Guardiola encuentra otra forma de ganar

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Manchester City alcanza su 'Final imposible' tras echar al PSG (1:40)

Los de Pep Guardiola borraron de la cancha al PSG y con doblete de Mahrez firmaron el pase a la primera Final de Champions en su historia. (1:40)

Pep está de regreso en el partido más importante una década después, más maduro, aprendiendo de los errores del pasado

Diez años después, Josep Guardiola volverá a la final de la Champions League. Ayer y tras vencer al PSG 2-0 en la vuelta (4-1 global), el propio técnico del Manchester City celebraba el logro histórico para su club que jugará su primera final de Copa de Europa, pero a la vez cuestionaba que la presencia de su equipo en el partido del próximo 29 de mayo pareciera ser lo único que le da sentido a su gestión de cinco años.

Pero es que esto es lo que ha generado el torneo europeo. Al final se trata de la competición de futbol, a nivel de clubes, más importante en el mundo y la que, aunque no debería, condiciona absolutamente todo. El que gana o fracasa en una temporada europea, empieza siempre por la Champions. Ya se podrá debatir después si eso está bien o no, pero es una realidad.

Guardiola nunca habló de una obsesión hacia el torneo. Fuimos nosotros los medios los que marcamos esa relación. Finalmente, reconociendo la relevancia de la competición, era al menos cuestionable que el mejor entrenador en el mundo pasara tanto tiempo sin ganarla.

Y no es que ayer lo haya conseguido. Aún deberá hacer frente a una final que, sea contra quien sea, le presentará un reto mayúsculo. El Chelsea ya lo eliminó de la FA Cup y del Real Madrid sobran historias de éxito en el torneo. Pero el partido ante el PSG sí dejó un triunfo ya muy grande en el técnico catalán. Guardiola se atrevió a cambiar.

El Manchester City ganó defendiéndose y a la contra. Si el guardiolismo fuera religión, muchas veces parece serlo, se hablaría de sacrilegio. Pero la realidad cuenta la maduración de un técnico que entendió, por fin, que para ganar no sólo vale la posesión de pelota. Josep Guardiola jugó a ser mejor en la serie pero entendió, como no lo había hecho hasta ahora, que hay momentos distintos en el desarrollo de una eliminatoria y esta vez fue impecable en su lectura.

Si bien, la ida la emparejó primero y la encaminó después fundamentado en su ADN de tener el balón y agobiar con él al rival, producto de esto llegaron los errores puntuales del PSG, la vuelta fue otra cosa. Guardiola apostó por Fernandinho porque sabía que el partido necesitaría más pierna y músculo; y puso también a Zinchenko que acabó por ser de los mejores en el campo. Rubén Dias, su defensa central, fue probablemente el único mejor que el ucraniano.

Con estos argumentos, el City apagó al equipo francés. No lo mareó con la pelota; tampoco lo hizo correr detrás de ella. Su principal argumento pasó por cerrar los espacios. Por no dejar pensar a los jugadores rivales más brillantes. Presión rápida y ventaja numérica a la hora de marcar. El equipo cedió la posesión de balón y no necesitó jugar demasiado cerca del arco de Keylor Navas. Bastó con el orden, la permuta siempre de posiciones, eso sí, y la solidez como equipo para avanzar.

Pasar diez años sin jugar la final de la Champions ha marcado en buena parte la carrera de Guardiola. Pero el técnico está de regreso en el partido más importante una década después, más maduro, aprendiendo de los errores del pasado y luego de haber descubierto otra forma de ganar.