Universo Paralelo: ¿Qué hubiera pasado si no marcan penal a Robben contra México en Brasil 2014?

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Tata Martino está por entender que al futbolista mexicano lo único que le importa es él mismo (1:55)

Rafa Ramos se alegra de que el técnico del Tri 'por fin está conociendo a los jugadores mexicanos'. (1:55)

El 'No era penal' se ha convertido en un rito de resignación para el aficionado a la selección mexicana de futbol, una manera de explicar lo indescifrable en tiempos de tragedia, o como un camino para consolarse por derrotas increíbles luego de haber brindado un partido que daba tintes de ser histórico.

Por esa razón, en este momento de serenidad competitiva, en un ejercicio de imaginación y estadística, ESPN plantea cómo habría sido el tiempo extra de aquel duelo de octavos final en el estadio Castelao de Fortaleza, el 29 de junio de 2014, en el marco del Campeonato Mundial de la FIFA organizado por Brasil.

El duelo, jugado a pleno sol del medio día, había regalado pocos momentos memorables en la primera mitad. Los equipos dirigidos por Louis Van Gaal y Miguel Herrera apenas se acercaron al área con un par de disparos de Miguel Layún desde la banda izquierda y algunas genialidades de Héctor Herrera para los mexicanos, mientras el ímpetu de Arjen Robben era lo mejor de los holandeses.

Hacia el final de la primera parte se combinaron Giovani dos Santos y Oribe Peralta, el primero cruzó su disparo a media altura y Jasper Cillessen, portero holandés, sacara el balón con la rótula derecha.

Enseguida un error en la salida mexicana, cuando Francisco Javier ‘Maza’ Rodríguez tocó largo para Rafael Márquez y el balón terminó en piernas enemigas. El fallo permitió a Holanda apresurarse al área mexicana por medio de Robben, hasta que apareció para cerrar Héctor Moreno, que cometió una falta no sancionada en el área. El balón fue despejado y el peligro alejado, pero en la misma jugada se fracturó el defensor mexicano y comprometió incluso su futuro profesional en Europa.

Comenzando la segunda parte México sorprendió con la genialidad de Giovani dos Santos, que bajó un balón largo y disparó de pierna izquierda para adelantar al tricolor del ‘Piojo’ Herrera, el técnico de los festejos más exuberantes en aquella Copa del Mundo.

Pero a partir del minuto 57 Holanda estuvo encima de la portería mexicana, era sólo cuestión de minutos. Stefan de Vrij remató de pierna derecha en un tiro de esquina que Guillermo Ochoa, convertido en más pulpo que portero, sacara el balón a puro reflejo y mandara la pelota al travesaño.

A pesar de la presión, México resistió heroicamente. Hasta que en el minuto 87, Wesley Sneijder encontró un balón rebotado en tiro de esquina y empató el partido.

Llegaron ahí los viejos fantasmas mexicanos. Una selección que desde 1994 siempre llega a octavos de final, y nunca puede pasar. Ni sobre Bulgaria, Alemania, Estados Unidos y Argentina dos veces. Ahora, contra Holanda, se veía de nuevo la tragedia.

La jugada clave del día sucedió en tiempo de reposición, cuando Robben ingresó en el sector derecho del área y a la hora de recortar se encontró la pierna de Rafael Márquez, el capitán mexicano. El árbitro decretó el penal, y la historia es conocida: gol de Klaas-Jan Huntelaar que calificó a Holanda a la siguiente ronda. México, nuevamente, quedó eliminado.

Pero, ¿qué hubiera sucedido si el árbitro Pedro Proenca no hubiera marcado ese penal?

El escenario más claro es que, sin ese penal, el juego se habría ido a tiempo extra.

Dadas las circunstancias del juego, con Javier ‘Chicharito’ Hernández y Javier Aquino jugando en lugar de los peligrosos Giovani dos Santos y Oribe Peralta, México se había quedado sin elementos de ataque.

Hernández y su prestigio europeo no preocupaban a nadie, Miguel Herrera había errado con un cambio que no generaba ningún peligro sobre el marco holandés. Aquino tampoco había marcado bien en el gol del empate.

Holanda, en la última media hora del partido regular, llegó 11 veces a la portería mexicana; México sólo en tres ocasiones y apenas dos terminaron en disparo a la portería.

Así que sin peligro de ataque, con un equipo desfondado físicamente y sin posibilidades de cambio México también habría sufrido, como contra Bulgaria en 1994 y Argentina en 2010, y seguramente habría sumado su tercera eliminación en tiempo de alargue.

Si México hubiera enfrentado los tiempos extra, se habrían evidenciado las verdaderas cualidades de esa generación de futbolistas mexicanos, cuya nómina tampoco había logrado pelear ante Argentina en 2010 ni lo hizo en 2018 contra Brasil.

Del entrenador, Miguel Herrera, se habría evidenciado su incapacidad para modificar sobre la marcha, donde Van Gaal le ganaba la partida.

¿Qué diferencia habría entonces seis años después? ¿Qué historia se contaría hoy de aquella tarde en Fortaleza? Seguro es que no sería un reconocimiento de la superioridad del rival en esos minutos del tiempo extra, o unos eventuales penales, alguna explicación tendría que surgir para contar, más allá de la lógica, una nueva derrota.

Como escribía Octavio Paz desde 1950 en el Laberinto de la Soledad: "Nuestras mentiras reflejan, simultáneamente, nuestras carencias y nuestros apetitos, lo que no somos y lo que deseamos ser", y en el futbol ese deseo se llama la carencia del quinto partido mundialista.