2020 Eurocopa, Fase de grupos

España aprieta pero no pasa del empate ante Suecia

Alexander Isak no marcó, pero brilló en el ataque de Suecia EPA

(Jordi Blanco, corresponsal en Barcelona) -- España comenzó la Eurocopa en falso. Mereció ganar a Suecia en Sevilla pero la penalizó su alarmante acierto en el remate. 0-0 y tanto convencimiento en la apuesta futbolística de Luis Enrique como dudas, y temores, por su déficit en cuanto al gol, que no llegó y dejó en el ambiente una evidente sensación de decepción, y preocupación, ante lo que le viene.

A los 15 minutos Robin Olsen salvó un remate de gol a Dani Olmo, a los 90 lo hizo a Gerard Moreno y a los 93 a Sarabia. Entre una cosa y otra, sobre todo en la primera mitad, España dominó de manera a veces agobiante y rozó el gol dos, tres y cuatro veces... Pero el meta sueco unas veces y la incapacidad de sus delanteros otras provocó que todo acabase tal como comenzó.

Peor aún, acabó con una sensación de impotencia manifiesta, con Morata señalado y el equipo incrédulo por lo que debió ser y no fue...

La Roja está tan necesitada de gol como sobrada de fútbol, carácter, intensidad y convencimiento. Luis Enrique dio cuenta del plan en la previa y Suecia descubrió apenas comenzar el partido que el seleccionador español no iba de farol por cuanto sus futbolistas trasladaron al césped todo aquello que anunció el técnico en la sala de prensa.

Pero no debió contar, ni Luis Enrique ni nadie, con una circunstancia tan simple como decisiva en el fútbol: el gol. Sin gol ni es completa la alegría ni se contempla ninguna clase de perfección. Y a esta España que se estrenó con el mejor juego de los cuatro primeros días de competición le pesó esa alarmante falta de definición.

Excelente en su puesta en escena, el conjunto español sometió a los suecos a un dominio en ocasiones asfixiante que se prolongó durante toda una primera mitad que mereciendo acabar con ventaja, franca, en el marcador casi agradeció no irse al descanso por debajo, congelada a los 40 minutos con la única llegada sueca en la que un pie milagroso de Marcos Llorente, cuyo rechace se estrelló en el palo, evitó el gol de Aleksander Isak.

Antes de ello Robin Olsen ya se había lucido al cuarto de hora a un cabezazo envenenado de Dani Olmo, Koke envió a las nubes un remato franco cerca de la media hora y Álvaro Morata, en la mejor y más clara ocasión, remató demasiado cruzado cuando se encontró solo delante del meta sueco.

Rápida en la circulación, excelente en la presión tras pérdida, siempre muy cerca del área rival, y mezclando el juego por las bandas y los interiores, España llegó a rozar el 90 por ciento de posesión y acabó el primer tiempo con un 84 por ciento, dando muestra de una superioridad tan manifiesta... como inútil ante la falta de ese gol que tanto buscó.

NERVIOS

Incrédula por el empate al descanso, España perdió frescura y agilidad en la segunda mitad. Siguió el dominio, se mantuvo el mando del juego pero remitió la brillantez a medida que pasaban los minutos y aparecían los nervios y, poco a poco, la fatiga.

Ante un rival bien posicionado se echó en falta el atrevimiento en el regate. Apenas lo intentó Pedri mientras Morata seguía reñido con el gol y Suecia, firme, seria y rocosa, se fijaba en la electricidad de un soberbio Aleksander Isak para enseñar las garras, tal como ocurrió a la hora de partido en que una jugada tan enrevesada como brillante del delantero de la Real Sociedad acabó con un pase de gol a Marcus Berg que este remató de manera inverosímil a las nubes, provocando un susto, otro, mayúsculo a una España tan entregada a su misión como desconcertada.

Más a cada minuto que pasaba y que motivó la reacción de Luis Enrique, dando entrada primero a Thiago y Sarabia, después a Oyarzabal y Gerard Moreno, cambiando piezas pero manteniendo la idea con el convencimiento de que el premio del gol tenía que llegar por fuerza...

Pero ni por fuera ni por dentro, ni combinando en corto ni menos aún colgando balones al área encontró España el resquicio necesario, el hueco oportuno, la jugada perfecta con la que derribar el muro de una Suecia a la que no le hizo falta engañar o sorprender a nadie con su apuesta.