La Chica del Banquillo: Los sucesores

ESPN

Koeman quiere coronar un sucesor con Messi en cancha, porque el futuro hay que probarlo

Las dinastías se preparan para las sucesiones bajo los términos de una línea de sangre. Pero en el fútbol, las monarquías se heredan por el talento. Termina un reinado y comienza otro. Porque los títulos nobiliarios se mudan con los apellidos, y se convierten en adjetivos, como el de O Rei Pelé, por ejemplo.

Messi estuvo a punto de abdicar la corona del Barcelona, un equipo que parece enfocado en prepararse para la post guerra. Para los efectos colaterales de la no salida de Messi. De un se queda con consecuencias. Con el costo añadido de las permanencias. Un Koeman que quiere coronar un sucesor con el argentino en cancha, porque el futuro hay que probarlo. El futuro, en un fútbol hipotecado a los resultados, no espera.

Y allí entra el factor Ansu Fati. En un mercado sin fichajes. Con 17 años y (al fin) con un contrato profesional. Con dos goles ante el Villarreal, y con la duda al aire de si será siempre titular. Con un Barça que se reacomoda, con un Leo que ya no irá por derecha y que ha entendido que el nuevo técnico le da la opción de que no lo haga todo. Que no siga en ese lugar común.

La 'Pulga' jugando en el lugar de Suárez, que dejó el principado para asumir un reto con el 'Cholo' Simeone. Un reto que, en su primera prueba al menos, lo deja bien parado. Dos disparos del Pistolero ante el Granada, para avisar que por allí viene con sus caballos. Dos de seis. De un Atlético que se engrandece cuando tiene un buen 9. Y que parece que podrá tirar de fondo de armario para pelear por el título.

Pero la vida todo lo recompone. O casi. Mueve las piezas, como en el ajedrez, hasta que se corona un campeón y se reinicia la partida. Una partida que cayó del lado del Real Madrid la pasada temporada, sin tener un juego perfecto. Un trono, el de Cristiano, que aún sigue vacante. Porque no solo se trata de tener el talento, sino de quererlo. Y entre el portugués y Bale 'El Prófugo', hay distancias insalvables. Porque más allá de las formas están las ganas. Por eso el galés se fue.