Bryson DeChambeau "demolió" Winged Foot y a sus rivales, y ganó el US Open

Durante muchas décadas el US Open fue el torneo donde los jugadores debían evitar el peligro. Pero Bryson De Chambeau fue directo hacia el riesgo y obtuvo un resonante triunfo en Winged Foot. Canchas largas, fairways muy angostos, roughs imposibles y greens con declives endemoniados y rápidos como el vidrio, fueron siempre el sello que la USGA imprimió al torneo nacional de Estados Unidos. Esta edición tan especial, nada menos que el 120 aniversario, en medio de la pandemia y jugada sin público, no fue la excepción. Sin embargo DeChambeau pareció el alumno que tuvo todas las respuestas correctas en este examen y obtuvo su primer Major. Superó los obstáculos con una extraordinaria potencia en la cancha y una finesa superior sobre los greens.

Seis golpes de ventaja separaron al ganador de su escolta, el joven Mathew Wolff (21). Seis golpes y todos bajo el par en el mítico y difícil trazado par 70 de 7500 yardas de Winged Foot, en New York.

En la era posterior a la superioridad de Tiger Woods, donde la paridad es la nueva regla y hay muchos jugadores con posibilidades reales de ganar un Major, la victoria de DeChambeau por seis golpes es un mérito enorme, sobre todo porque lo hizo en sus propios términos. Hay que pensar en la enorme fortaleza mental que hace falta para tener éxito haciendo todo de manera diferente y no preocuparse por lo que otros puedan decir. Comenzó con un 69(-1) y un 68(-2), e hizo 70 (par) el sábado. Pero su vuelta de final de 67, tres golpes bajo el par, cuando el score promedio del día fue de 75 golpes merece recodarse como una de las mejores últimas vueltas de la historia moderna.

Su estrategia de pegar largo en todos los hoyos tuvo su recompensa. La cancha tiene la característica de poder entrar de corrida en casi todos los greens y esto, con un wedge en la mano y desde el rough, por más espeso que sea, le permitió a DeChambeau dominar al monstruo y alzarse con el trofeo. No fue casualidad que en la última salida hubiera dos jugadores que competían por el drive más largo. Esto llegó hasta el ridículo en el hoyo 9, un par 5 de 565 yardas. De Chambeau pegó primero una bomba de 374 yardas. Wolff le respondió, 388 yardas. Ambos desde el fairway y con un wedge en la mano dejaron sus segundos tiros en el green. Los dos embocaron para tres en un par 5 donde solo hubo cuatro águilas en todo el torneo. Insano.

Cualquiera diría que un Major como el US Open es un torneo donde la experiencia es crucial. Sin embargo en la larga historia del campeonato solo hubo ocho ganadores que estaban en sus cuarenta. Es definitivamente el Major de los jugadores jóvenes. Desde el 2010 el más viejo de todos fue Gary Woodland y tenía 35 cuando ganó el año pasado en Pebble Beach, y siete de los últimos diez campeones fueron veinteañeros. Mathew Wolff que estaba primero al comenzar la última ronda hubiera sido el séptimo jugador más joven en ganarlo con 21 años, 5 meses y 6 días, ubicándose entre Bobby Jones (21/4/12) y Walter Hagen (21/8/0).

¿Y que fue del resto de los jugadores? Es cierto que quedaron opacados por el match play que se jugó en la última salida, pero aunque solo sea para los records, conviene recordar que hubo otros 59 golfistas profesionales el domingo en Winged Foot.

Entre los terrenales , el sudafricano Louis Oosthuizen quedó en el tercer lugar con +2. El estadounidense Harris English fue cuarto con +3. Su compatriota Xander Schauffele fue quinto con +4. Dustin Johnson, número uno del Ranking Mundial y el candidato de muchos, volvió a demostrar que los Majors no son lo suyo. Con un juego que merecería una proporción más justa entre sus 23 victorias en el PGA Tour y su único triunfo en un Major (el US Open de 2016 en Oakmont), Johnson quedó empatado en el 6to puesto con +5. Otro notable que no encuentra su mejor versión en los Majors fue el norirlandés Rory McIlroy, que no gana un torneo mayor desde el PGA Championship en 2014. Seis años de sequía es demasiado para quién era el promisorio heredero de Tiger Woods. McIlroy quedó empatado en el 8vo puesto con +6. El español Jon Rahm, que venía tan inspirado en las semanas previas, también sucumbió en las dificultades de Winged Foot. Quedó empatado en el puesto 23 con +10. De los sudamericanos, el mejor clasificado fue el chileno Joaquín Niemann que también compartió el puesto 23 con +10. El estadounidense Rickie Fowler, con 31 años, sumó otra decepción en un gran torneo y con +17 terminó en el puesto 49 y sigue soñando con lograrlo con el reloj en su contra.

Al final del tablero quedaron los otros dos sudamericanos que pasaron en corte. Abraham Ancer con +21 en el puesto 56 y el colombiano Sebastián Muñoz con +24 en el puesto 59.

El flamante campeón ya está pensando en el Masters que se jugará en el mes de noviembre. Sus planes son aumentar otros 8 kilos y alargar 7 centímetros la vara de su driver. Sus intenciones son claras, demoler también la joya que el Dr. MacKenzie y Bobby Jones crearon en Augusta. A juzgar por lo visto en Winged Foot, sus chances de conseguirlo son altas.