Miguel Herrera y el bozal

ESPN

Miguel Herrera escucha a sus críticos. Podrá decir que el #FueraPiojo le hace lo que el 'viento a Juárez', pero la realidad de acuerdo a sus más cercanos, es que lo mueve.

Herrera siente que le ha devuelto al América una posición de privilegio que había perdido antes de su primera llegada al club en 2011 y por eso le repatea aún más que sea una propia facción de “seguidores” la que encabeza esta pequeña insurrección en redes sociales.

No le preocupan las consecuencias porque adentro del club no solo le renovaron su contrato hasta el 2024, le hacen oídos sordos al ruido, particularmente al casi estridente que emana de algunos símbolos del club como el de Antonio Carlos Santos quien comienza a fastidiar a uno que otro dirigente azulcrema.

Vamos, en resumidas cuentas, a Miguel Herrera le molesta el #FueraPiojo pero no le preocupa.

Le preocupa los problemas adentro del plantel.

Entre lesiones y enfermedades, Miguel Herrera ha tenido que fungir más como malabarista que como director técnico.

Al equipo más que dirigirlo, lo parcha. Semana a semana.

Miguel quiere una orquesta en la que no sabe quién ejecutará las cuerdas ni trompetas al día siguiente. Dirige muchas veces al aire esperando que el suplente del suplente del suplente sepa qué hacer en la cancha.

Pero en algo tiene razón esa “ala reventadora” del americanismo: en este conjunto se exige como en ningún otro. Ganar es obligación y ganar convenciendo es igualmente exigible, más allá de que nadie está obligado a lo imposible.

Pero “El Piojo” tiene delante suyo una inmejorable oportunidad de bajarle al ruido que incomoda en Coapa: una -muy extraña- seguidilla de tres clásicos comenzando con el más importante este sábado cuando el América juegue contra Chivas.

Nunca antes su categoría de “El Señor de los Clásicos” estará tan en juego.

Si no es capaz de evitar derrotas, jugar medianamente mal como a lo largo de esta campaña, si su equipo se ve rebasado y estropea las próximas tres semanas de sus seguidores, no le quedará más remedio que ser campeón para pasar una Navidad en paz.

Pero si por el contrario, el malabarista ejecuta pulcramente, supera -como suele hacerlo- a sus máximos rivales, Miguel Herrera no solo estabilizará el jet que su directiva presume haberle dado, sino que al mismo tiempo, en esta época de tapabocas, logrará ponerle un bozal al ruido que partido a partido le hace enojar.