Mariela Antoniska, una campeona del mundo luchando en el Garrahan

Antoniska: "El trabajo en equipo es fundamental, el respeto, la puntualidad, la constancia y la perseverancia son valores que me traje a la profesión" -

La exLeona, arquera de la selección entre 1998 y 2006, y recordada por sus atajadas en los penales frente a Países Bajos en la final de la Copa del Mundo 2002, se encuentra luchando contra el COVID-19 en el Hospital Juan P. Garrahan.

Mariela Antoniska no es de las caras más conocidas de las primeras Leonas. Porque nunca le gustó mucho la exposición, y porque siempre estuvo detrás del equipamiento de arquera que cubría su cara y cuerpo, y la protegía tanto como ella protegía el arco.

El 8 de diciembre de 2002, le contó al mundo entero quién era. Después de la serie de penales en la final del Mundial ante Países Bajos, en Perth, Mariela salió corriendo luego de atajarle la definición a Fatima Moreira de Melo en la muerte súbita, se arrancó el casco y gritó, junto a todas sus compañeras, '¡Dale campeón!' por primera vez en la historia del hockey nacional en este torneo. Esa imagen, es seguro la más recordada por todos los que vivieron ese momento a través de una pantalla en la madrugada argentina. Antoniska era la protagonista, su emoción nunca había sido tan visible. Hoy, otra vez, vuelve a estar al cuidado de lo importante. Pediatra, gastroenteróloga, Mariela está en la trinchera del Hospital Juan P. Garrahan combatiendo al virus que desató la pandemia. Ya no ataja penales, sino que su vida se trata de atajar enfermedades.

"Así como nunca me imaginé ser campeona del mundo, tampoco pensé que podía pasar algo así. Estuve en el 2009 con la Gripe A en una situación parecida, era residente, también me encontró luchando pero más adentro porque fue más grave para los pacientes pediátricos. Esto del coronavirus es distinto a cualquier otra cosa, hay como una pausa en la vida de todos", comenzó relatando la exarquera de la Selección.

En 2006 jugó su último torneo con la celeste y blanca y se recibió de médica. Se retiró del deporte profesional para comenzar su carrera, otra pasión, aunque continuó un tiempo en Lomas, su club. "No me costó tanto porque era lo que quería. La preparación en el alto rendimiento te ocupa un 80 por ciento del tiempo. Por suerte cuando dejé estaba muy ocupada y casi no tenía tiempo de pensar en el hockey. La residencia es dura, y tal vez tenés 11 guardias en un mes. No queda mucho resto. Sí me pasaba de extrañar cuando las veía en la tele. Me acuerdo que cuando fueron los Juegos de Beijing me dio un poco de nostalgia porque yo había estado ahí hasta hacía muy poco", contó Antoniska.

Dos veces medallista olímpica (2000 y 2004), campeona en el Champions Trophy de 2001 y en la Copa del Mundo de 2002, Mariela fue parte de casi todas las primeras veces en un podio de la selección femenina. Por eso está tranquila y contenta con su decisión de seguir adelante en el campo de la medicina. No se guardó nada, y se lo reconocen. "En 2007 empecé la residencia en el Posadas y muchos colegas no podían creer que yo esté ahí si el año anterior era Leona. Les resultaba como muy loco. También había pacientes que me reconocían. Hoy el público que más me ubica son los padres de los chicos que atiendo, pero también hay niños que me preguntan. Me pasó de un chiquito que atendía, que el papá era fanático y tenía un póster en la habitación del hospital con el equipo de Sidney 2000. Ese grupo transmitió algo increíble, una mística diferente a todo", recordó con algo de emoción.

Hay muchos valores que Mariela tomó de Las Leonas, para la vida y su rol de médica: "El trabajo en equipo es fundamental, el respeto, la puntualidad, la constancia y la perseverancia son valores que me traje a la profesión. Me muevo de la misma manera en el Hospital que cuando era deportista". Y agregó: "Cuando una se caía en el grupo, la otra la levantaba, y eso acá funciona igual. Tenemos que estar arriba porque atendemos nenes chiquitos. He perdido pacientes que quería muchísimo y fue muy duro. Pasan esas cosas porque la enfermedad a veces gana, pero la contención de los compañeros es sumamente importante ahí. Por suerte pasan más cosas buenas que reconfortan, que malas".

En la actualidad, Antoniska además de ser reconocida por su brillante actuación en aquella final del Mundial, y en todo su paso por Las Leonas, es reconocida por salvar vidas sin importar la exposición al virus que eso requiere, por su labor y su constancia en la lucha contra el COVID-19. "Yo estoy ahí como médica, no me creo mucho lo de los aplausos porque tal vez después los mismos que salen al balcón, escrachan a enfermeros o doctores porque no quieren que entren a sus edificios. Los médicos siempre estuvimos y vamos a estar. Es como el Día de la Madre, no existe un día, es todos los días. Para nosotros esto es así, y no me cuesta hacer mi trabajo aunque tenga miedo a veces", aseguró.

Su vida cotidiana cambió igual o más que la de todos. Los protocolos que debe seguir para el ingreso al Hospital Garrahan son exhaustivos. Cambiaron la modalidad de trabajo y se dividieron en grupos que van días distintos, porque si alguno da positivo, pueden aislar a una parte y no deben hacerlo con todos los profesionales. Sumaron consulta vía web o videollamada para que la gente no se acerque a la institución. Pero también tienen medidas de prevención para el regreso a casa, donde vive con su madre que es persona de riesgo y teme contagiarla.

Mariela Antoniska asegura que algún mensaje la sociedad debe rescatar. Dice que la cuarentena obligó a todos a parar y reflexionar sobre lo importante de la vida. "En algún momento te la pasás quejándote y de repente algo te hace ver que hay cosas más graves. Yo me ponía triste por un partido y después como médica entendí que había situaciones peores. O no quería saber nada con la medalla de plata de Sidney porque habíamos perdido la final, y cuando me alejé dimensioné lo que realmente habíamos logrado. No cualquiera sube a un podio. Esto es igual, este tiempo nos hace ver las cosas de otra manera, vivíamos en una vorágine”, reflexionó la exLeona.