A siete años del adiós de Guardiola al Barça

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¿Qué significaría para Barcelona ganar la Copa del Rey? (0:47)

Valverde habló en la previa a la final ante Valencia. (0:47)

SEVILLA -- Del Vicente Calderón al Benito Villamarín, en un tránsito de siete años, el Barcelona juega otra final de Copa con la inevitable sensación de estar lejos de donde querría. El 25 de mayo de 2012, el Barça conquistó la Copa del Rey en Madrid, imponiéndose por un indiscutible 3-0 al Athletic de Bilbao y despidiendo con honores, y tristeza, a su entrenador. Joseo Guardiola dijo aquel 25 de mayo adiós al club de su vida.

Desde entonces el Barça, en las siguientes siete temporadas, ha conquistado cinco títulos de Liga, cuatro de Copa (que pueden ser cinco) y una Champions, solamente, para convertir la catarata de trofeos nacionales en una suerte de maldición por contemplar cómo Europa se iba alejando del Camp Nou en eliminatorias humillantes.

Y las derrotas, los fiascos, provocaron el divorcio en el Camp Nou, donde la figura de Guardiola y el recuerdo de sus 14 títulos en cuatro temporadas motivó que el futbol que practicó su equipo pasara de ser elogiado a ser considerado sublime, idealizado hasta límites insospechados y que hoy, al cabo de siete años, permanece en un escenario tan incómodo como evidente.

Los defensores de la idea, los radicales de la filosofía que el hoy entrenador del Manchester City convirtió al Barça en el equipo más admirado, respetado y, también, envidiado y odiado del mundo se mantienen firmes en una ideología que no admite matices y que es capaz de despreciar a cualquier futbolista que se aleje, aunque sea mínimamente, de sus tesis.

Enfrentados sin disimulo a los prácticos que disfrutan simplemente viendo al Barça ganar, sea como sea, la enemistad con quienes admiten que se puede jugar de diferentes maneras, al toque o a la carrera, al pase o al contragolpe, ha adquirido en los últimos tiempos la consideración de guerra civil entre aficionados del propio club, inadmisibles para quienes piensan de manera distinta.

Pasó Tito Vilanova y después Gerardo Martino, Luis Enrique y Valverde. Y a cada partido, a cada título, a cada derrota, a cada decepción o alegría le siguió el aviso o el lamento de turno. Ocurrió, sin embargo, que a partir de la Champions que a la carrera y apoyado en el Tridente conquistó el Barça de Luis Enrique en Berlín, la filosofía del antiguo Barça acabó por desaparecer y ahogadas las penas en la mayestática figura de Messi, Suárez y Neymar todo lo demás pareció dar igual.

Siete años después el Barça disputa su sexta final de Copa consecutiva, séptima en ocho años, en busca del quinto trofeo al hilo que le convertiría en el récord histórico de la competición... Pero alrededor del equipo no se respira aquel orgullo y euforia de antaño. Será por el empacho de títulos coperos, será por la depresión que sigue en el plano desde Anfield o será porque nadie parece saber cómo recuperar un estado de ánimo que comenzó a escaparse tal día como este en Madrid.

Hace siete años se despidió Pep Guardiola del Barça. Y su figura, queriéndolo o no, permanece en el plano.