De Alfaro a Russo: dos estilos para un título muy especial de Boca

Una de las primeras palabras de Miguel Ángel Russo cuando Boca salió campeón del fútbol argentino, el 7 de marzo pasado, fue en reconocimiento a Gustavo Alfaro. El Xeneize acababa de consagrarse en la última fecha tras el triunfo ante Gimnasia de La Plata, con Russo en el banco. Pero con buena parte de los puntos obtenidos de la mano de Alfaro, el DT que se fue a finales del año pasado.

Lechuga sumó 29 unidades en 16 partidos. Tuvo un gran arranque de campeonato y durante las primeras nueve fechas estuvo invicto. Esteban Andrada recibió apenas un gol en esas jornadas. Un equipo que lejos de brillar, mostraba mucha solidez defensiva, con un arquero en un nivel extraordinario y eficacia en ataque.

En la fecha 10 llegó la primera caída. Racing le ganó 1-0 en La Bombonera. Las victorias ayudan a tapar las carencias, y las derrotas las hacen más notorias. Lo que se venía criticando del equipo (la falta de audacia ofensiva y de una idea clara de juego) quedó más en evidencia.

La caída ante River en semifinales de la Copa fue un duro golpe y coincidió con otra derrota: la segunda consecutiva, ante Lanús en La Fortaleza. Contra Arsenal (goleada 5-1) llegó la recuperación, pero la suerte de Alfaro ya parecía echada, en medio de críticas al estilo de juego y con las Elecciones muy politizadas en el club cada vez más cerca.

La despedida del DT fue con otra derrota, ante Central en Arroyito. Un Boca golpeado en lo anímico, sin ideas, que necesitaba renovarse. Había que barajar y dar de nuevo.

El 2020 arrancó con cambios. Jorge Amor Ameal ganó los comicios, junto con Riquelme en la vicepresidencia. Russo, un viejo conocido de Román, llegó para reemplazar a Alfaro.

Boca estaba en carrera: a un punto de Argentinos, el líder. Pero en el comienzo de una nueva etapa y todo lo que eso significaba, compitiendo contra equipos armados y que llegaban con ventaja en cuanto a lo que pretendían sus entrenadores.

El debut de Miguel fue con un empate ante Independiente de local, y pareció minar las chances del Xeneize. Es que además, River, había ganado su partido pendiente, justamente ante el Rojo, y ya superaba a Boca en la tabla.

Quedaban seis finales y el Millonario de Gallardo venía con paso firme para quedarse con el campeonato local que le faltaba. Pero Russo logró rápido lo más difícil: encontró el equipo.

Recuperó a Tevez, puso de 5 a Campuzano por Marcone, apostó por Fabra en izquierda en la posición de Mas, le dio confianza a Buffarini, sumó a Pol Fernández, uno de los refuerzos, en la mitad de la cancha y apuntaló a Soldano en el ataque, relegando a Wanchope Ábila.

En ese mano a mano letal de seis fechas ante el clásico rival no había margen para el error: un empate hubiera significado la despedida del torneo. Boca mejoró y mucho en el juego, en lo colectivo, recuperó la vocación ofensiva.

Así, se sucedieron las victorias ante Talleres (2-1), Atlético Tucumán (2-0), Central Córdoba (4-0), Godoy Cruz (3-0), Colón (4-0).

Contundencia, eficacia, buen juego por momentos, y solidez en defensa. Pero no alcanzaba. Faltaba que River tropezara, justamente el imbatible River de Gallardo. Y tropezó.

El empate ante Defensa y Justicia en el Monumental, en la anteúltima fecha, generó esperanzas. Ya no eran tres puntos de ventaja, apenas uno. River dependía todavía de sí mismo, pero ahora debía ganar en Tucumán para asegurar la corona.

Y Boca soñaba. Llegó el último partido. El Xeneize de local hizo lo suyo. Le ganó al Gimnasia de Maradona por 1-0. River no pudo en Tucumán ante Atlético. Empató 1-1. Así, Boca fue campeón en la última fecha.

Un título muy festejado por cómo se dio, por ser River el rival del mano a mano, porque parecía imposible de alcanzar por el gran momento del Millonario. En la cancha, lo celebró Russo. A la distancia, Alfaro. Dos técnicos, dos estilos. Y un campeonato que será muy recordado.