¿Quién no jugó a ser Jorge Campos?

Mexsport

CIUDAD DE MÉXICO -- Jorge Campos fue partidario de la modernidad cuando el mundo y el futbol caminaban a la par de la tradición.

Se convirtió en el primer portero que usaba el ‘9’, y en el primer delantero en portar el ‘1’.

“El portero está condenado a mirar el partido de lejos. Sin moverse de la meta aguarda a solas, entre los tres palos, su fusilamiento”. De esta manera define el escritor uruguayo, Eduardo Galeano, la posición de guardameta; sin embargo, Jorge desafió lo establecido, entendía poco de reglas y mucho de atrevimiento.

Cuando era niño disfrutaba montar los caballos de su abuelo ‘Cunco’ en la playa, el surf, y por supuesto, el futbol.

"Me llamaban el ‘surfer’, ‘el Acapulco’. Ya sabes, mi costumbre de siempre andar en huaraches, bermudas y cosas así. Es algo que viví. Siempre los surfers son diferentes. Somos muy solitarios. Las olas y el mar son otro mundo", contó alguna vez en una entrevista.

Jugaba en el equipo de su papá, Álvaro Campos (q.e.p.d), conocido cariñosamente como ‘Ñoño’, y debido a que era el más pequeño (de edad y estatura) lo ponían de portero, pues creían que así los balones no lo golpearían.

Era hiperactivo, y aunque causaba enojo en la banca que comandaba su progenitor, solía lanzarse al ataque como delantero. Sin saberlo, así empezó a forjar su leyenda.

La leyenda del portero-delantero que años más tarde, antes del Mundial de Estados Unidos 1994, provocó que el técnico de la selección de España en ese entonces, Javier Clemente, se quejara con la FIFA pidiendo que se reglamentara que Jorge Campos solo podía jugar de portero, pues decía que México sacaba ventaja al contar con un guardameta que también era delantero.

Jorge reconoce al ‘Chino’ Estrada y al doctor Miguel Mejía Barón como sus descubridores. Llegó el tiempo de dejar la vida en Acapulco para probar suerte en la capital; su destino: los Pumas de la Universidad.

Ingresó a las fuerzas básicas del Club y cada 15 días de forma religiosa se trasladaba a la Central de Autobuses del Sur para visitar a su familia en Acapulco, pese a que los trayectos incluían siete horas de ida y siete de regreso.

Cuentan que en más de una ocasión sus seres queridos estuvieron a punto de impedirle que volviera al Distrito Federal, y el propio Campos dudó en hacerlo, pero su deseo de triunfar lo hacía regresar.

En 1991, cuando el histórico técnico argentino César Luis Menotti dirigió a la Selección Mexicana, Campos fue el perfecto estandarte de ‘El Flaco’, que gustaba de un juego elaborado que empezara con el portero.

Menotti entendió que Jorge Campos era el portero del siglo XXI y le asignó funciones y libertades a los futbolistas que no tenían antes.

El apodado ‘Brody’ desarrolló a la perfección la escuela argentina de porteros-líberos que tuvo en Amadeo Carrizo y Hugo Gatti a sus máximos representantes. Jorge no esperaba la jugada recluido en su área, él la buscaba, la anticipaba.

Su talento, originalidad y sencillez lo convirtieron en un ídolo que traspasó fronteras, pues su fama incluso llegó a Japón y fue inspiración para el personaje del portero Ricardo Espadas, en la serie de los ‘Súper Campeones’.

Fue convocado 11 años ininterrumpidos a la Selección Mexicana de Futbol, titular en los Mundiales de Estados Unidos 94 y Francia 98; ganó la Copa Confederaciones de 1999, entre muchos otros logros; sin embargo, no son los números los que definen el legado del también apodado ‘Inmortal’.

Jorge fue un revolucionario, un adelantado a su tiempo, un personaje lleno de color y alegría que contagió a muchos.

En los recreos de las escuelas y en las cascaritas callejeras durante la década de los 90’, era común escuchar a los niños lanzar al aire un “Campoooos”, cada que realizaban una atajada.

Jugábamos a ser él, sus uniformes de arlequín tenían un sentido de pertenencia. Cada que Jorge pisó una cancha, México estuvo bien representado.

Campos fue partidario de la modernidad, cuando el mundo y el futbol caminaban a la par de la costumbre.