La falta de identidad en Chivas

ESPN

Chivas necesita asumirse como lo que es, dejar de añorar lo que fue e ilusionarse con lo que puede ser.

Luego de 12 fechas en el torneo mexicano, Guadalajara es 11º de la tabla y se agarra con las uñas a la posibilidad de jugar el repechaje. Al equipo le quedan por delante Toluca, Xolos, Cruz Azul, Tigres y Mazatlán. Pensar en seis puntos más de aquí al final del torneo sería lo más optimista; no sé si lo más realista.

Llevo tiempo diciendo que uno de los principales problemas de las Chivas es confundir su realidad. No aceptar su presente y aferrase a su pasado sin hacer mucho por cambiar su futuro. En el equipo tapatío siguen viviendo mas de lo que fueron que de lo que son. Y pese a que torneo a torneo la realidad les pega una cachetada, insisten con lo mismo.

Pensar que Chivas puede competir sólo por llamarse Chivas resulta hoy tan irrisorio como querer colocar al Aston Villa entre los candidatos al título de la Premier League sólo por el hecho de haber ganando siete campeonatos antes. O asumir que el Athletic, por sus ocho ligas en España, debe ser un contendiente ahora. En Francia, el máximo ganador es el Saint Etienne y hoy es último de la Ligue 1.

Haber sido campeón, o hasta campeonísimo antes, no quiere decir que puedas serlo ahora. Hay que aceptarse como cada uno es y, si no te gusta, trabajar para cambiarlo.

El último título del Guadalajara, aquel que llegó con Matías Almeyda, acabó por confundir aún más el momento del club. Chivas vivió entonces una realidad que no le correspondía y que tuvo que ver más con el sistema de competencia, y hasta con la polémica arbitral, que con los méritos propios.

Y las cosas van así desde hace tiempo. El equipo tiene un dueño que no se acaba de definir entre fungir como tal o seguir dedicado a sus proyectos cinematográficos. Un técnico que hace menos de un mes era directivo y que antes ya había sido técnico, pero también directivo; y todavía más atrás otra vez técnico y otra vez directivo. Marcelo Michel Leaño es el mejor ejemplo de la inestabilidad y de la indefinición. Para un equipo urgido de identidad, nada peor.

Hasta la figura de Ricardo Peláez choca con todo esto. Obligado a defender su proyecto y sus apuestas, Ricardo ha repetido una y otra vez que Chivas tiene un buen equipo. Pero el día a día y sus resultados en la cancha no parecen reforzar mucho esa idea.

Chivas necesita asumirse como lo que es, dejar de añorar lo que fue e ilusionarse con lo que puede ser. Necesita dejar de vivir confundido. No puede parecer tan falto de identidad.