Woods se despide temprano del Abierto Británico

Tiger Woods no está acabado en el golf, sin importar lo que pareció ocurrir en su martirio de las dos rondas que pudo jugar en este Abierto Británico. Tampoco se anticipa que tenga interrumpir su carrera, sin importar cuántas veces se le pregunta por la espalda que se operó.

La explicación es simple: ya no tiene 23 años. Y esa es quizás la peor parte de ser una súper estrella en cualquier disciplina deportiva.

Fue lo que Woods reconoció el viernes, antes de tomar el vuelo para viajar a su casa en Florida. Si algo positivo tras quedar eliminado tras las primeras dos rondas en Royal Portrush, según dijo, es que podrá dormir en su propia cama otra vez.

Este el nuevo Tiger, no el Tiger de antaño.

“Las cosas son distintas”, dijo Woods. “Voy a tener buenas semanas. Voy a estar en la pelea con posibilidades ganar y voy a ganar torneos. Pero se verán momentos en los que no voy a estar ahí. Y eso no pasaba hace 20 años”.

Aceptar que ya no es un jovencito, por supuesto, es algo que todo deportista debe lidiar. Woods no es la excepción, por más que sus furibundos seguidores crea es inmune a la realidad que los mortales afrontan.

Y la verdad quién podría culparles. Una mágica consagración en el Masters de este año tras 11 años sin ganar un grande no solamente agigantó la leyenda de Woods, pero dejó a sus fans deseando mucho más.

El viernes, Woods empezó el recorrido de los últimos nueve hoyos en Royal Portrush con un par de birdies y tuvo al alcance la posibilidad de alcanzar una buena anotación de 3 golpes bajo par luego de 11 hoyos. Pero ese fue su último birdie en la jornada del viernes, y acabó con dos bogeys consecutivos que le dejaron con una ronda de 70, 1 bajo par.

Quedó con un 6 sobre par, lo que le impidió superar el corte por segunda vez este año en un major dentro de una temporada que comenzó con una quinta victoria en el Masters de Augusta.

El ver a Woods pasarla mal en el campo de Royal Portrush el viernes, sin embargo, confirmó que no es solo un ser humano, sino también uno que envejece.

Tendrá 44 años cuando vuelva al Augusta National para defender su chaleco verde, con todos los achaques y dolores de alguien a esa edad, exacerbados por el montón de veces que ha sacudido un palo de golf en su vida y las cuatro cirugías en la espalda a las que se ha tenido que someter.

No está acabado, y el sugerirlo es torpe. Su actuación en la recta final del domingo en el Masters fue un recital de precisión, y ganar el chaleco verde por quinta vez fue igual de impresionante a la victoria de Jack Nicklaus, con 46 años, en 1986.

Volverá a ganar, como dice, y quizás sea muy pronto. Woods indicó que estará en condiciones para jugar en los playoffs de la Copa FedEx tras tomarse unas semanas de descanso.

Quizás tenga una oportunidad de alcanzar a Nicklaus con 18 majors _ necesita ganar tres más _ aunque con cada mala actuación eso parezca poco probable.

Pero Woods no dominará como en su mejor momento. No ganará torneos en grandes cantidades como lo hizo cuando era un veinteañero, ni será el dueño de todos los grandes como lo alcanzó durante un momento sublime hace casi dos décadas atrás.

Acepto tomar su tiempo. Pero Woods finalmente lo ha entendido.

"Es sólo una cuestión de ser consistente”, dijo Woods. “Esa es una de las cosas más difíciles de aceptar cuando se es un deportista viejo, de que no podrás ser tan consistente que cuando tenías 23 años”.