El premio merecido

BUENOS AIRES -- Con automóviles por delante, detrás y los costados, el micro que trasportó a los jugadores de Estudiantes de La Plata hacia esa ciudad, capital de la provincia bonaerense, avanzó lentamente por la autopista Riccheri, entre los festejos de simpatizantes y de los propios jugadores en el techo del autobús. La caravana duró siete horas y la cerró el equipo con discursos en la Municipalidad platense.

Una impresionante columna de vehículos se agolpó detrás del micro de los campeones de América, en el que los jugadores continuaron festejando, acompañando los cánticos de los hinchas que los rodearon y haciendo flamear banderas albirrojas.

En la parte delantera del micro se exhibió una bandera del Atlético Mineiro, el rival tradicional del Cruzeiro, que les fue regalada por hinchas de ese club que acompañaron a los de Estudiantes en las tribunas del estadio Magalhaes Pinto.

Los jugadores de Estudiantes mostraron remeras blancas con la leyenda en rojo "El Pincha manda" en la parte delantera y un mapa de América en la posterior.

Uno de los futbolistas, el delantero Gastón "La Gata" Fernández, autor del primer gol en la final en Belo Horizonte, tocó el redoblante en la parte delantera del vehículo, ante la locura de sus compañeros, felices como nunca antes por semejante felicidad.

Fuentes del club platense le dijeron a la agencia Efe que más de 500.000 personas, entre las que se reunieron en la estación aérea, las que estacionaron sus coches en las calles previstas para el trayecto del autobús hacia La Plata, y las que esperaron en esa ciudad, se congregaron para recibir al nuevo campeón.

Numerosos simpatizantes de los más de 4.000 que viajaron a Brasil y que regresaron a su país a media mañana permanecieron en el Aeropuerto de Ezeiza para recibir a los jugadores, a los que se sumaron otros desde unas seis horas antes del aterrizaje del avión para acompañarlos en una caravana hasta La Plata.

La delegación futbolística estudiantil, con el capitán y figura del equipo, Juan Sebastián Verón, a la cabeza, provocó a su llegada el delirio de los simpatizantes mientras se organizó más hacia la noche otro recibimiento en su ciudad, donde hubo celebraciones callejeras desde la finalización del partido en Brasil hasta la salida del sol del jueves.

Varias cadenas de televisión transmitieron en directo la caravana triunfal de Estudiantes, con los jugadores subidos a un autobús descubierto en la parte superior para exhibir el trofeo, por calles con un colapsado tráfico de vehículos. Es que el Pincha logró nada menos que su cuarta Copa Libertadores de su historia.

"El que no salta no va a Dubai", fue una de las estrofas más entonadas por los hinchas, que no escatimaron en ilusiones respecto de la posibilidad de enfrentarse y vencer al Barcelona de España, en una hipotética final del Mundial de Clubes, que se disputará en diciembre.

El fervor de "la familia pincharrata", como le gusta decir al entrenador, Alejandro Sabella, tuvo correlato constante en sus jugadores, y sobre todo, en el emblema y capitán del equipo, La Brujita Verón, que respondió ante cada saludo y gesto de los hinchas, con sonrisas y grandes emociones.

La alegría "estudiantil" también tuvo ecos en simpatizantes de otros equipos, que a la vera de la autopista celebraron y aplaudieron los festejos del flamante campeón de América e hicieron del trayecto hacia La Plata una verdadera fiesta del fútbol.

Los jugadores, en un traslado que demandó siete horas debido a la enorme cantidad de público que los esperó, pasaron por el campo de entrenamientos del club en City Bell y fueron finalmente recibidos por el intendente platense, Pablo Bruera.

En el centro de La Plata fue todo ebullición, delirio y emoción en la gente, que recordó con alegría aquellos triunfos memorables como cercanos y ahora disfruta de una felicidad renovada.

El cierre fue histórico, con Verón, Sabella y el presidente del club, Filipas, con palabras de agradecimiento y emoción, en pleno palco de la Municipalidad platense.

La Brujita, disfónico, casi sin voz, por todo lo que gritó desde la noche anterior en Brasil, fue el primero en aparecer ante la multitud, una vez terminada la caravana. Se asomó en el palco con la Copa Santander Libertadores y se produjo una explosión de alegría, con banderas, humos rojos y blancos, gritos y llantos.