unos 55.000 runners, aunque son cientos de miles los que aspiran a ponerse uno de esos dorsales. Por este motivo, desde hace un par de décadas los organizadores implementaron un sistema de lotería, por el cual se determina al azar quienes tienen el derecho a ser parte en cada edición. Actualmente esta lotería es gratuita, y sólo en caso de ser favorecidos en el sorteo se cobran los 350 dólares para los extranjeros y 255 para los locales que cuesta el registro.

El circuito del maratón de New York transcurre por las calles y avenidas de los cinco distritos de la ciudad, comenzando en Staten Island para cruzar el puente Verrazano y llegar a Brooklyn, siguiendo con Queens, Manhattan y Bronx. A lo largo de sus 42 kilómetros más de un millón de personas incentivan a los corredores. Para que nada salga de control, la organización recluta a unos 12 mil voluntarios cada año. En promedio, del total de los participantes, 30% son extranjeros y provienen de unos 120 países diferentes. El flujo de visitantes durante la maratón ayuda a explicar el impacto económico generado por el evento: US$ 415 millones, según un informe hecho por la consultora Aecom, en 2014. Otro detalle que marca una diferencia entre el maratón de New York y el resto de las grandes carreras mundiales es que la de La Gran Manzana moviliza a los corredores durante varios días. Son muchos los participantes que, un día después de la carrera, reciben aplausos en restaurantes o lugares públicos por tener la medalla de la Maratón de Nueva York colgada en el pecho. El día de la carrera simplemente es la frutilla del postre, porque todo lo que antecede a la prueba ayuda a crear una atmósfera fantástica. Además, la ceremonia de apertura en el Central Park, también es incomparable. Allí, los corredores extranjeros circulan con las banderas de sus respectivos países por una recta rodeada de tribunas, al mejor estilo Juegos Olímpicos. Y otro punto a destacar está en la tienda de productos oficiales de la competencia.

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