Charlas de Café: Milan de Sacchi y Capello vs LA Lakers showtime

Basquetbol y futbol. Dos deportes tan antagónicos como que uno se juega con las manos y el otro con los pies.

Como que uno debe jugarse contra reloj y en el otro muchas veces se pide matar tiempo para que el rival no tenga oportunidades de modificar el marcador.

Tan diferentes como que uno abraza el cambio y la constante evolución adaptándose al uso de la tecnología y el otro tarda mucho tiempo en implementarla. Y una vez aceptada, hasta se la llega a criticar argumentando que su uso está matando el espíritu del deporte.

En fin. Podríamos catalogarlos como los juegos de las grandes diferencias.

Y seguramente, considerarlos un buen tema para traerlo a una mesa de café, especialmente si se eligen dos representantes históricos de cada disciplina para discutirlo.

El Milan de Arrigo Sacchi y Fabio Capello en el Calcio y aquellos Lakers ochentosos que patentaron el Showtime en Los Ángeles y toda la NBA, han dejado huella… Ambos nos dan buenos motivos para discutir el impacto de cada uno de ellos en su deporte… Con un café de por medio.

Jordi Blanco: El Milan, estimado Marcelo. ¡El Milan!

Marcelo Bousquet: Ufff. ¡Vienes más italiano que nunca! En cualquier momento en lugar de sentarme contigo a tomar café, me invitarás a comer pizza o pasta…

JB: Es que no puedo dejar de pensar en ese equipazo que construyeron décadas atrás Sacchi y Capello. Incomparable.

MB: Bueno, si abrieras un poco la mente a otras disciplinas encontrarás ejemplos tan buenos o mejores que ese equipazo. Me vienen a la memoria los Lakers del Showtime, por ejemplo.

JB: No se puede tener una charla en paz contigo sin que la transformes en discusión. El Milan fue el equipo capaz de cederle al Barcelona el símbolo del futbol, pero abofetearle en el cara a cara y convertir su era en una maravilla, comenzando por el eterno Baresi y acabando por el legendario Maldini.

No entiendo, no comprendo, que me vengas con Showtime, que pretendas comparar al Diábolo más estupendo que vio la historia del futbol moderno con un equipo soportado a través del glamour y de las imágenes de Jack Nicholson espatarrado mirando a Magic y sus colegas.

MB: ¡No me agredas pegándole al gran Jack! Al menos los Lakers siempre juntaron a las mejores figuras de Hollywood festejando sus títulos y disfrutando del espectáculo. Yo nunca vi a Marcello Mastroiani gritando goles del Milan…

JB: ¿Pero qué dices, tío?

MB: ¿Ahora vuelves a ser español?. A ese equipo de Magic, Kareem y Worthy le llamaban Showtime. Ganaban dando espectáculo, en la década del 80 ganaron cinco títulos y jugaron ocho finales. ¡Qué digo showtime! ¡The Greatest Show on Earth!

JB: ¡Por Dios! Siempre rindes culto a la exageración. ¿Sabes qué ocurre? Que los Lakers fueron una dinastía, que sí, acepto que lo fueron, porque en aquella mejor década de los 80 solo tuvieron enfrente a un rival de consideración, que fueron, ya sabes, los Celtics de Bird. ¿Y el Milan?

El Milan, amigo, en Italia reinó por encima de la Juventus o el Inter. Y en Europa, como te dije y muy a pesar mío, arrodilló al ‘Dream Team’ de Cruyff y fue capaz de jugar cinco finales de Champions, ganando tres, en siete temporadas.

MB: Si yo hago un culto a la exageración tú le rindes pleitesías a la falta de respeto. ¿Cómo que solo los Boston Celtics fueron el único rival en serio de los Lakers? ¿Dónde dejas entonces a los Sixers del ‘Dr. J’ y Moses Malone? ¿Y los Pistons de Isiah Thomas eran ositos de peluche? ¡Por favor!

JB: Ya que siempre eres tan dado a comparar trofeos, me he molestado en mirar los éxitos de aquel Milan que construyó Sacchi y redondeó Capello con los conseguidos por los Lakers de Pat Riley. En ocho temporadas ganaron cada uno cinco títulos nacionales, pero lo que desnivela la balanza es que a ellos, con la dureza que entraña, desde siempre, la Serie A, le sumó la Champions, sin descanso, sin reservas...

MB: Otra vez me sales con la chicana de la Champions y los torneos internacionales. Yo no tengo la culpa de que en el baloncesto no se juegue una Champions o una copa de leche o la copa de la copa… En todo caso, yo creo que la Champions termina por validar los títulos que se consiguen a nivel local. Te da mayor status. Eso no lo niego. Como tampoco niego la brillantez del equipazo que construyó Sacchi y redondeó Capello. No voy a caer en la falta de respeto de menospreciar sus logros.

JB: Me hablaste de Magic, de Kareem y de Worthy, los tres grandes de aquel equipo que a su lado tuvieron escuderos de gran talento pero reducida gloria como pudieron ser Scott, Green, Cooper o Rambis.

MB: Y Bob McAdoo, Mike McGee, Mychal Thompson, Jamaal Wilkes…

JB: Lo que quieras. Pero hay algo que no entiendo: ¿cómo puedes pretender establecer ninguna clase de comparación con el Milan? Savicevic y Boban, Donadoni, Albertini, Massaro, Costacurta, Baresi, Ancelotti, Maldini, Tassotti, Rossi, Simone, Papin, Desailly, Panucci... Date cuenta que no te he nombrado a la ‘Santísima Trinidad’ aún, porque si a todos los que te dije (y tantos otros que obvié) le sumas Rijkaard, Gullit y Van Basten, la maravilla en rossonero te deslumbra ya sin más.

MB: Se ve que no escuchaste una de mis respuestas anteriores, por eso voy a repetirla: no voy a caer en la falta de respeto de menospreciar sus logros. Y cuando me refiero a logros, no solamente pienso en títulos, sino también en la relación que ese equipo tenía con sus fanáticos. Ese Milan solo generaba amor entre sus fieles y provocaba la admiración de sus rivales.

En cambio, los Lakers del Showtime acumularon el amor infinito de su fanaticada, pero la admiración de sus rivales se transformó en un profundo sentimiento de rechazo absoluto a lo que fuera amarillo y púrpura. ¿Acaso no te acuerdas que en esa época nació el grito de BEAT LA? Lo cantaban todas las hinchadas rivales.

JB: Sí. El Showtime, el Forum de Inglewood y la fantasía de Magic marcó una época en la NBA (en competencia con los verdes, no lo olvides)... Pero pretender ponerles en la misma mesa que aquel Milan es de un atrevimiento, de una osadía fuera de lugar amigo mío.

MB: Me haces reír, Jordi. Escucho tus palabras y te imagino cantando desaforado y desafinado ¡BEAT LA! como tratando de tapar el sol con un dedo…