¿Qué fue lo que pasó?

Momento en que Clemente conecta su hit 3000 el 30 de septiembre de 1972. AP Photos

Nota del Editor: Esta es una versión extendida de la historia que saldrá en la edición del 24 de diciembre de ESPN The Magazine.

El primer recuerdo que tengo es de mi padre llevando un martillo a nuestras habitaciones y rompiendo nuestras alcancías de ahorros la noche en que Roberto murió.

No tenía manera de saber lo que estaba pasando. No sabía sobre el avión caído, aquel que llevaba a una superestrella junto a muchas cosas necesarias para ayudar a las víctimas del terremoto en Nicaragua. Lo que sí creo que entendí fue lo que Roberto significaba para mi papá.

Tres años antes, cuando mi papá llegaba a trabajar por primera vez con los Piratas de Pittsburgh, fue interceptado por Dick Stockton en el estacionamiento del estadio McKechnie, el predio de entrenamiento de los Piratas durante la primavera en la ciudad de Bradenton, Florida. Stockton es un relator de renombre hoy en día, pero en 1970 él era el conductor de un programa deportivo en la televisión local de Pittsburgh, y él le preguntó a mi papá si él era el nuevo director de relaciones públicas del equipo. Cuando mi padre afirmó que lo era, Stockton le dijo que le gustaría tener una entrevista con Roberto Clemente. Mi padre le explicó a Stockton que recién había empezado a ejercer su nuevo cargo hace apenas unos minutos, y que ni siquiera había conocido a Clemente. Sin embargo, le prometió que vería lo que podía hacer.

Mi papá padece de Alzheimer ahora, así que no puedo preguntarle que pasó después, pero cuando su memoria permanecía intacta él agarró un cuaderno amarillo y comenzó a escribir varias de sus historias relacionadas con el béisbol, recuerdos suyos. Él describía en esas páginas su primer encuentro con Roberto. Papá se presentó como el nuevo relacionista público, y en la próxima oración él le preguntó a Clemente si él podría hacer una entrevista con el director deportivo de la estación KDKA-TV.

Roberto reaccionó con un monólogo de tres o cuatro minutos, combinando inglés con español para hacerme saber exactamente como se sentía respecto a Stockton. Aparentemente él y Dick se habían distanciado hace un tiempo por algo que Stockton había dicho al aire.

Luego Roberto hizo una pausa, recuperó la calma y me miró con una sonrisa. ¨¿Te ayudaría si yo hago la entrevista?¨, él preguntó..

"Bueno, la verdad que hoy es mi primer día en el trabajo y estoy intentando empezar con el pie derecho¨, le respondí. ¨Sí, me sería de mucha ayuda si podrías hablar con él¨.

Clemente asintió y dijo ¨O.K. lo haré por ti, amigo¨. Él se terminó de vestir, salió al diamante y le dio una entrevista a Dick Stockton por primera vez en años. -- Bill Guilfoile

Esa noche en mi cuarto, temprano por la mañana de aquel 1 de enero de 1973, no creo que mi papá tenía palabras para expresar lo que sentía. Él había terminado de hablar por teléfono con Joe Brown, el gerente general de los Piratas. Joe no había colgado el teléfono, envuelto por su tristeza, lo que en el contexto de la comunicación en los años 70 significaba que nuestro teléfono había sido desconectado. Así que papá sacó el cambio del banquito de sus hijos y lo puso en una media vieja que se llevaría junto a un pequeño cuaderno con direcciones para caminar por una milla hasta llegar a un teléfono público ubicado en el estacionamiento de una tienda, y desde allí él le diría al mundo entero que Roberto estaba muerto.


El filósofo francés Henri Bergson dijo lo siguiente hace mucho tiempo: "El tiempo es lo que previene que todo pase de repente¨. También he visto a esta frase atribuida a la película llamada "The Sisterhood of the Traveling Pants" (Uno Para Todas), pero sea cual sea la fuente, yo utilizo a esta frase para entender el significado de lo que le ha sucedido a mi padre desde que el Alzheimer invadió su cerebro.

Según mi papá, yo tengo 5 años y también soy un novelista. Tengo 43 años y también estudio en la Universidad de Notre Dame. Soy director asociado de relaciones públicas de los Astros de Houston, pero todavía no tengo la edad suficiente para manejar. Soy un entrenador de béisbol en las Pequeñas Ligas, allí por La Grange, Illinois, y también juego en las Pequeñas Ligas en Bethel Park, Pa. También trabajo en publicidad.

Mi madre también me conoce como todas esas cosas, pero ella también entiende al concepto del tiempo como organizador. O sea, que yo fui cada una de esas cosas en distintas etapas de mi vida. Mi padre no lo entiende.
Para él yo soy todas esas cosas en una. Él vive en un presente eterno, sin un concepto real del ayer o el mañana.

Mi madre es más fácil de reconocer para él, ya que ella siempre ha sido la misma, el pilar estable de su vida para él. Pero a veces él se olvida de ayudarla a llevar sus libros a clase.

Su personalidad sigue vigente, aún si sus recuerdos están hechos una mezcla de cosas. Él sigue siendo gracioso, y sorprendentemente veloz con respuestas breves que hacen reir al personal del asilo donde vive. Él sigue siendo excesivamente gentil, tal y como siempre lo supo ser. Él es bueno en pretender que le interesa una conversación cualquiera, especialmente por teléfono, pero se pone muy ansioso si te sientas y hablas con él por mucho tiempo. Él se toca la frente con sus dedos y dice ¨¿No deberíamos irnos?¨. Tu le dices que no necesitan estar en ningún lugar en particular, pero él te vuelve a preguntar 30 segundos después: ¨¿No deberíamos irnos?¨.

¿Qué les sucede a los recuerdos cuando se colapsan en el tiempo de esa manera? Ellos no desaparecen, solo se vuelven imposibles de distinguir. Así que mi padre, a quien siempre le encantaron las historias -- contarlas, escucharlas -- ya no las puede comprender. La estructura de cualquier historia, despues de todo, es que esto pasó y luego eso sucedió y él no puede hacer que esa secuencia tenga sentido.

Ese es el verdadero infierno de esta enfermedad. Su propia identidad es un rompecabezas que él no puede resolver.

Los objetos también tienen historias. Rompecabezas que necesitan ser resueltos. Como por ejemplo un par de bates que pasaron por las manos de Roberto Clemente antes de llegar a las de mi padre. Uno colgaba en la pared de mi cuarto durante mi infancia. El otro está en el Salón de la Fama.

Estos objetos nunca olvidan, pero tampoco cuentan sus historias.

Sin algo de suerte, jamás volveríamos a escuchar sobre ellos.


Jamás tuve una vida en el béisbol como la que tuvo mi padre. Tenía una vida alrededor del béisbol. En proximidad al béisbol. Y la verdad es que fue buenísima.

Desde que yo era un bebé, y mi papá trabajaba para los Yankees de Nueva York, hasta que estaba en quinto grado y mi papá dejó a los Pìratas para convertirse en vicepresidente del Salón de la Fama del Béisbol, yo fui aproximadamente a 40 o 50 juegos de las Grandes Ligas por año.

Nosotros dejamos de ir a los juegos tan seguido cuando nos mudamos a Cooperstown, a horas de distancia de hasta una pequeña ciudad. Pero allí nosotros teníamos nuestro propio estadio: Doubleday Field, el lugar de nacimiento del béisbol. Yo no jugué todos mis partidos en la escuela secundaria en algun diamante cualquiera de una escuela rodeada por gradas de aluminio y una reja, sino frente a espectadores que eran turistas en el cuadro más impecable que pertenecía a un estadio histórico con capacidad para 10 mil personas.

Los mejores equipos de la costa este siempre viajaban en autobús cada verano a Cooperstown para jugar en el Doubleday Field. Su rival generalmente eramos nosotros. Casi siempre jugábamos dos, a veces tres juegos por día. La mayoría de nuestros jugadores tenían trabajos veraniegos, así que intentábamos entrar y salir de la mejor manera posible. Yo era el encargado de cargar cosas en una tienda de productos baratos llamada "Centro de Descuentos Para la Casa y la Granja", ubicada justo enfrente del estadio. Yo iba con mi uniforme puesto al trabajo, llenaba los estantes, pasaba la aspiradora por la tienda y luego agarraba mi guante para correr a la calle de enfrente. Yo jugaría algunas entradas hasta que me avisaban que un camión había llegado lleno de muñecas, queroseno o lo que sea, y yo correría por la calle principal para descargar su contenido al mismo tiempo en que otro chico, todavía oliendo a los deberes que tuvo en la granja de su familia, llegaba para tomar mi lugar.

Tuve el placer de conocer a casi todas las leyendas del béisbol. Hablé sobre bateo con Ted Williams y sobre correr las bases con Cool Papa Bell. Yo me senté en la mesa de mi propio comedor con el ex comisionado de béisbol Bowie Kuhn mientras el legendario lanzador de los Yankees Waite Hoyt contaba historias sobre Babe Ruth.

Años antes de que vivieramos en nuestra casa ubicada en la calle Lake, Joe DiMaggio y Marilyn Monroe cenaron en esa misma mesa con su dueño anterior y ayudaron a lavar los platos después de comer. Marilyn Monroe lavando los platos en el mismo lugar donde yo lo hacía cada noche -- eso es algo que haría explotar a la cabeza de cualquier niño de 13 años.

  • En una tarde durante nuestra estadía en Puerto Rico, Roberto y su esposa Vera nos llevaron a pasear por San Juan, mostrándonos la ciudad de la que estaban tan orgullosos. Durante el día caminábamos por las calles y parábamos dos veces para comer. Aunque Roberto era reconocido universalmente, nadie se le acercó para pedirle un autógrafo. Le mencione esto a un periodista puertorriqueño al día siguiente "Oh", dijo él. "A nadie se le ocurriría pedirle un autógrafo cuando está con amigos. Lo respetamos demasiado. Yo pensé que esto era un contraste interesante comparado a lo que los atletas tienden a experimentar en Estados Unidos.

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Yo trabajé en el béisbol por apenas tres temporadas, así que a diferencia de mi papá yo jamás forjé amistades duraderas con peloteros profesionales.

Sin embargo, solo necesité de un par de horas para hacerme enemigo de uno.

Yo era un estadounidense común de 20 años que estudiaba en la universidad y ganaba 500 dólares al mes como pasante en el departamento de comunicaciones de los Piratas. En ese entonces, Barry Bonds era el primer bateador de la alineación inicial del equipo a los 24 años, un jugador con un montón de potencial, pero no la superestrella que sería algunos años después. Barry tuvo una cantidad respetable de 19 cuadrangulares y una cantidad impresionante de 32 bases robadas, pero su promedio de bateo era de apenas .249. Nadie lo llamaba un futuro integrante del Salón de la Fama todavía.

Era un día típico en el estadio Three Rivers (Estadio Tres Ríos) y yo estaba buscando datos, ayudaba con pedidos y escribía artículos para varias publicaciones internas. Durante los juegos yo trabajaba en el palco de prensa, haciendo trabajos básicos. Cada mañana yo recibía una lista de nombres de parte del departamento de Relaciones Comunitarias -- niños enfermos en hospitales más que nada, u otros pedidos de caridad o entrevistas -- y caminaba hasta el vestuario con una carpeta llena de fotos para conseguir autógrafos.

Casi todos los peloteros me trataban con amabilidad, o por lo menos con respeto. Algunos probablemente hasta esperaban que su nombre estuviera en algún sticker mío -- que si un niño les pedía un autógrafo era una buena señal para sus carreras. Otros me veían como una pequeña molestia que podía ser despachada con unos pocos segundos de esfuerzo mínimo con un marcador.

Y luego estaba Barry Bonds.

Barry no era el tipo de cretino que era bueno con la gente solamente cuando necesitaba algo de ellos. En mi apreciación, Barry era un cretino prácticamente con todo el mundo todo el tiempo. En vez de criticarme directamente o simplemente ignorarme, Barry a veces hablaba sobre mí como si no estuviese presente en la sala. A veces le diría a Bobby Bonilla, quien era su vecino de casillero, que yo estaba mintiendo y que esos autógrafos no eran para los simpatizantes, sino que yo se los vendía a vendedores profesionales, que yo era otro hombre blanco sin talento aprovechándome de los hombres negros que eran verdaderamente habilidosos.

Eventualmente pensé en una estrategia, pero requeriría de paciencia y timing. Había solo una persona en el vestuario cuya opinión era de peso para Barry Bonds, y esa era la de su manager, Jim Leyland. Pronto me di cuenta de que Barry jamás dejaría que Leyland lo viera faltándome el respeto. Así que yo conseguía los autógrafos de los otros jugadores y luego esperaba que Leyland saliera de su oficina -- aunque algunas veces jamás salía. Pero si Leyland llegaba a pasar por ahí, yo estaba listo al lado de Barry con un marcador, y él me pondría mala cara mientras me daba lo que necesitaba. Hasta el día siguiente.

Me estaban presionando bastante para conseguir el autógrafo de Barry en una pelota durante una seguidilla de partidos como locales, pero él no quería tener nada que ver conmigo. Cada par de horas yo recibía una llamada de alguien preguntándome donde estaba el autógrafo, y yo bajaba al vestuario para acosar a Barry, pero él me decía que dejara de molestarlo o se iba a otro lado cuando me veía. Yo me frustré tanto que agarré un par de pelotas de algún lugar y me escondí en una oficina practicando su firma hasta que era lo suficientemente similar.

Nunca intenté hacer que esos parecieran los autógrafos de Barry -- solamente estaba descargando mi coraje -- pero hubo una época en la que era común hacerlo. En la década del 60, la época de Clemente, la gran mayoría de los equipos tenían a un par de tipos que eran expertos en falsificar las firmas de sus mejores jugadores -- mi papá era uno de ellos para los Yankees --. Papá solía bromear diciendo que seguramente habían tantas pelotas firmadas por Mickey Mantle como por Bill Guilfoile.

La actitud prevalente entre los equipos y los jugadores en ese entonces era que los bates y las pelotas autografiadas eran cosas que hacían feliz a la gente. No eran objetos preciados que certificados de autenticidad como lo son hoy en día.


El sábado 30 de septiembre de 1972, Roberto Clemente llegó al estadio Three Rivers cansado y frustrado. Tenía 2999 hits en su carrera, y la noche anterior pudo haberse convertido en el decimoprimer jugador de la historia del béisbol con 3000 imparables si el anotador oficial no hubiese cambiado uno de sus turnos de un hit a un error. Roberto no había dormido nada, pero él quería llegar a los 3000 desesperadamente. Había sido una temporada larga. El tenía 38 años y se veía plagado por lesiones crónicas. Él quería tomarse par de juegos de descanso antes de los playoffs.

Se ponchó en la primera entrada, pero en la cuarta consiguió un doble tras un lanzamiento de John Matlack de los Mets. Nadie podría quitarle este imparable esta vez. El legendario relator Bob Prince lo narraba por la radio: ¨¡Bobby conecta un batazo con dirección al hueco entre el izquierdo y el central! ¡Allí está!¨.

Mi papá fue al vestuario tras el partido y navegó al mar de periodistas que rodeaban al casillero de Clemente. Los periodistas deportivos le preguntaban a Roberto como eligió al bate con el que consiguió su hit número tres mil. Roberto le dijo al diario New York Times que Willie Stargell lo ayudó a escoger el bate. "No había estado bateando bien últimamente, así que Willie agarró uno de mis bates .. uno más pesado que el que venía utilizando¨, dijo Roberto. ¨Él me lo dio y me dijo ´ve y consíguelo´'".

Es difícil de imaginar hoy en día, pero apenas 13 mil personas estuvieron presentes en el estadio. Los Pirates eran los campeones defensores. Ellos habían ganado su división y se encaminaban rumbo a los playoffs. Una de las estrellas más grandes del siglo en Pittsburgh estaba por hacer algo que apenas otros 10 jugadores habían podido lograr en la historia. Y el estadio Three Rivers estaba un 80 porciento vacío. Me pregunto cuantos residentes de Pittsburgh dicen hoy en día que presenciaron el hit número 3000 de Clemente.

Cuando mi papá llegó a su casillero, él le pidió a Roberto el bate que utilizó para conseguir el hit. Clemente le dio su Louisville Slugger – el modelo U1 con un "21" inscrito en la base con una lapicera. Papá lo empacó y lo mandó al Salón de la Fama en Cooperstown.

Tres meses más tarde, casi en la misma fecha, Clemente partiría al Más Allá. Un avión que él mismo consiguió para llevar suministros que ayudarían a la gente nicaragüense devastada por el terremoto caería poco después de despegar. El número tres mil sería el último hit de su carrera.

Mi papá comenzó a trabajar en el Salón de la Fama siete años después, convirtiéndose eventualmente en vicepresidente. Ese bate, uno de los artefactos más populares del museo, estaba en una vitrina muy cerca de su oficina. Probablemente lo habrá visto todos los días. No había ningún otro artefacto en todo el museo que haya sido más significativo, más personal para mi padre que aquel bate que Roberto Clemente utilizó para conseguir su hit número 3000.


Mi papá tiene un montón de bates viejos que le fueron otorgados por jugadores con los que trabajó a través de los años. Él tiene bates de Mickey Mantle cuando jugaba con los Yankees, y bates de Willie Stargell y Dave Parker cuando ellos jugaban con los Piratas. El que siempre fue mi favorito fue el modelo Adirondack con R CLEMENTE escrito en modestas letras de molde en vez de su firma habitual calcada en el barril del bate. Roberto había escrito un pequeño "37" en la parte más baja del bate con una lapicera, probablemente para describir lo que pesaba: 37 onzas. El bate también tenía varias raspaduras alrededor del medio donde alguien había sacado la raya que era típica de todos los bates marca Adirondack. El ex gerente general de los Piratas Joe Brown le había dado ese bate a mi papá muchos años después de que Roberto murió. Ese bate colgó de mi pared durante gran parte de mi infancia como parte de una colección de alrededor de una docena de otros bates utilizados en juegos de las Grandes Ligas.

Mi papá había estado trabajando en el Salón de la Fama por más de una década cuando Tony Bartirome, un viejo amigo suyo que solía ser jugador de los Piratas y ahora es su preparador físico, llegó a visitarlo en Cooperstown en 1993. Tony y su esposa fueron a cenar con mis papás y luego regresaron a mi casa a charlar. La única manera de llegar al salón del primer piso era pasando por mi vieja habitación, y al pasar por ahí Tony vio ese Adirondack de Clemente colgando de la pared.

Tony llevó ese bate al living y le preguntó a Papá: "¿De donde sacaste este bate?", y mi papá le respondió que Joe Brown se lo regaló a fines de los años 70. "Bill" Tony dijo, 'Este es el bate que Roberto usó para conseguir su hit número tres mil".

Mi padre estaba confundido por esto. "Eso es imposible", él le respondió a Tony. "El día que él consiguió su hit número 3000 yo fui al vestuario y el mismo Roberto me dio el bate que utilizó. Yo lo mandé al Salón de la Fama. Camino por su vitrina todos los días".

"Bueno," Tony dijo. "Tengo una historia para contarte".

Y para cuando la historia terminó, la cabeza de mi papá debe haber estado dando vueltas.

La verdad, estoy bastante seguro de que él creía que Tony le estaba haciendo una broma. Tanto Tony como mi papá eran conocidos como bromistas desde hace mucho tiempo, y las bromas preferidas de mi papá eran las más largas y engañosas, aquellas que te permiten convencer a alguien sobre algo que altera su realidad de alguna pequeña manera.

Desde esa perspectiva, su historia hubiese sido espectacular, como le gustaba decir a Papá. Como un vicepresidente del Salón de la Fama del Béisbol, él ahora era uno de sus guardianes. Si era verdad que mi papa tenía el bate de verdad en su casa desde un principio, eso sería un tremendo escándalo en el mundo de los coleccionistas. La reputación de mi padre, aquella que lo pintaba como un hombre justo y honesto establecida durante más de tres décadas en el béisbol, estaría manchada para siempre.

Así que Papá intentó que Tony admita que lo que él le había dicho era una broma.

El sacó su máquina de escribir y redactó una declaración para que Tony la firme.

  • Este Adirondack, modelo Roberto Clemente, es el bate utilizado para conseguir su hit número 3000 en 1972. Él tenía una preferencia por este bate Adirondack, pero ya que estaba bajo contrato con Louisville Slugger, él me pidió que le sacara la insignia negra en el barril raspándola, lo que sería la característica prevalente de este bate Adirondack. Yo lo hice con un bisturí y él utilizó a ese bate para su hit número 3000. Su ultimo hit.

    Tony Bartirome, 13 de Agosto de 1993.

Él lo firmó nomás. Tony estaba absolutamente seguro de la historia.

Mi papa llevó a esa declaración al trabajo al otro día y les informó al respecto a los encargados del Salón de la Fama. Papá nunca me dijo exactamente lo que hicieron al escucharlo, pero sé que lo miraron y aparentemente pensaron que no había manera de que esa historia sea verdad.

Sin lugar a duda eso era un gran alivio para mi padre. Pero también sé que a él le encantaba esa historia. Él me la contó varias veces. Él siempre decía "¿No sería peculiar si fuese verdad?", y luego se reiría. Era una gran historia. Si él no fuese uno de los personajes del cuento, le hubiese gustado que fuese real.

Sin embargo, lo que terminó sucediendo es que mi papa no conocía la historia entera detrás de ese bate de Clemente en mi vieja habitación. Tony Bartirome tampoco la sabía después de todo. Es una historia sobre memoria. Una historia sobre el azar. Una historia sobre historias. Es una historia sobre la base más pura del deporte y sus objetos más memorables.


Yo fui a una cena en honor a Roberto dos años después de su muerte. Varios honraron su memoria con discursos, recordando sus logros durante sus 18 años como jugador de los Piratas.

Luego Dan Galbreath, el presidente de los Piratas, se paró. "Me gustaría compartir esto con ustedes", él dijo, "es una carta que recibí de parte de Roberto varias semanas antes de su muerte".

Era una carta de dos páginas y el Sr. Galbreath leyó partes de ella: "Gracias por darme el privilegio de jugar para los Piratas. No pude pedir mejores compañeros y los simpatizantes de los Piratas son los mejores del béisbol. Todos han sido tan generosos con Vera y los niños. Cuando usted crea que ya no puedo contribuir al éxito del equipo, me retiraré. Le agradezco tanto a usted como a los Piratas como organización por ser tan buenos conmigo y con mi familia".

La última oración de la carta decía lo siguiente: "Le prometo que jamás jugaré para cualquier otro equipo".


El año pasado, después de que mi papá se mudó a un asilo para pacientes que sufren de demencia, mi hermana Ann y yo empezamos a revisar sus papeles. Él tenía muchos papeles. Cajones llenos de ellos. Algunos eran apuntes suyos, historias de su vida que él había anotado para nosotros. Había artículos que le parecían interesantes. Un archivo de cada pez al que había atrapado entre 1980 y 1995, completo con condiciones climáticas, el tipo de carnada y la sección del Lago Otsego donde los pescó. También encontramos algunos artefactos como la declaración que él le hizo firmar a Tony Bartirome.

También había un papel relacionado a ello, pero nunca lo había visto antes. Era un memorándum de mi papá para Peter Clark, el encargado de registrar todas las exhibiciones en el Salón de la Fama del Béisbol.

Aparentemente mi papa lo escribió para responder a un cuestionamiento por la autenticidad del bate de Clemente -- el Louisville Slugger -- exhibido en el Salón. Al ser la persona que adquirió el artefacto, mi padre describió como recibió al bate de parte del mismo Clemente aquel 30 de septiembre de 1972. Él también repitió la declaración de Tony Bartirome, la que dice que el bate Adirondack en posesión de mi papá es el verdadero bate del hit número 3000. Pero, por supuesto, mi padre y otros habían averiguado al respecto y decidieron que no era verdad. Papá escribió:

Hasta donde a mi me concierne, el bate que Clemente me entregó el 30 de septiembre de 1972 era, en verdad, el bate que yo le pedí -- el que utilizó para su hit número 3000.

Este memorándum era una respuesta a una queja hecha por un hombre llamado Les Banos, quien había dicho que Clemente le había dado su bate de verdad, el que utilizó para conseguir su hit número 3000 aquel día en 1972. El nombre me hizo saltar de mi silla. Yo lo conozco a Les Banos. O al menos lo solía conocer.

Les Banos era el fotógrafo de los Piratas en la década del 70. Él era amigo de mi papá y también era un muy buen amigo de Roberto. Espera un momento Yo pensé. ¿Hay otra historia más sobre el bate del hit número 3000 de Clemente? ¿Y Les Banos dice que lo tiene?

40 años han ido y venido, y yo sabía que tenía que llegar a la raíz de esta historia de una vez por todas. Quería descubrir el verdadero viaje del bate Adirondack de Roberto desde sus manos a la habitación de mi infancia.

Desafortunadamente, mi padre ya no podía responder mis preguntas. Y yo no estaba seguro de que él tuviera todas las respuestas de todos modos.

Así que llamé a un buen amigo mio de la secundaria que ahora trabaja para el Salón de la Fama del Béisbol y le pregunté si tenía una buena foto de Clemente en el plato justo antes de su hit número 3000. La tuve en mi laptop 15 minutos después.

Podía ver a la pelota, baja y en la parte de afuera del plato, a punto de cruzarlo. Pude ver al extenso swing famoso de Clemente mientras él se esforzaba para alcanzarla. La marca del bate era fácilmente identificable. Podía ver el ovalo complete y una inscripción diagonal -- POWERIZED -- arriba de él. Un Louisville Slugger, no un Adirondack.

Lo próximo que hice fue llamar a Tony Bartirome.

Tony está jubilado y ahora vive en la Florida, cerca del complejo de pretemporada primaveral de los Piratas. Él va a ver las prácticas pero nunca los partidos.

Él me preguntó sobre mi papá. "Todos amaban a tu papá", "Los jugadores, los periodistas deportivos, los que trabajaban con el equipo. Todos".

Hablamos un rato y nos pusimos nostálgicos hasta que finalmente le pregunté sobre el bate. Creo que esperaba que me diga algo lleno de aclaraciones. Creo que. O Estoy bastante seguro. Lo que me parecía. Quizás hasta esperaba que me diga que fue una broma pesada después de todo, una de esas a las que mi papá le gustaban tanto.

Sin embargo, su historia fue absolutamente convincente.

Tal y como él le había explicado a mi papá, Clemente se le acercó a Tony durante las primeras entradas del partido contra los Mets el 30 de septiembre de 1972 y les dijo tanto a él como a John Hallahan, el utilero mejor conocido como Hully (JU-li) que su bate habitual, el Louisville Slugger (modelo U1), no se sentía bien. Roberto quería acabar con la historia, quería descansar antes de los playoffs, y él no estaba seguro de que su Louisville Slugger tenía destino de hit número 3000 en él. Él quería cambiar de bates.

Esto no era inusual, y cuando sucedía, por alguna razón el bate marca Louisville Slugger no se sentía bien, y Roberto generalmente lo cambiaba por un bate Adirondack. Esto era un pequeño problema porque Clemente estaba contractualmente obligado a utilizar Louisville Sluggers exclusivamente. Sin embargo, la compañía matriz llamada Hillerich & Bradsby entendía que había veces en las que uno de sus jugadores prefería utilizar otro bate.

Ganar siempre era la prioridad, y cambiar bates por un partido no era la gran cosa.

En este día, sin embargo, con Clemente teniendo 2999 hits, esto era un gran problema. Si él conseguía su hit número 3000, él sería televisado en todos los noticieros del país y su foto estaría en las fotos de todos los diarios.

Había un rumor que rondaba por ahí y decía que Hillerich & Bradsby le habían ofrecido a Clemente tres mil dólares en monedas de oro si permanecía con su bate de costumbre. Sin embargo, según Tony, Clemente estaba convencido de que su mejor oportunidad de conseguir ese hit tan preciado era con un bate Adirondack. Coincidentalmente, Roberto había recibido una entrega de un Adirondack modelo 129X – muy similar al modelo U1 de Louisville Slugger que él prefería. Como Clemente no tenía ninguna relación oficial con Adirondack, el barril del bate no llevaba su firma, simplemente el nombre R CLEMENTE en letras mayúsculas.

La otra diferencia, por supuesto, era la banda del medio, la que sería visible para cualquiera en las gradas o viendo el partido por televisión. Así que Roberto le pidió a Tony que hiciera algo al respecto.

Tony tenía un bisturí en su bolsillo que él utilizaba para cortar cinta atlética. Él la sacó de su bolsillo y comenzó a remover la banda. En algún momento Tony fue llamado para atender a un jugador con una contractura en el muslo o algo por el estilo, así que Tony le dio el bisturí al lanzador de los Piratas Bob Moose y le pidió que terminara de hacerlo por él.

Después de que Roberto consiguió su hit en la cuarta entrada, Tony puso en marcha a su plan para esconder el bate.

Mientras se encontraba con el chico a cargo de los bates rumbo al dugout, Tony estaba completamente concentrado en el Adirondack que el chico tenía en sus manos. "Necesito que me des esto," él dijo, y luego El corrió hasta el vestuario y lo escondió en un casillero.

Más tarde esa misma noche, después de que los periodistas y la mayoría de los jugadores se habían ido, Al otro día, Tony le dio el bate a Roberto. "Tu deberías tener esto," dijo Tony.

"No lo quiero" Roberto le respondió. "Quédatelo."

Tony dijo que no sabía que hacer con él, que Roberto no lo aceptaría, así que Tony lo volvió a poner bajo llave. Así permaneció, según Tony, por cuatro años hasta que se lo dio a Joe Brown como regalo por su retiro. Él le contó la historia a Joe, pero dijo que no cree que Joe le haya creído.

Es verdad. Joe nunca mencionó la historia que vino junto al bate cuando se lo dio a mi papá.

Tony no lo volvió a ver por 20 años, cuando se lo encontró en mi vieja habitación.

"Pero ese no puede ser el bate que él utilizó", le dije a Tony cuando terminó de contarme. "Estoy viendo a una foto de su hit número 3000 que me dieron desde el Salón de la Fama. Es claramente un Louisville Slugger en sus manos, no un Adirondack".

"No me importa", Tony respondió. "Recuerdo todo sobre ese día".

Y yo le creí. Estaba convencido que él me decía la verdad sobre lo que él vio. Ya no creía que esta historia era una broma. Pero estaba casi seguro que estaba viendo a la misma foto que mi papá y los otros estaban viendo allá por 1993. ¿Sería posible que Tony estaba en lo cierto y que la foto estaba equivocada? ¿Podría esta ser la foto de un bate distinto?

Me fijé en el nombre del fotógrafo, aunque estaba bastante seguro de que ya sabía quién era.

Les Banos.

Intenté pensar críticamente al respecto. Les pensaba que él, y no el Salón de la Fama, tenía el bate que Roberto usó en una de las fotos más célebres que Les jamás tomó. Según el memorándum de mi papá, Les decía que Roberto le dio el bate al hijo de Les. ¿Por cuál razón Clemente le diría a dos personas distintas -- mi papá y Les -- que les estaba dando el mismo bate?

Necesitaba hablar con Les, pero no lo veía desde que yo estaba en quinto grado. Ahora él ya debía tener unos 80 años.

Yo busqué su nombre por Google y uno de los primeros resultados que encontré fue el obituario de Les en el diario Pittsburgh Post-Gazette. Según la cronología del sitio web, el artículo había sido publicado hace siete horas. Les había pasado a mejor vida apenas cinco días antes.


Próximo en la lista: Tom Briercheck, El cargabates de los Piratas desde 1972 a 1976. Tom confirmó cada parte de la historia de Tony sobre el día del último hit de Clemente. Él vio a Tony raspando al bate para borrar la banda del bate en el dugout. Él recuerda a Tony arrebatando al Adirondack de sus manos tras el hit. Yo le digo que puedo ver a la etiqueta de Louisville Slugger en la foto, pero Tom estaba tan seguro que él se preguntaba si la foto no habrá sido de otro turno al bate en realidad. Yo le respondí que había encontrado una segunda foto del swing, tomada desde un ángulo un poco diferente y por otro fotógrafo, y todo coincidía -- los detalles de fondo, los simpatizantes en las gradas. Y el Louisville Slugger en las manos de Roberto.

"No lo sé", dijo Tom. "He estado diciéndole a la gente por 40 años que Clemente utilicé un bate Adirondack para su hit número 3000. Hasta se lo dije al tipo a cargo del Museo Clemente aquí en Pittsburgh, y él me dijo que yo estaba loco."

Yo procedo a buscar el número de teléfono del museo y llamé a Duane Rieder, el fotógrafo profesional que fundó el lugar. Duane reconoce mi apellido y atiende de inmediato. Hablamos sobre Les Banos, quien había sido buen amigo de Duane. Comencé a contarle la historia del bate de mi papá, pero él ya la había escuchado.

"¿Quieres decir el bate de Bartirome?"

Quedé atónito. Yo ni siquiera había mencionado el nombre de Tony.

"¿De verdad lo tienes?" Duane suena como que no me cree.

"Mis padres lo tienen", yo respondí.

"No hay manera", dice él. Creo que Duane creía que la historia era alguna especie de mito. "Tu sabes que ese no fue el bate con el cual Roberto obtuvo el hit".

"Lo sé", yo dije. "Pero estoy tratando de averiguar lo que sucedió realmente ese día. ¿Cómo pudieron Tony y Tom estar tan seguros de algo que no puede ser verdad? ¿Porqué Les Banos pensó que él terminó en posesión del bate verdadero?" Yo le pregunté a Duane si el tiene más fotos de Clemente preparándose para batear o en el dugout, O si el sabe donde podría encontrar más material de archivo de noticieros que mostraron un resumen del juego o la transmisión del juego en sí.

"Yo tengo algo todavía mejor que eso", dice Duane.

Luego el procede a contarme otra historia difícil de creer.

Hace unos años un admirador de Clemente llamado Lou Schmitt entró al museo con varias películas domésticas marca Super 8 home que no habían sido vistas por nadie en 35 años. El necesitaba ayuda para transferirlas a un DVD. Y la historia sobre como hizo el film era tan increíble como el material en sí.

El teléfono se sacudía en mi mano al escuchar a Duane contarla. Yo estaba deseando por algo, por algo muy específico, por algo que no existía, que no podía existir, y ahora Duane me estaba diciendo que en verdad existía y que el lo tenía

"¿Cómo puedo ver a este material, Duane?" Le pregunté.

"¿Cuando puedes venir a Pittsburgh?", me dice él .

Me ocupé de llamar a Lou Schmitt antes de subirme al avión. Schmitt se había jubilado en Dallas hace unos años tras una exitosa carrera como consultor de negocios. "No sé si todavía tendría el atrevimiento hoy en día de hacer lo que hice esa tarde", él me dice. "Pero me encantaba ver a Clemente. Me encantaba ver cualquier cosa que el hacía."


Lou tenía 27 años y ya era padre viviendo al norte de al este de Pittsburgh, y él también era un inmenso admirador de Clemente. Él estaba viendo el juego desde las gradas del jardín derecho aquel viernes por la noche cuando Roberto tuvo al hit 3000 arrebatado por el estadista oficial. Al otro día él estaba seguro de que las entradas estarían agotadas, pero también sabía que debía estar ahí.

Así que él comenzó a formular un plan que le pondría a la historia al alcance de la mano.

Él vistió a sus dos hijos, Dan y Boomer, con uniformes de los Pirates que llevaban el número 8 de Willie Stargell y el 21 de Clemente en sus espaldas. Luego él, sus hijos y su esposa Carol manejaron hasta el Estadio Three Rivers temprano por la mañana y caminaron hacia la puerta de entrada de los jugadores. Lou se había vestido formal, con un traje, y llevaba consigo una cámara Panasonic Super 8 junto a un trípode. Él le dijo al guardia que sus hijos habían ganado un concurso para ser cargabates honorarios por ese día.

El guardia respondió que no sabía nada al respecto. Lou, por supuesto, había anticipado esta reacción del guardia, ya que él se había inventado todo. Hasta había preparado una respuesta. Él abrió el anuario de los Piratas antes de irse de casa, se fijó en la página de los empleados y se fijó en el nombre del ejecutivo de los Pirates a cargo de las relaciones públicas.

"Bill Guilfoile nos invitó" Lou le dijo al guardia.

En ese caso, el guardia dijo, no debería haber problema. "Bill probablemente está almorzando arriba en el Allegheny Club ahora mismo. Lo voy a llamar y vamos a solucionar esto."

Cuando el guardia se comunicó con mi padre por teléfono, mi papá dijo que tampoco tenía ninguna pista al respecto. Ahora Lou pensaba que su plan se iba a caer a pedazos.

"Déjame hablar con él", dijo Lou, y el guardia le entregó el teléfono.

Lou prácticamente le confesó todo el plan a mi papá. Pero él intentó convencerlo de la mejor manera que pudo. Él dijo "Sr. Guilfoile, mi nombre es Lou Schmitt y mis hijos están aquí conmigo, y yo soy un gran admirador de Roberto y me encantaría poder compartir este día con ellos. Si usted nos podría invitar al diamante por unos minutos antes del juego, se lo agradecería mucho."

Mi padre dijo que no podía facilitarle esa oportunidad. Había mucha gente que quería estar dentro del estadio ese día, incluyendo a personas VIP y dignatarios varios.
¨Pero te voy a decir algo¨, mi papá le dijo a Lou. ¨Llámame en la primavera. Vamos a arreglar para que tus hijos sean cargabates honorarios en un juego de la próxima temporada. Podrán ingresar al diamante y conocer a Roberto y a los otros jugadores el año que viene."

Lou pensó que esa era una oferta generosa, pero también sabía que él necesitaba entrar a ese estadio hoy, no la próxima primavera. Él no podía rendirse. No podía irse a casa.

Pero el sabía lo que sí podía hacer.

Él se acercó al teléfono y dijo, "Sr. Guilfoile, ¡muchas gracias! ¡No puedo expresarle cuanto se lo agradecemos mis hijos y yo!"

Y luego colgó.

"¿Qué te dijo Bill?" Preguntó el guardia.

Lou sonrió. "¡Él dijo que podemos entrar!"


Roberto organizó una cena en Puerto Rico poco después de la temporada de 1972 para homenajear al relator de los Pirates, Bob Prince. Esa era la manera de Clemente de demostrar su aprecio por todas las cosas buenas que Bob hizo por él a través de los años. Mi esposa y yo también fuimos invitados por Roberto al igual que Bernadette y Nellie King (el comentarista del equipo y compañero de Bob. Roberto expresó su gratitud a Bob durante la cena y le dijo que tenía un regalo muy especial para él. Él procedió a presentarle a Prince un tesoro que solamente Clemente podría dar: El bate plateado que le otorgaron por ganar el título de bateo en 1961. Ese fue un gesto verdaderamente magnánimo y uno que dejó a Bob Prince sin palabras por primera vez en su vida.

"Perdón por el olor. Las uvas llegaron este fin de semana y estamos aplastándolas abajo".

Estoy en él Museo Clemente, en un barrio llamado Lawrenceville de Pittsburgh. Es un lugar maravilloso, un lugar que solía ser una estación de bomberos donde una vez Lou Gehrig se quedó a dormir mientras visitaba a un amigo suyo que era bombero, con un estudio para fotógrafos incluído y lugar para eventos en el piso más alto. También había un museo dedicado a Roberto en el primero y segundo piso, y, aunque no lo crean, un viñedo repleto en el sótano.

Duane fundó el museo hace muchos años. Él había estado trabajando en un calendario para los Piratas y viajó a San Juan para tomar fotos de la casa de Vera Clemente. Con el paso del tiempo, Vera y Duane se pusieron de acuerdo en que muchas de estas cosas, no solo las fotos y los contratos, sino que los uniformes y los Guantes de Oro y anillos de la Serie Mundial también deberían ser exhibidos en Pittsburgh, donde los fans más fieles de Clemente podrían verlos.

El primer amor de Duane fue la fotografía, y el museo tiene docenas de fotografías impresionantes de Clemente, además de archivos inmensos de negativos -- muchos de ellas donadas provistos por Les Banos.

Pero yo vine aquí para ver la película de Lou Schmitt. Y la historia de esa película me lleva de regreso, nuevamente, al 30 de septiembre de 1972.

Después de que Lou colgó el teléfono tras conversar con mi papa, el guardia llevó a la familia directo al dugout y los dejó a solas con su camara Super 8. Lou comenzó a filmar. Y mientras veo su película en una pantalla grande, la verdad que me empezaron a dar escalofríos.

Las gradas detrás del plato se empiezan a llenar. Vemos a Bob Prince hablando con uno de los ayudantes del cuerpo técnico de los Piratas por el lente de Lou. Vemos al gran Bill Mazeroski, futuro integrante del Salón de la Fama que estaba por retirarse, caminando sin ningún rumbo en particular con una placa en sus manos. Dan y Boomer Schmitt están viendo todo a la distancia. Les Banos aparece con su chaqueta amarilla y negra de los Piratas, cámara en mano. Dos niños jóvenes también estaban allí, con la camiseta puesta -- probablemente hayan sido los cargabates reales ese día.

De repente aparece Clemente, posando para fotos y recibiendo sus propias placas y elogios. Primero Carol Schmitt mantuvo a sus hijos fuera del camino, pero Roberto no tardó en encontrarlos. Él le da un dedo a cada uno como si fuese a darles la mano y luego se arrodilló para firmar sus guantes con una lapicera. Él podría haberse ido en ese momento, pero no lo hace. Él se acerca para hablar con ambos. Los niños eran tímidos. Él puso sus brazos alrededor de sus hombros. Les hacía preguntas. Se reía con sus respuestas.

Carol miraba furtivamente a Lou. ¿Puedes creerlo? ¿Lo estás filmando?

Nos adelantamos a la primera entrada. Lou ahora está en la sección de fotógrafos, al lado del dugout de los Piratás. Increíblemente, nadie le pidió que se vaya todavía. Roberto está preparándose para batear, con el cargabates adolescente Tom Briercheck parándose detrás de él. El juego ha comenzado pero Schmitt solo estaba interesado en Clemente.

Roberto tiene a dos bates junto a él. Uno no puede distinguir las etiquetas pero una de ellas claramente posee la insignia de Adirondack en el medio. Cuando es su turno, él deja que el Adirondack caiga a sus pies y toma al Louisville Slugger para batear.

El público es escaso en las tribunas más altas pero las de cerca del plato están repletas. Los simpatizantes reciben a Roberto con una ovación de pie. Él hace un swing relajado antes de batear.

Ya listo, Clemente toma dos bolas y un strike, luego él intenta conectar el cuarto lanzamiento de Matlock, pero sin éxito. Él intenta evitar el tercer strike, pero no tuvo oportunidad alguna -- su cuerpo gira 270 grados más allá de la pelota. Mientras los Mets vuelven a ingresar al diamante, Clemente deja caer tanto a su casco como a su Louisville Slugger en el plato.

Caminando de regreso al dugout, Roberto se ve exactamente como un tipo que no ha dormido en toda la noche.

Sé por mis conversaciones con Lou Schmitt que tras la tercera entrada Les Banos le pide a Lou su credencial de prensa, y cuando él no puede mostrarlas, Les le dice que abandone el estadio. Lou entra en pánico. Él ha llegado hasta aquí. Roberto va a batear primero en la cuarta entrada, y él no puede perderse el hit.

En ese momento un camarógrafo de la estación WTAE, la afiliada de ABC en Pittsburgh, abandona la zona de los fotógrafos y se dirige a las gradas detrás de primera base. Lou lo sigue y encuentra un asiento vacío.

Cuando Lou vuelve a encender la cámara, él está filmando desde un punto de vista un poco más alto, desde arriba del dugout. Clemente va a batear primero en el cuarto inning. Roberto tiene dos bates en sus manos, pero luego para y vuelve al dugout. Cuando vuelve a aparecer él tiene a tres bates en su poder. Ninguno de ellos tiene una banda. Él se le acerca a Stargell, quién va a batear después que él, y le pregunta algo a Willie.

Stargell agarra cada uno de los bates uno a la vez y los meneaba, intentando sentirlos. Luego él le entrega uno de ellos a Clemente. Es algo dudoso, pero creo que Stargell finalmente eligió al tercero, el que Roberto fue a buscar al dugout para recoger a último minuto. Clemente deja que los otros dos bates caigan al piso y encara derecho al plato. Dos lanzamientos después, él está rondando primera base rumbo a los 3000 hits.

Yo reviso a ese preciso momento como si fuese el video de Zapruder. Había pasado más o menos una hora cuando Duane me pregunta si ya lo deduje. Yo le digo que creo que sí.

Clemente sale a jugar en la primera entrada con su Louisville Slugger original y con la Adirondack de mi papá. Él poncha con el Louisville Slugger.

No lo vemos en el video, pero podemos asumir que en algún momento de la parte baja de la segunda entrada, después de que los Piratas volvieron del diamante, cuando Roberto le pide a Tony que haga desaparecer a la etiqueta del Adirondack porque quiere utilizar ese bate en su próximo turno. En el cuarto inning él sale con el Louisville Slugger y el Adirondack raspado, y luego vuelve a buscar un segundo Louisville Slugger.

Revisé con Hillerich & Bradsby y descubrí que Clemente ordenó tres bates de diferente peso ese año -- su preferido de 36 onzas, además de varios 37 y 38. Mi estimación es que Roberto salió a prepararse en la cuarta entrada con un bate de cada peso: Él tenía el Louisville Slugger de 36 onzas con el que ponchó, el Adirondack de 37 onzas sin la etiqueta, y el Louisville Slugger de 38 onzas que había agarrado a último momento. Yo sospecho que Stargell eligió el de 38.

Así que Clemente deja caer al Adirondack y a uno de los Louisville Sluggers en el círculo de espera y Tom Briercheck los agarra mientras Clemente batea. Tom se aferra a ellos, tal y como es su costumbre, por si Roberto rompe su bate y necesita otro rápidamente. Después de que Clemente consigue el hit, Tom corre hacia el plato y agarra al Louisville Slugger utilizado por Roberto. Luego él encara hacia el dugout con ambos todos los bates en sus manos.

Mientras tanto Tony Bartirome, quien nunca vio la interacción entre Clemente y Stargell, asume que Roberto utilizó el Adirondack tal y como había dicho que lo haría. Tony le saca el bate a Briercheck y lo esconde. Eso sucedió exactamente igual a como Tony lo describió. Él solamente no tenía una parte de la información. Tras consultar con Stargell, Roberto cambió de opinion a último momento. Él utilizó un bate distinto. Un Louisville Slugger.

Yo llamo a Tom Briercheck y le pregunté si mi teoría era plausible. ¨Yo siempre pensé que él usó el Adirondack", dijo Tom. "Pero si estás seguro por las fotos que él usó un Louisville Slugger, entonces eso seguramente fue exactamente lo que sucedió".

40 años después del hit número 3000 de Roberto, y 20 años después de que Tony Bartirome le contó esa historia tan convincente como imposible, el misterio finalmente estaba resuelto.

Yo voy a ver al video de Schmitt una última vez con Duane. "Así que después del juego, mi papá baja al vestuario, le pide el bate a Roberto, y él le da el Louisville Slugger con el que obtuvo el hit".

"No," Duane respondió.

"¿Qué quieres decir?" Yo respondo.,/p>

El me dice que "El Salón de la Fama definitivamente tiene al bate equivocado".

Yo le pregunto a Duane de que me está hablando.

"Mira el final del video", él me responde.

Duane y yo vemos el resto del video juntos. Clemente sale del juego poco después de su hit y se retiró rumbo al vestuario para festejar junto a su círculo initimo de amigos. Increíblemente, Lou y su camara lo siguen derecho al santuario que es el vestuario de los Piratas.

Uno nunca, pero nunca podría haber hecho algo como eso hoy en día. Lou Schmitt tiene más pelotas que un lanzador de práctica de bateo.

Ver a este video es como ver dentro de una bola de cristal. No deberíamos poder ver esta escena de hace tanto tiempo, pero aun así sí podemos. Vera baja a verlo y Roberto la saluda con ternura en la puerta del vestuario. Vemos a Les Banos tomando fotos nuevamente además de a algunos de los amigos de Clemente. Uno de ellos parece ser José Santiago, un ex lanzador en las Grandes Ligas que también es puertorriqueño. Él llevaba un bate en sus manos.

Duane saca una foto de su carpeta de archivos, una foto que Les sacó al mismo tiempo que Lou Schmitt estaba en el vestuario grabando todo con su Super 8. Clemente sigue con el uniforme puesto. Santiago sigue vistiendo el mismo traje que en la película casera. Ellos están agarrando un bate juntos, aparentemente presentándolo al lente como el bate con el que consiguió su hit número 3000.

"El bate que está en el Salón de la Fama es mucho más limpio que este bate. No tiene tantas marcas".

Yo había visto el bate del Salón de la Fama miles de veces cuando era niño. También había visto una foto de él recientemente. Ese bate está bastante limpio, y el bate de la foto parece haber sido usado en varios juegos. El mango parece tener más de alquitrán de pino que el del salón. Pero esta foto de Clemente y Santiago fue tomada hace casi 40 años en un vestuario sin mucha luz. ¿Podía decir con certeza que esta foto del bate era diferente a la del bate en el Salón de la Fama? Duane parece estar seguro, pero yo no lo estoy.

"Si el bate de verdad no está en el Salón, ¿dónde está?" le pregunto.

Duane dice que no está seguro. Banos dice que Clemente le regaló el bate al hijo de Les, pero Duane no cree que Les jamás lo tuvo tampoco. Él me cuenta sobre el rumor de una familia en el este de la ciudad que dice tenerlo. Ellos eran muy íntimos con los Clemente y dicen que Roberto les dio el bate de verdad ese día.

"Espera", Yo digo. "¿Así que es posible que Roberto le dijo a al menos tres personas distintas, incluyendo a mi papá, que él les estaba dando el bate con el que consiguió su hit número 3000?"

"Así parece¨ , dijo Duane.


De vuelta a mi casa en Chicago al otro día, llamé a Ted Spencer en Cooperstown. Ted ya está retirado, pero él fue curador del Salón de la Fama por 27 años y era buen amigo de mi padre. Él conoce al bate de Clemente en el Salón de la Fama mejor que nadie. Yo le cuento sobre lo que ví en Pittsburgh. Le cuento sobre el trío de posibles bates que produjeron aquel hit número 3000 que podrían estar por ahí.

Ted no suena sorprendido.

"Cada bate en el Salón de la Fama tiene una historia parecida¨, él me dice. ¨¿Sabes cuantos policías de Boston dicen que Ted Williams les dio su bate con el que consiguió su jonrón número 500?¨. Ted me explica que en ese entonces que las reliquias, los objetos con valor histórico, no eran un negocio en ese entonces como lo son hoy en día. Los jugadores frecuentemente le dirían a sus amigos -- a veces a varios de ellos -- que les daban tal bate o tal bola como regalo especial. Los hacía felices. Para Ted Williams, tener a un montón de policías que le debían un favor seguramente era más valioso que cualquier bate viejo.

Una de las grandes virtudes del bate de Clemente en el salón, según Ted, es que su procedencia es sólida como una roca. Clemente se la dio a mi papá específicamente con el propósito de mandarla al Salón de la Fama del Béisbol. Mi padre era un hombre de confianza para Clemente, y él se lo dio para que fuese preservado para la posteridad. "Nadie que conozca a tu padre cuestionaría su integridad¨, dijo Ted.

Yo le pregunto sobre la foto que Clemente se sacó con José Santiago. Personalmente no puedo estar seguro, pero puedo ver como alguien, alguien como Duane Rieder, podría llegar a ver esa foto y decir que ese bate es más sucio que el del Salón.

Ted me da el ejemplo de la foto icónica de Bobby Thomson besando a su bate en el vestuario después del cuadrangular que le permitió a los Gigantes de Nueva York ser campeones de la Liga Nacional en 1951. ¨El bate en manos de Thomson no es el bate de verdad¨, dijo Ted. Tanto Bobby Thomson como el lanzador de los Giants Hal Schumacher confirmaron que el bate de verdad no estaba cerca cuando el fotógrafo estaba listo para sacar la foto. Ellos agarraron a cualquier bate viejo, porque era lo más conveniente. Pero todos los que vieron la foto alrededor del mundo entero asumieron que ese fue el bate que lanzó El Batazo Que Se Escuchó Alrededor Del Mundo.

Cuando se trata de objetos valiosos del pasado, el lugar de donde provienen lo es todo. De alguna manera, el bate del hit número 3000 no se convirtió en tal cuando Clemente consiguió ese doble. Se convirtió en tal cuando Roberto se lo dio al Salón de la Fama y dijo ¨Este es el bate con el que lo hice¨.

El bate no es lo único valioso. Es un bate como cualquier otro después de todo. Es la historia lo que en verdad vale. Y el mismo Clemente fue el que le puso su sello a su historia con ese Louisville Slugger en el Salón de la Fama.

Sea o no sea el bate que utilicé para conseguir ese hit, Roberto hechizó a ese bate cuando se lo dio a mi papá. Tomaría más que una foto vieja para quebrar esa magia.


Estoy viendo al video de Schmitt nuevamente. Pero ya no estoy interesado en una disección a fondo de los movimientos de Roberto en el círculo de espera. Ahora estoy viendo a Roberto antes del juego hablando con Dan y Boomer, los hijos de Lou Schmitt.

Este era uno de los días más significativos y estresantes de la vida de Roberto. Él tenía que saber que sería recordado por ese hit número 3000 tanto como por cualquier otra cosa que haya logrado en su carrera. Sabemos que no había dormido la noche anterior.

Sin embargo, aquí estaba él, minutos antes del juego, riéndose junto a los hijos de un extraño, un par de niños que ni siquiera debieron haber estado allí. Y él les está dando mucho más tiempo del necesario solo para que ellos estén contentos. Pudo haberse ido después de saludar y firmar sus guantes y ese hubiese sido uno de los mejores días de la vida de esos dos chicos. Pero él no se va. Él no aparenta tener prisa alguna por irse a ningún otro lado.

Cuando eres tan talentoso y famoso como Barry Bonds o Roberto Clemente, la gente va a esperar demasiado de ti. Los reclamos para ti jamás van a parar, y uno puede reaccionar a esos reclamos de diferentes maneras. Barry Bonds decidió que él jamás le daría nada a nadie, porque él sabía que si les daba aunque sea una cosa hoy, entonces ellos pedirían tres cosas mañana. Y él probablemente tenía razón sobre eso, por más equivocado que debió haber estado en el alma.

Roberto decidió hacer lo opuesto. Si le pedías una cosa, él te daba cuatro. Él se esforzó mucho para convertirse en uno de los mejores peloteros de la historia, y luego regaló los trofeos que lo validaban.

Él daba tanto como podía. Él dio más de lo que podía.

En el día de uno de sus logros más memorables, él pudo haberle dicho a tres amigos distintos que él les estaba dando el mismo bate histórico.

Él nunca dejó de dar.

Él dio hasta el día que su generosidad literalmente lo mató.


Mi papá y yo estamos sentados en el sillón de su cuarto en el asilo viendo el video de Lou Schmitt en mi laptop. Le pregunto a mi papá como Lou pudo utilizar su nombre para colarse al estadio ese día. Mi papá no recuerda su conversación telefónica con Lou ni tampoco la obvia referencia del viaje en el tiempo al mejor estilo de la película "Back to The Future" (Volver al Futuro) --o sea, que Papá tuvo un papel tan inocente como crítico en el increíble video que utilizaríamos cuatro décadas después para descubrir la verdadera historia de su bate. Pero el cree que la historia es muy graciosa.

Él derrama algunas lágrimas un par de veces viendo el video. Yo no puedo descifrar si es por nostalgia o porque sus recuerdos de ese día se convirtieron en meras sombras. ¨Había algunos jugadores muy buenos en ese equipo¨, él dice. Cuatro o cinco veces, él repite sin que nadie le diga nada ¨La pasamos bien ¿no?¨.

Yo le pregunto si él recuerda haber bajado al vestuario para recoger el bate de Roberto tras el juego. Su respuesta es afirmativa. ¨¿Habían muchos periodistas?¨ , yo le pregunto.

"No demasiados", él dice. "Algunos."

"¿Tenía Roberto al bate allí a su lado con él? ¿En su casillero?".

"No," dice Papá. "Él tuvo que pararse e ir a buscarlo, me parece¨. Él sonaba algo sorprendido aun mientras lo decía. Pero él no recuerda mucho más.

Mi hijo más jóven está sentado en una silla jugando Angry Birds con mi celular. Unas horas después de que llegamos a visitarlo, mi padre casi siempre lo empieza a llamar "Kev", confundiendo a mi hijo de cinco años por mí. Cuando esto sucede me pregunto quien piensa que soy yo. A veces Papá se vuelve muy formal, dándome la mano como si recién me estuviese conociendo y agradeciéndome por venir. Cuando sucede hoy, quizás porque hablamos por tanto tiempo sobre los Piratas, él aparentemente piensa que soy un pelotero.

"Tu eres un gran ejemplo para los otros jugadores¨, él me dice. ¨Fuiste tan bueno y tan generoso con los simpatizantes. Los otros jugadores te admiraban y seguían tu ejemplo. Eso hizo a mi trabajo más fácil. Gracias".

Le respondí que no había problema.

"Tu familia también era tan buena con todos¨, él me decía. ¨Aprecié mucho eso ¨.

Camino a casa paramos por el departamento de Mamá para buscar algunas cosas. Yo enfilo hacia la vieja oficina de mi papá y saco al Adirondack de Clemente de la pared. Es enorme --probablemente cuatro pulgadas más largo que el Louisville Slugger de Mickey Mantle que estaba a su lado.

Mamá me muestra una foto de ella junto a papá cuando él todavía estaba en la marina y ellos todavía eran novios. Ellos estaban con mi abuela enfrente del estadio de los Yankees, donde Papá iría a trabajar todos los días apenas unos años después. Me pongo a pensar en todas las cosas que han sucedido entre ese entonces y hoy en día, cuando ya no puede recordar nada. Pienso en lo inteligente que fue en escribir sus recuerdos. En dejar un camino que siempre podremos utilizar para encontrarlo.

¿Nosotros la pasamos bien, no?

Kevin Guilfoile es el autor de las novelas "Cast of Shadows" y "The Thousand." Esta historia ha sido sacada de libro de memorias, "A Drive into the Gap,".