Cinco buenas y Cinco malas

El Torneo Clausura 2022 ha contado con dosis elevadas de drama arriba y abajo, y de principio a fin a lo largo de 17 jornadas.

Ciento cincuenta y tres partidos después, el torneo mexicano llegó a su fin en su fase regular el pasado fin de semana y, previo a los juegos de repechaje y posterior liguilla, es necesario hacer un corte de caja hasta el momento.

En un país donde le rendimos culto a la muerte, y como diría Octavio Paz, “Más que el brillo de la victoria nos conmueve la entereza ante la adversidad”, el Clausura 2022 ha contado con dosis elevadas de drama arriba y abajo y de principio a fin a lo largo de 17 jornadas.

Empecemos por lo bueno y probablemente lo mejor: Pachuca, que luego de dar bandazos con Palermo y Pezzolano, acertó totalmente eligiendo a Guillermo Almada como su entrenador.

En Santos debutó a varios futbolistas mexicanos y llegó a la final en 2021. Fórmula que atrajo en Pachuca para llevarlo y los resultados están a la vista con un liderato de 38 puntos y la consolidación de jugadores como: Álvarez, Tapias, Chávez y Sánchez, más la recuperación de Víctor Guzmán tras torneos irregulares. Contra todo pronóstico, América también es parte de las cinco buenas de esta columna. En la jornada 10 era último lugar y todo parecía perdido, despidió a Solari y puso a Fernando Ortiz.

Su segunda mitad de torneo fue casi perfecta con seis triunfos, dos empates y solo una derrota: 20 puntos de 27 cuando en las primeras 8 fechas sumó solo 6. En menos de dos meses pasó de ser sotanero a terminar cuarto asegurando liguilla directa y cerrando los cuartos de final en el Azteca. Candidato al título porque llega mejor que nunca a la hora de la verdad.

Si hablamos de América, hay que hacerlo de Chivas, la tercera buena. Otro equipo que hace nada estaba perdido y que cambiando de entrenador encontró su salvación.

Ricardo Cadena ganó los últimos cuatro juegos para sumar 12 puntos y dejar en evidencia los 14 conseguidos en las 13 jornadas previas. Defiende mejor y ataca con sentido, hueso duro de roer en el repechaje para quien se ponga enfrente. La cuarta buena, los Pumas de la UNAM. Al señor Lillini hay que ponerle una estatua en rectoría por devolverle estilo e identidad a un club que, como pocos, no se puede dar el lujo de perder aquello.

Otro semestre que le desarman el plantel y otro semestre que sacando agua de las piedras obtiene buenos resultados. En repechaje y finalista de la Concachampions, poco más se le puede pedir.

A estos Pumas hay que “matarlos” dos veces porque sino reviven. En varios partidos vinieron de atrás para rescatar el empate o sacar el triunfo, llenos de garra, convencimiento y corazón.

Me recuerdan aquella semifinal del 2009, donde a punto de perecer, un cabezazo de Verón dejó sin final al Puebla que yo dirigía. Eso es lo que son y lo que siempre deben de ser.

Mención aparte para Miguel Mejía Barón, que, tras volver el año pasado, ahora como directivo, ha hecho un tándem perfecto con Lillini para potenciar las fuerzas básicas y darle estabilidad al club.

Acabo las cinco buenas destacando la labor y compromiso social de la Liga MX y sus clubes con determinados sectores de la población. Campañas de prevención del cáncer de mama y próstata, concientización del autismo e inclusión de minorías deben ser la punta de lanza para hacer más por la sociedad, ojalá pronto se materialicen en proyectos que de verdad beneficien a los más necesitados.

Afortunadamente para las malas solo hay cinco lugares, porque podría haber espacio para 15. La primera y peor de todas: la bronca en el Querétaro vs Atlas que le dio la vuelta al mundo, que pudo ser el fin de las porras y que terminó en castigos tibios y sin erradicar el problema de fondo, oportunidad histórica perdida.

La segunda es para los que decidieron mantener el no descenso y el no ascenso. Que el castigo de los últimos tres de la porcentual sea solo monetario, le resta credibilidad al futbol mexicano; que nadie ascienda, le quita todo el espíritu deportivo y de competencia a la defenestrada y denostada Liga de Expansión.

La tercera: la baja calidad en alrededor de 110 de 165 extranjeros que juegan en México. Pocos son diferenciales y muchos solo vienen a cobrar bien y a tapar salida a jóvenes mexicanos, luego, en Selección Nacional, nos preguntamos ¿por qué juegan los de siempre?

Me voy rápido porque ya me alargué, la cuarta: de 18 equipos, 9 cambiaron de entrenador. Reflejo por un lado de la poca paciencia que se tiene para trabajar en torneos cortos y también de la poca seriedad en los proyectos deportivos trayendo tipos sin mérito alguno para dirigir en México.

Finalmente, la quinta, cortita y al pie: la pérdida de identidad en Tijuana, Juárez, León, Santos y Monterrey. No saben lo que quieren, ni como ni cuando lo quieren, y desde hace rato andan sin brújula y a oscuras.

Todos estos síntomas o males, se terminan por reflejar en la Selección Nacional. Las selecciones muchas veces son el resultado de sus ligas y hoy no es la excepción, si alguien sabe a qué juega México a seis meses del Mundial, que por favor se comunique conmigo.