Un equipo de "niños" desnudó al Real Madrid

MOSCÚ - Diez de los catorce jugadores del CSKA Moscú que saltaron este martes al estadio Luzhnikí contra el Real Madrid tienen 23 años o menos.

Ante los graves problemas económicos del club, el técnico del CSKA, Víctor Goncharenko, se vio obligado a decir adiós este verano a once jugadores de la plantilla y liderar una auténtica revolución rusa.

Como si el equipo del Ejército ruso se hubiera convertido de la noche a la mañana en el Ajax, Goncharenko puso el martes en liza a jugadores como Bijol y Singurdsson, de 19 años; y Oblyakov, Akhmétov, Kirnats y Chálov, de 20.

Además, el croata Nikola Vlasic, autor del único tanto del partido al minuto y medio de juego, también tiene 21 años; los defensas Chernov y Becao, 22 años; y Yefrémov, que salió en la segunda parte, 23.

Sólo rompían la norma el portero titular, Ígor Akinféev, y el defensa Kiril Nababkin, que tienen ambos 32 años; y Dzagóev y Mario Fernandes, que nacieron en 1990.

Eso no impidió que el CSKA saliera mucho más metido en el partido que el campeón de Europa, aunque en ocasiones los futbolistas locales pecaron de falta de experiencia, especialmente al final del primer y segundo tiempos.

Goncharenko, que comenzó su carrera de entrenador con apenas 30 años cumplidos en el BATE bielorruso, y ahora tiene 41, cuenta en su plantel con más "niños".

El croata Bystrovich tiene 20 años, los mismos que los rusos Kucháev y Khosónov, mientras que Zhamaletdínov, una de las grandes promesas del fútbol nacional, cumplió 21 en mayo.

Mientras, el Real Madrid salió al Luzhnikí con Reguilón, de 21 años; Asensio y Ceballos, de 22; y en el banquillo también estaban Vinicius, que nació en 2000, y Vallejo, que tiene 21 años.

Con cuatro puntos en dos partidos de la "Champions", el CSKA espera ahora repetir el éxito de la temporada 2011-2012, cuando alcanzó los octavos de final de la Liga de Campeones, en los que fue eliminado por el Real Madrid.

El problema es que Akinféev fue expulsado este martes por doble amarilla y podría recibir una dura sanción, un revés muy importante para el equipo moscovita, como reconoció el propio Goncharenko.